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POST MORTEM

Cuando escucharon las muestras de su furia,
asustados, los ángeles se dieron cuenta por fin de que,
al fin y al cabo, nunca le habían visto la cara a Dios.

Día 1


El cuarto es oscuro, aterradoramente oscuro. La luz se filtra por la ventana de vidrio rojo que da la espalda al hombre sentado. Visto de ese modo, la escena es un poco abstracta: La luz, el brazo que le duele constantemente, él observando la misma mecedora de cuero rojo, que nunca deja de estar en movimiento, su sitio en la alfombra y un pequeño espacio que da a la puerta - Nada más que esta luz roja, la espalda que esperaba para comenzar. Era el Juego.

Empezó mucho antes de que él tuviera memoria. Era como un ritual que establecía las horas y que se cumplía con total rigidez, no había comentarios fuera de lugar, tampoco ornamentos. Solo la mecedora. Como un péndulo, como si fuese parte del juego o parte de la escenografía (¿Es que nunca deja de moverse, demonios?).

Caminó lentamente. Levantó una mano que tenía la certeza que nadie miraba y se sentó dándole la espalda a la mujer. Después de un momento de silencio tedioso, en el que ninguno de los dos dijo palabra alguna Comenzó el hombre. (Mientras pensaba por qué siempre hiciese lo que hiciese llegaba segundo.)

- Ya estoy aquí, es la hora ¿No?

- Sí. Ya es hora de empezar el juego - Respondió ella. - Ya sabes las reglas. No puedes voltear, no debes mirar; hablaremos de lo que preguntes, ya que has hablado primero.

- Está bien. Empecemos.

- Y bien. ¿De qué quieres que hable ahora? - Una voz segura, como si supiese el resultado de antemano. (Equivocarse o romper las reglas, suponía perder inmediatamente). Ninguno de los dos había perdido aún, en el tiempo que iba de empezado.

Estuvo un momento pensando que preguntar. Iba calculando el peso de sus palabras y la forma en que las establecería. Era difícil hacer una pregunta sin sentirse algo intimidado por esa voz.

Al final, pensando que no habría perdedor tampoco ese día, se decidió:

- Esa mecedora de allá, la que está iluminada por la luz rojiza, ¿Por qué nunca deja de moverse?

La mujer de la habitación pensó un momento, hasta escuchar el gruñido de impaciencia del hombre, entonces dijo:

- La mecedora aquella, la llamo "Post Mortem". Está allí desde mucho antes de que yo llegara a la habitación. Lo único cierto que sé de ella, es que le perteneció al primero que estuvo aquí. En realidad, se queda con alguna cosa de los que van saliendo de la habitación. No tienes los ojos muy entrenados, por eso no los ves, aquí hay más objetos, pero están inanimados.

La mecedora sigue moviéndose, desde que su anterior dueño murió. No es la única, por ahí está un reloj que no deja de correr desde hace años. Ya irás conociendo este lugar mejor.

Lo que había dicho le sonó como a tiempo bastante pasado. La idea de aquella vista acostumbrada y las dudas que le había generado esta respuesta, le hizo preguntar:

- ¿Desde cuándo estas aquí?

- Desde que perdí.

- Es lo que me espera inevitablemente. ¿Puedo suponer eso, no?

- Pues sí, es lo que te espera. Serás el dueño de este lugar, también del espejo del fondo.

Y fue como si lo señalara. Era extraño que no hubiese notado el espejo antes. Pero ahora lo veía claro, era como pensar que solo lo veía porque se lo habían indicado.

- Entonces el que pierde, ¿Se queda aquí?

- Creo que es bastante evidente. ¿Tienes alguna otra pregunta que hacer?

- ¿Qué es este lugar? - (¿Por qué no se puede salir de aquí?)

- Evidentemente es un cuarto ¿No lo crees así? Es mejor que terminemos por hoy. Anda vete.

- Nos vemos mañana.

- A la misma hora.

Ya fuera, sintió por fin algo de viento fresco en la cara. Ahí dentro todo es denso. Pensó por un momento en no volver al día siguiente, pero borró la idea de su cabeza bastante rápido. Hoy no tuvo imaginación para preguntar nada bueno, y es cierto, que era realmente aburrido a veces, pero la tensión de hablar con alguien a quien no se le ve la cara compensa todo eso. Había pensado en intentar el juego con alguien de afuera. "En principio no sabría ni como convocar a un jugador" pensó con pesadez.

Intentó recordar cómo había llegado al cuarto, como había sido "convocado" pero sólo pudo recordar la voz de su interlocutora diciendo: "Has sido llamado aquí", nada más.




Día 2

El cuarto, si era posible, estaba más oscuro aún. Mucho más denso. Sin embargo, la luz de la ventana seguía ahí. Esta vez ya no sólo señalaba la mecedora que no cesaba el movimiento, si no, también al espejo que había empezado a notar. Era extraño, pero a pesar de la oscuridad podía ver las cosas, estaba sentado en la posición habitual, ella no tardaría en decir algo. Comenzó a jugar con sus dedos, mientras escuchaba la respiración cansada y pausada de aquella persona de la cual sólo había visto la espalda.

