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Las cosas que me pide escribir mi loable amiga Anémona...

-Es triste comprobar que detrás de este cuerpo que nos ha otorgado la naturaleza, hay mucho que no nos pertenece, que nos sobra algo y que nos falta demasiado. Es doloroso darse cuenta que el género en el cual fuimos catalogado nos desacomoda, que hay apéndices que están demás y membranas que coartan nuestra libertad, que desolador es saber que lo que agrada a los de nuestra estirpe, a uno no le provoca el menor entusiasmo, que triste y desgarrador morir dentro de un cuerpo que nunca llegará a empatar a su alma…

Todas estas cavilaciones se las croaba para sí el sapito Felipe, un batracio muy grande para su especie, de inmensos ojos nostálgicos y patitas recogidas que, sumido hasta el cuello en la límpida charca, contemplaba en patético silencio a sus congéneres, todos sapos asumidos y cancheros que inflamaban sus cuellos como bolas fosforescentes, llamando a sus amadas con sus peculiares sonidos que tanto irritaban a nuestro buen sapito. Su mente se regía por otros mandatos, urgencias que se contraponían con su coraza verdosa, ritmos que no desacomodaban a su alma pero que su morfología rechazaba. Odiaba a esa esfera plateada que reinaba en las noches y que parecía ser la reina de todos los anfibios, puesto que verla y originarse una sinfonía de croares, era un solo asunto.

Sabedor que existía en la región un médico veterinario que era muy conocido y renombrado por sus extraordinarias facultades para comunicarse con cualquier especie, se las arregló para visitarlo. Subrepticiamente se introdujo en la camioneta de un cazador que sabía que vivía en las cercanías de la consulta de Alfredo Doolitle y se escondió debajo de unas alforjas. Mientras el vehículo se desplazaba con múltiples altibajos debido a las rugosidades del terreno, el alma de Felipe se movía al unísono, estremecida por las enormes contradicciones que la aquejaban.

-Cuando ingresó a la consulta, se dio cuenta que había varios pacientes antes que él, lo que lo irritó en extremo. Una enorme vaca le miró con sus ojos serenos, un lagarto se encogió de hombros y se hizo bola en los brazos de su amo, un perro le ladró pero fue acallado al instante por su dueña. El sapo, resignado, se acomodó sobre un paragüero y se quedó contemplando un calendario. Le extrañó de sobremanera el sobresalto que acudió a su mente al ver esos fatídicos números alineados uno detrás de otro y el placer que le brindaban aquellos que eran de color rojo…

El doctor Doolitle le examinó con la destreza profesional que lo hacía único en esos menesteres. Auscultó al animalito, le hizo sacar esa lenguota larga, le revisó su dentadura y finalmente le dijo: -No sé para que recurres a mi. Eres un sapo que está más sano que yo y que sólo tiene que salir a conquistar a cuanta sapita le salga al paso.
-Eso es lo que me angustia- dijo el sapo, lo que hizo que el doctor abriera tamaños ojos.
-¿Tu…dijiste eso…?
-Si doc, yo fui. Y le puedo recitar de corrido todos los poemas de Tagore, Neruda y la Bombal.
-Eres un prodigio entonces.
-No, doc. Soy un alma que habita un cuerpo que no le corresponde.
-Encantado de conocerlo, señor sapo.
-Esa es la palabra: encantado, soy un sapo encantado
-¡Pamplinas! Eso sólo sucede en los cuentos. Y tú eres tan real como yo y si Gui quiere, podemos ser muy amigos.
-Lo seremos y mucho si usted permite que yo recupere mi fisonomía de príncipe encantado.
-¡Ja! No te lo recomiendo. Supieras en los líos en que está involucrada la realeza en estos tiempos. Mucha farándula, amoríos, intriga, vicios de todo tipo. Elige otro segmento, te lo sugiero…
-Bueno, lo que sea, pero ansío mirarme al espejo y reconocerme allí con un rostro y un cuerpo tan normal como el suyo.
-Mira. No me corresponde a mí realizar ese tipo de transformaciones. Pero voy a enviarte con una interconsulta donde la bruja Dúvula Manchínez, famosa por devolverle la apariencia correspondiente a multitud de pacientes míos. Figúrate que ha transformado a conejos en zorros, gatos en libélulas y lo que es más espectacular: a miles de hombres los ha convertido en hienas, que era a lo que aspiraban esa tropa de seres babeantes que sólo se dedicaban a hacer estropicios en la sociedad. Ve por ella y regresa pronto a visitarme con tu verdadera investidura.

La bruja Dúvula era un ser terrorífico, cuyos ojos de anguila se desdibujaban bajo su negro sombrero alón. Sus largos cabellos entrecanos y su pronunciada nariz le daban un aspecto de aguilucho sombrío. Su voz no desmerecía a su aspecto y más bien lo potenciaba con ese acento chillón y su risa escalofriante.
-Vamos viendo, jovencito. ¿Qué es lo que te aqueja mandadirundirundam?
-Quiero ser hombre. En rigor lo soy.
-No lo pareces mandadirundirundam.
-Necesito que me desencante…
-Bien. Puedo hacerlo. Pero para eso, necesito saber quien te encantó mandadirundirundam.
-No lo sé. Parece que sufro de amnesia, mandadirundirundam. Bah. Se me pegó.
-Estamos en problema. Pero podría hacerte una regresión mandadirundirundam.

