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Doña Ernestina lavaba ropa ajena para poder mantener a sus cinco hijos. Su esposo, un borrachín sin remedio, la había abandonado hacía ya un par de años y nunca se supo nada más de él. –Es posible que, si buscan bien, lo encuentren adentro de una garrafa- decía la sufrida mujer, sonriendo con una pena resignada.

Los pequeños -el mayor tenía doce años- jugueteaban en torno a ella, como polluelos desarrapados. En sus rostros se dibujaba una alegría despreocupada, puesto que no gozaban de grandes lujos, más bien eran muy pobres, pero contaban con el cariño y los cuidados de su madre, que mientras se afanaba en la artesa, les sonreía complaciente.

Se avecinaba Navidad, con su oferta de regalos y música de ocasión. Y la pobre doña Ernestina, se angustiaba con todo eso, ya que sus niños lo eran todo y quería agasajarlos de alguna manera. Ella arrendaba el sitio en el cual se establecía su modesta casucha de madera, flanqueada por hileras de cordele en los cuales se tendía la ropa para que el viento la hiciera flamear hasta secarla.

Y cuando el día de Nochebuena llegó con sus campanadas y villancicos, la esforzada señora, desde muy temprano, escobillaba y restregaba, con redoblado esfuerzo. Había recibido una enorme cantidad de ropa, con el objetivo de hacerse un dinerillo extra para comprarles algunos engañitos a sus regalones. Y mientras pensaba que a la Hildita le gustaría una muñeca de esas que abrían y cerraban sus ojitos, a Pedro le encantaría una pelota de fútbol. Y así, uno a uno, revisó su lista mental para dejarlos a todos contentos. Y cuando ya no pudo más con el cansancio por tantas horas de labor, se sentó en un sillón viejo y se quedó profundamente dormida.

Los niños, al verla descansar tan placidamente, acomodaron su cuerpo y la cubrieron con una frazada para que retozara a sus anchas. Entonces, mirándose unos a otros, acordaron, sin palabras, completar la faena que su pobre madre había dejado inconclusa.

Y mientras algunos escobillaban aquellas prendas, otros corrían a sacar la ropa de los tarros hervidores para después enjuagarla. Los más altos tendían la ropa limpia en los cordeles y todos entonaban un villancico, como si un genio navideño se hubiese posesionado de sus cuerpecitos.

Y cuando la señora Ernestina despertó y vio la enorme labor realizada y a todos sus hijos sonrientes a su alrededor, no pudo menos que alargar sus brazos para enlazarlos a todos. Ellos le habían entregado el mejor y más significativo regalo. Los llenó de besos y caricias y sonrió esperanzada. Aquella Nochebuena fue la más hermosa que todos hubiesen vivido y fue celebrada con un villancico de amor entonado desde sus corazones...



Tuve el privilegio de ver representado este humilde cuento mío, por varios niños, cuando trabajaba en un consultorio, años atrás. Y ahora, al re escribirlo, aún siento la misma emoción al recordar a esos pequeñuelos, simulando escobillar y otros colgando las prendas en los cordeles de utilería. Recuerdo también la alegría y emoción de las madres al ver a sus hijos representando este modesto cuadro que era parte de una obra que contaba de tres partes. Si me lo permiten, alguna vez se las recrearé...





















Texto agregado el 13-12-2007, y leído por 169 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
28-12-2007 Cuentos de tal sencillez ya no quedan...Porque lo sencillo y profundo pasa desapercibido, y aún más en el oropel con que se suele cubrir la Navidad. volarela
22-12-2007 Se te da muy bien crear atmósferas donde la pobreza crea algo más que lástima. Humanidad. Me ha gustado lo de los niños duendes. Buen trabajo. Como dice Adso_demelk es cautivador. Ysobelt
15-12-2007 Sabes?, se me cayeron los lagrimones no por debilidad, simplemente porque pese a todo los esfuerzos que uno haga en esta vida, la vida misma ya cambió, los hijos hoy no harían eso por una, lamentablemente. Precioso.5 on-line
13-12-2007 No soy muy afecto a las historias navideñas. Y coincido con mi_mundo_paralelo_y_yo: no es un texto brillante, pero hay algo cautivador en su sencillez. Ha sido agradable leerte adso_demelk
13-12-2007 Veir a leerte es apostar sobre seguro. Este texto no es brillante, quizás pero su sencillez y dulzura hace sentir bien y a mi juicio eso también es importante en la literatura mi_mundo_paralelo_y_yo
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