- Buenas noches

- ¿Es que no vas a preguntar nada?

- Pero. ¿Hoy no preguntas tú? - Preguntó el hombre un tanto sorprendido.

- Ciertamente me estoy cansando un poco; llevamos un tiempo hablando y ayer te he dado muchos detalles. Algunos te deberían haber sorprendido, pero eres tan cuadrado, creo que estas cosas no te molestan ¿No?

Ahora mismo el hombre comienza a notar que es cierto. Ayer le ha sido revelado mucho, o muy poco. Sin embargo no lo ha notado, no se ha dado por enterado.

- Comienzo a entender. Realmente no entendió nada.

- Y bien ¿Qué vas a preguntar?

- ¿Quién eres?

- Eso rompe las reglas.

No era la respuesta esperada. La curiosidad había comenzado a molestarlo, estaba ansioso y se estaba impacientando. Pensó durante un momento y luego se dio cuenta, el espejo podría servirle.

Necesitaba la verdad, se había estado escondiendo a sí mismo lo sucedido pensando que si no le prestaba atención no notaría nada raro, pero lo único cierto era que, no era que no quisiese dejar de venir, era que no podía, y simplemente porque él no venía a ese lugar.

- ¿Te preguntas por qué no puedes dejar de venir? - Su voz era clara, firme, era como si le leyera la mente, - ¿Acaso?... - Pero descartó el pensamiento inmediato, dio lugar a un silencio no exento de sorpresa.

- ¿Qué no te has preguntado cómo llegas aquí? -

Y era cierto, lo único que recordaba era que en cualquier momento todo se ponía oscuro, él asumía que era un pasadizo, y luego entraba al cuarto, donde aunque él no lo notara, entraba obligado a caminar de espaldas y sentarse.
De pronto lo notó:

- Llevamos aquí sentados dos horas sin decir nada más, y sin embargo la luz de la ventana roja no se mueve, es como si el sol no avanzara, sigue señalando la mecedora.

- ¿Qué no ibas a preguntarme cuánto tiempo llevo aquí?, ¿Hace cuánto fue que perdí? Tú sabes todo eso, lo sabes bien, sabes que llevo aquí todo el tiempo, que hubo alguien más antes que yo, que tú también eres temporal. ¡Lo sabes! Ahora que lo he mencionado, olvídate de la idea de que algo te obliga a estar de espaldas. Llevo cansada mucho tiempo esperando, asume la verdad, voltea y mira hacia aquí.

El hombre estaba estupefacto, cansado y no podía moverse, se había quedado estático, como si algo le impidiera moverse. Tenía las manos rígidas y presión en las muñecas, como si se las cogieran con fuerza.

"No es nada hombre, solo voltea, es como contar".

- ¿No vas a voltear? - Ya es hora de que asumas la verdad, ya te lo dije. Tendré que jalarte del hombro.

Lentamente, antes de que nadie pudiese cogerle el hombro, trató de salir sin mirar atrás, no importaba que pensara ella, quería quedarse con ese efecto un tiempo más. No era el momento adecuado, quizá no debía seguir el camino cuando todo se pone oscuro, quizá solo estaba durmiendo.

- ¿Así que vas a huir no, cobarde? Debes mirar, y vas a ver, créeme que lo harás.

La luz roja de la ventana avanzó un poco (¿Que demonios? se preguntó el hombre) iluminó la habitación y se posó en el espejo, el hombre trató de cerrar los ojos, de no ver. Los parpados le quemaban, era mejor abrirlos, así no arderían más.

Lentamente con horror, levantó los ojos hacia el espejo, atrás de él no había nadie, absolutamente nadie, fue un alivio, su respiración se calmó.
Pensó que quizá oía voces, pensó también que con unas pastillas todo se arreglaría, que el stress, que los tiempos que corren, que las películas de terror, en que las cosas pudieron ser peores.

Una luz se encendió. Volteó a un costado y entonces la vio. Inmediatamente rompió el espejo y cayó de rodillas tapándose las orejas mientras la cara que nacía de su nuca reía estridentemente.

-¿Ves? ¡Te dije que había estado todo el tiempo atrás de ti! Estuve escondida, hasta que llegara el momento en que recuperara todo. Parece que el momento llegó.

El terror se apoderó de él. Comenzó a vomitar. La mujer allá, atrás, seguía gritando y riendo. En algún momento tendría que despertar.

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Por la ventana abierta se ve a la mujer que tiembla, hay un charco de vomito al costado, el cuarto vacío no tardará en oscurecer totalmente, aún falta demasiado para el amanecer.

Texto ganador del segundo round del club autor: Dalvenjha

Texto agregado el 26-11-2007, y leído por 83 visitantes. (1 voto)


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