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Aún no me puedo quedar dormida, he pensado en ti desde que me dejaste sola en la entrada del ascensor diciendo simplemente “no juegues más conmigo, se acabo”
Vi como te marchabas antes que se cerraran las puertas, no alcancé a decir nada, ni siquiera a gritar tu nombre.
Miro el reloj, el maldito instrumento dice que son las 11 de la noche. Enciendo la luz de la mesa de noche, abro el cajón y saco un cigarrillo. Lo prendo con el encendedor que está sobre nuestro retrato juntos… ¿de cuando será esa foto? ¿6 o 7 años atrás?, en ese tiempo éramos jóvenes y esa fotografía me hace recordarte aun más. Recuerdo nuestras noches juntos, nuestras mañanas, nuestras tardes… nuestra vida. Sin pensarlo dos veces me levanto de la cama, apago el cigarrillo en uno de los cuantos ceniceros que tengo esparcidos por mi cuarto. Me quito la camisa de dormir de satín… sí, esa rosa que tanto te gusta. Me pongo lo primero que encuentro, ropa interior y el mismo traje que ocupe hoy en la oficina, me calzo los zapatos de tacón negro, tomo las llaves del auto, abro la puerta de entrada y salgo al exterior.
Bajo por el mismo ascensor donde me dejaste sola, esta vez llego al subterráneo, busco mi auto entre todos los demás y al encontrarlo subo rápidamente y lo enciendo. Salgo del estacionamiento del edificio y me encamino por una de las tantas calles que llegan a tu departamento… esas que ya sé me de memoria.
Al llegar a la dirección exacta bajo la ventanilla y apago el motor, enciendo otro cigarrillo, lo fumo preocupada, ansiosa…. Al borde de las lagrimas… ¿Qué me dirás?, pero mas importante aun ¿Qué estarás dispuesto a no decir? Quito esas ideas de mi mente y cierro el vidrio, bajo del auto despacio y apago el cigarro antes de entrar al edificio. Saludo al conserje, quien preocupado me sonríe, subo al ascensor y marco tu piso, el 14, el número revolotea en mi estómago al ver que se enciende y se abren las puertas.
Salgo lentamente y miro tu puerta, apoyo mi espalda en ella, no es bueno que me veas así de ansiosa, respiro un poco, son los minutos más largos de mi vida y, finalmente, toco…. Escucho ruidos dentro y tu apareces vestido con una camisa azul oscuro y el pantalón del traje; me abres la puerta sorprendido.
“¿Qué haces aquí?” Te escucho decir
“Debemos hablar”. Las palabras salen solas de entre mis labios.
Me haces pasar y preguntas si quiero tomar algo, niego con la cabeza y respondo que está todo bien. Me haces notar que estabas apunto de comer una pizza que encargaste. Te miro al borde de un ataque de histeria. No entiendo como puedes tenerme frente a ti sin hacer nada más que pensar en un maldito pedazo de pizza.
“¿Por qué viniste?” Preguntas intrigado, no sé que mierda responder, no se que diablos hacer con mis manos para que no notes que tiemblo. Está decidido, me digo a mi misma, mientras miro tus ojos azul profundo… comienzo mi discurso:
“Todos los años que han pasado y aun me pongo así cuando estoy contigo… sé que te he hecho sufrir, que este último año hemos estado sin una relación formal... pero necesito saber, necesito escucharlo de tus labios y dímelo mirándome a los ojos”
Me miras preocupado, noto un dejo de enojo en sus ojos, respondes cansado que la separación fue dolorosa, que no verme en más de 2 meses fue duro; niego con la cabeza y te pido silencio, te digo que estoy aquí porque debemos aclarar la situación entre los dos. Ahora me miras confundido y preguntas con ironía: “¿Qué situación?”; me levanto y miro hacia el ventanal que da al balcón, esta abierto, salgo lentamente y me aferro al barandal, temblando de miedo.
Llegas a mi lado y me tomas por los hombros, tomas mi barbilla entre los dedos de tu mano izquierda y haces que te mire a los ojos. “Las cartas están sobre la mesa”, alcanzo a escuchar. Asiento y te beso.
Respondes a mi beso con una pasión inusitada, te separas un poco y me dices en un susurro “Nos sabes cuanto te extrañé”, volvemos a besarnos con una locura y un deseo contenido por largo tiempo. Te separas de pronto asustado, me miras sin mirarme, sé que tu acostumbrado autocontrol se esta haciendo presente. Te tomo fuerte el rostro y te beso, jugueteo un rato con tus labios antes de que los abras completamente para que nuestras lenguas se encuentren. “Te amo” susurro en tu oído y tú respondes que eso es todo lo que necesitabas escuchar. Tomas mí cintura con una mano y con la otra me acaricias un pecho. “Di que me amas”, alcanzo a decir antes que un gemido ahogado salga de mis labios producto del roce de tus dedos sobre mi pezón. “Estoy haciendo algo mucho más importante” susurras en mi cuello, mientras lo lames con devoción.