Y el sapito, recostado en el diván de plumas de lechuza, comenzó a retroceder en sus edades. Supo que era centenario, que su madre había sido una cortesana y que había sido criado en palacio, sin pertenecer, en rigor, a la realeza. Que se había enamorado de alguien muy importante y que, debido a aquello, el padre de la víctima había recurrido a una bruja de la región para que lo transformara en sapo. Ello había sucedido en Normandía, cuando esta pertenecía a los ingleses. Fue suficiente para la bruja mandadirundirundam, perdón, para la bruja Dúvula. Le pidió que trajera un poco de tierra de esas comarcas, una vestimenta de aquella época, la saliva de un unicornio que estuviese en celo, dientes de hormiga africana, etc., etc., etc. … Le recomendó algunas direcciones: www.brujeriasasudisposicion.com, Supermercado Santa Isabel y Embajada de Inglaterra, cuya tierra serviría idénticamente para el propósito, mandadirundirundam.

Recorrió el sapito la seca y la Meca hasta dar con todos los ingredientes solicitados.

Esa noche, debía asistir al aquelarre organizado por Dúvula, ya que en aquel lugar se efectuaría el desencantamiento.

Invocaciones horripilantes, gemidos de Averno, apariciones protoplasmáticas que se formaban y se deshacían como volutas de humo.
-¡Gran señor y Dios de todas las almas proclives a la explícita maldad, aquel sentimiento que no reconoce tapujos ni doble estándar y que se manifiesta en los colmillos de las fieras, en el rictus de los poderosos y en la templanza de las hordas que aguardan en las regiones oscuras…permite que este nuevo discípulo de Belcebú sea favorecido por el inmediato desencantamiento que lo liberará para su vida terrenal pero lo encadenará por los siglos de los siglos a tu voluntad, mandadirundirundam. Un repentino rayo ensordeció los oídos de Felipe y de los circunstantes, todos brujos provenientes de diferentes comarcas.

Una figura se comenzó a dibujar al trasluz de una antorcha que era cautelada por un gato tuerto. Era como suave ceniza que cobraba formas y que se aproximó al lugar en donde estaba temblando a tambor batiente nuestro amigo sapo.
-Bésalaaaa, bésala y serás desencantado mandadirundirundam- ordenó la bruja con su voz de flauta desafinada. El sapito entrecerró sus ojos y …

-Gracias, ahora soy lo que esperaba… Y el ex sapito, convertido en un joven de agradable físico, se retiró agradecido y fue tanta su alegría que no tuvo escrúpulos en besarle el horrible furúnculo que brotaba en la nariz de Dúvula.

Ha pasado el tiempo desde entonces y todo sería perfecto para Felipe, salvo por un importante detalle:

-Es triste comprobar que detrás de este cuerpo que nos ha otorgado la naturaleza, hay mucho que no nos pertenece, que nos sobra algo y que nos falta demasiado. Es doloroso darse cuenta que el género en el cual fuimos catalogado nos desacomoda, que hay apéndices que están demás y membranas que coartan nuestra libertad, que desolador es saber que lo que agrada a los de nuestra estirpe, a uno no le provoca el menor entusiasmo, que triste y desgarrador morir dentro de un cuerpo que nunca llegará a empatar a su alma…

Texto agregado el 31-03-2004, y leído por 356 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
01-04-2004 Lo desgarrador no es la muerte, sino el padecimiento que nos da el cuerpo batallando contra ella. Menos mal que al final es el alma el que guarde sueños y sentimientos. maravillas
31-03-2004 !Que preciosidad! diversión, brujeria, encantamientos, lo tiene todo...confiesa ¿escribiste tú Harry potter? yoria
31-03-2004 Lo extraño es que el beso del agradable joven, antes sapito, y dado en el horrible forúnculo de Dúvula, no la haya convertido a ella en una dulce y agradable ranita, son ataduras de escobas y forúnculos... Este tipo de cuentos, con moraleja incluida, y salidos de tu pluma, hace escuela. rodrigo
31-03-2004 Jejejeje, lindo texto, en mi gusto con sólo el párrafo final, estaba todo dicho. Ahh, me encantó lo de los aquelarres, yo no creo en brujas, pero que las hay, las hay; y de qué maneraaaaa juaaaaaaaaa, besitos AnaCecilia
31-03-2004 oye!!! es un cuento encantador, una mezcla de prsonajes increibles, acompañados por tu exquisito humor, lo he disfrutado enormente. Es tan cierto lo que tu dices esa maldita inconformidad, pero nuestra raza no está hecha para usar los ojos del alma. Besotes, me encantó la bruja mandandirumdan!!! anemona
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