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El vicio

Cuando escribo sobre un vicio, no se trata de drogas, o cigarrillos, o alcohol, o el juego, que aprisiona a la persona en sus garras. No, estoy hablando del teleteatro o telenovela o como se le llama en vuestro país. Yo nunca miré esos programas, hasta que un día comencé con una mexicana, o mejor dicho lo empecé ya pasada la mitad. Las actuaciones no fueron buenas, la salvó el protagonista que era muy guapo. Luego miré también ya empezada una brasilera, con una actuación muy superior a la primera, y los trajes de época muy bien diseñados. Pero los temas siempre son los mismos. La principal es pobre y se enamora de un muchacho rico, que no se interesa por ella, pero a pesar de eso la embaraza. Ella desesperada quiere entrar a un convento (algo religioso tiene que haber) pero a último momento el traidor se arrepiente y se casan. O él es un simple trabajador y ella heredera de una fortuna y bla, bla, bla. Para hacer una telenovela se necesitan los siguientes ingredientes: un muchacho apetecible y una joven bonita. Se le añade una porción de celos, un manojo de engaño, una pizca de odio y rencor (que es la sal y pimienta) una cantidad de llanto tanto de ella como también de él, una tratativa de suicidio, pero que lógicamente no se lleva a cabo, o un asesinato que casi, casi se logra (si es una figura secundaria, se muere, si es el principal, se salva), un accidente muy grave, que según el médico sólo un milagro puede salvarlo o salvarla, y o ¡milagro¡, el milagro se cumple y la persona sale del coma profundo en el cual estaba sumida hace semanas o meses, según el largo de la novela.
Y en eso, ¿adonde entra el vicio? Es bien fácil. Uno se siente atrapado como en una telaraña. Vive las secuencias de amor y odio como si fueran de un amigo. La hora en la cual comienza es sagrada. Si empieza temprano, se sale recién una vez terminada. Si es tarde, uno mira el reloj para llegar a tiempo.. Mientras duran los episodios el silencio tiene que ser sepulcral. Prohibido está el hablar (se puede hacerlo mientras pasan la propaganda) pero en el momento que la música anuncia el comienzo nuevamente, ni el zumbido de una mosca debe ser oído. Si alguien tiene que toser o estornudar que por favor tenga la gentileza de salir fuera del recinto sagrado. Las llamadas de teléfono están prohibidas. Si alguien tiene la osadía de llamar en ese lapso que dura una hora, el “hola” con el cual se señala a la otra parte que se levantó el tubo, es más parecido a un ladrido que a una voz humana. ¡¡Si es que se levanta el tubo!! Muchos ni se molestan, creo que hasta ni oyen los timbrazos, tan absortos están en lo que pasa en la pantalla. Y todas las novelas tienen el mismo giro de tuerca. Cuando está por terminar un episodio, aparece una persona menos esperada que saca un suspiro de miedo al actor como a la platea.
Y lo peor del caso es que el argumento muchas veces es ridículo y tirado de los pelos para alargarlo lo más que se puede. El villano que quiere a la doncella y tiene el poder de mancillar su nombre, sólo habla y la acosa, pero no llega a ultimar su amenaza de poseerla. ¿Quizás porque ella llora y grita y pide misericordia? O se conmovió el corazón de piedra del malo? No, nada de eso. El suspenso se tiene que alargar lo más que se puede, aunque ya sea ridículo. La bondad tiene que prevalecer, y más de una pobre víctima que es la inocencia en persona.

Además las telenovelas cuentan con un staff de una cierta cantidad de actores, que son conocidos y queridos por la audiencia. Por lo tanto siempre se ven las mismas caras. El malvado que en la telenovela anterior hizo de las suyas y terminó en la cárcel o muerto, en la nueva es el galán que lucha por el bienestar de su familia y le es fiel a su esposa a pesar que la villana de la novela, una mujer despampanante le brinda su cuerpo. Pero él resiste a todos los intentos. ¡! Que hombre!!
Y así seguimos prendidos del televisor a ciertas horas del día, olvidando todo alrededor nuestro. Si esto no es vicio, pregunto ¿Qué es?

P.D. Yo no veo más ninguna. Solté las cadenas que me aprisionaban al sillón y me liberé.

Texto agregado el 10-01-2008, y leído por 99 visitantes. (0 votos)


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