“Dilo” te exijo nerviosa, “no” respondes con otro beso. Te recrimino diciendo que pienso que estas más pendiente de la pizza que se enfría que de tus manos sobre mis pechos. Te separas agitado y me recriminas que como diablos estoy pensando en una maldita pizza mientras tratas de... No terminas la frase, te diste cuenta del error que casi cometías en ese juego sádico, pero a la vez excitante. Me sueltas nuevamente y yo no te dejo ir, conozco tu departamento como la palma de mi mano, te guío hasta el dormitorio, me dejas tiernamente sobre la cama y yo comienzo a desabotonar uno a uno los botones de tu camisa sin dejar de besarte. Cuando la camisa ya esta en el suelo acaricio tu pecho y veo la cicatriz de tu hombro derecho, esa que me encanta tocar y besar.
Mis manos se dirigen hasta tu pantalón y trato de abrirlo, me detienes en seco.
“Dime que me deseas” dices bruscamente, “No” digo sabiendo el juego que quieres que siga, “dime que me deseas” insistes con tus labios en mi oído y agregas casi como una orden, “dime que quieres que te haga el amor toda la noche”. Niego con la cabeza y hago un movimiento rápido para ser yo la que está sobre ti, sacas mi chaqueta con rapidez y abres mi blusa sin importarte los botones, acaricias mis pechos por sobre la tela del sostén y aprovechando mi entrega me lanzas a un lado y te pones sobre mi cuerpo. Sacas rápidamente mis pantalones, una de mis manos han logrado desabrochar los tuyos y los guían hacia tus pies, me ayudas con la labor, soltando mi cintura y mi pecho solo un segundo. De pronto siento tu erección en mi muslo y eso me inquieta más. Me sacas lo queda de ropa y me miras a los ojos, comienzas a besarme los pechos, dando pequeños mordiscos en lugares que conoces bien, bajas por mi vientre y me retuerzo entre tus brazos, los cuales acaricio sin ritmo. Llegas hasta mi entre pierna y me lames el interior de los muslos, levantas tu rostro y sonríes. “Te deseo” digo entre suspiros mientras tu lengua ataca mi clítoris, te separas nuevamente e insistes diciendo que diga lo que deseo, que diga lo que quieres escuchar, vuelves a jugar con tu lengua y alcanzo a decir rápidamente “te deseo… hazme el amor ahora… por favor”, sonríes sabiéndote ganador, tu cuerpo queda entre mis piernas y comienzas un ascenso veloz con tus labios, sin aviso alguno me penetras fuertemente, el placer es demasiado para ambos. Comienzas con un ritmo lento, lánguido que hace que de nuestras bocas salgan palabras incoherentes y frases que no alcanzamos a terminar por los gemidos que nos regalamos.
Comienzas a mecerte mas rápido, sabiendo que estoy llegando al clímax, mi interior se contrae rápidamente y siento que caes lentamente sobre mi pecho desnudo. Sonrió mirando el cielo de la habitación y pienso que los dioses han sido benévolos en hacer que por primera vez terminemos juntos. Me besas el cuello como entendiendo mi sonrisa. Sales de mi interior despacio haciendo que suelte uno de esos gemidos que te vuelven loco. Te pones al lado mío y me tomas firmemente para que esta vez sea yo la que guié el encuentro. Sonrió y tus ojos me miran con lujuria, la misma que encuentras en los míos. Me abro de piernas y dejo que me penetres. Lentamente coloco mis manos en tu pecho y me siento sobre tu cadera. Me muevo con tus manos sobre mis muslos, guiando el ritmo, te beso profundamente para luego separarme y mirarte a los ojos, comienzas a tocar mis pechos, los presionas, los acaricias, los mueves, como si eso fuera lo único que te hace feliz. Miro tu rostro contraído por el placer y siento esa desesperación tan ansiada que llega antes de mis orgasmos. Te doy a entender que estoy lista poniendo mis manos en tu vientre. Cierras los ojos, se que estas sintiendo como me contraigo y puedo sentir tu propio orgasmo en mi interior. Caigo rendida en tus brazos, feliz del momento que hemos tenido.
Nos metemos bajo las sábanas y nos acariciamos lánguidamente con una necesidad más allá de nosotros mismos.
Después de muchos gemidos y suspiros robados quedamos abrazados. Miro el reloj de tu mesa de noche… son las 6 de la madrugada, sonrió y digo antes de caer en un sueño profundo: Feliz aniversario.


A las que siempre han estado conmigo... mis amigas y para Andres. (aunque no lo creas, te deseo con cada fibra de mi ser)

Texto agregado el 23-11-2007, y leído por 141 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
27-11-2007 Si me encanto, me hiciste sentir muchas cosas andresfego
26-11-2007 el progreso de años kerida Nati_Pj
 
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