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Inicio / Cuenteros Locales / delfinnegro / 5 POEMAS FILOSÓFICOS

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SOY DIOS CUANDO ORINO.

El arte de orinar
es un arte sutil y sublime,
terso y casi invisible,
divino como la nada.

Soy Dios cuando orino,
porque me voy yendo
en mi felicidad
a los arcanos territorios ciegos
que dominan el mundo,
a la nada feliz,
a la insensibilidad
que me eleva profundo y lejos
de estos pobres países del pensar y del ser
lejos de esos pedazos de cartón podrido
que es el mundo que regalan los sentidos.

El arte de orinar me hace crear
a Dios en el orinal y ser Dios mismo
que me mira con los mil ojos
de la espuma que forma
el líquido verdoso enrojecido
que cae con mis pecados de alimentos,
hechos de sustancias químicamente inútiles,
desechos de mi cuerpo.

Mi orina
se parece a Dios
porque resbala como el agua
para estar en todas partes,
se parece a Dios
porque tiene rostro de nube frágil
que está alta y va perdiéndose
como los ojos de la espuma.

Un daguerrotipo de Dios
dibujo en el fondo del orinal
con mi cámara digital
y de carne carnívora que sostengo y dirijo
y con la que produzco la música divina
que hecha chorros supera
esas frágiles notas
que en sus débiles rayas
da vida el pentagrama.

Porque a mi chorro
no pueden llegar los músicos,
como no pueden los fotógrafos
llegar hasta esta foto de Dios
que al fondo del orinal
dibujo mientras me miro reir y disfrutar
la salida de Dios santo trino y uno
hecho líquido desde mi cuerpo.

No lo lograrían nunca
ni Miguel Angel ni Velazquez
porque lo que nos dieron
fue a un Dios inmóvil.
Pero mi Dios, el Dios de mis orines
tiene el poder de irse por los tubos
y hablar con los desperdicios,
con ureas y excrementos
y dejarlos y seguir
y encontrarse en las cloacas
y con los vasos plásticos tirados,
maquillados con mil restos de alimentos,
encontrar perros muertos,
lechugas y habichuelas putrefactas
y olerlas,
fruncir su seño rodante y seguir.

Luego mi Dios diverso,
mi Dios polífacético de orines,
mi Dios omnipotente de olores,
mi Dios esponja,
mi Dios vacuola,
sale de alcantarillas y va al mar
mezclado con mil aguas puras,
con mil llantos impuros,
con mil sangres de meses de mujeres,
o sangre de asesinos,
o sangre de asesinados,
o sangre de heridas curadas
o sangre de viento que secó
un río rojo en cualquier cuerpo.

Luego mi Dios de orines
suele secarse al sol en la playa
y descansar recordando el séptimo día
de su descanso de haber creado el mundo,
y salir desde la arena y ser vapor
que sube a habitar entre las nubes
y decir de mí como dijo de Jesús:

"Este es Juan Freddy, mi hijo y padre amado,
en quien tengo complacencia.
Del llanto feliz de su carne de orines he salido,
y a su carne de orines
volveré sin necesidad de esperar
al día de la trompeta,
porque escrito está, y así ha de cumplirse.
Pues orina soy en orina me convertiré.
Una lluvia bastará para irme a los ríos
y volver a ser el divino liquido que fui.
Y al compás de tuberías
iré al sistema ósmosis que me hará digno
de ser consumido por Juan Freddy,
y habrá entonces de beberme
como si tomara la sangre del cordero
en la cena de pascua,
y me dejara salir libremente
en el acto dichoso de orinar
en que volveré a ser nada rodante
como fue en el principio, ahora y siempre."

Y Dios circulará de nuevo
por mi cuerpo y cruzará el estómago,
el esófago, intestinos,
se detendrá en los pulmones,
saltará en las paredes de mis arterias
y se pondrá muy fino y extendido
para cruzar por las estrechas venas
en su corporal viacrusis,
cargando su cruz de ácidos impuros,
su cruz de úrea,
su cruz de desechos,
su corona de químicas espinas
de inútiles sustancias
que mi cuerpo le entregará
para que las lleve al calvario del baño,
donde en vez de morir,
renacerá otra vez
con sus mil ojos de espuma
y su color verde rojizo.

Y al volver a sentir yo ganasde orinar,
que es lo mismo que parir al liquídisimo
y divino niño de la santa creación,
volveré a ser María en la nochedel pesebre,
volveré a ser Jehová el día de creación,
volveré a ser la nada, madre y padre de Dios,
ejerciendo mi oficio felicísimo
de ser Dios cuando orino.



JENNIFER LÓPEZ ÍNTIMA.

Me siento animal,
no soporto esta rabia,
esta humillación, este irrespeto,
el dolor de esta afrenta.
Pido un dolor profundo al hombre
que me causó esta herida.
Mi rabia es de cuchillos...
casi es hidrofobia.
Pido castigo, pido
que le arranquen los ojos
a aquel hombre vulgar
que me vio y supo que era yo
desde la honda distancia,
y pasó por mi lado
ignorando mis nalgas,
haciendo caso omiso
a mis frondosos senos.
No hizo mella en su mente
ni mis piernas ni mis ojos
ni el triangulo que se marca
entre entre mis piernas.
Pido que a puro hierro al rojo vivo
le quemen las pupilas.
Pido como Dalila que a ese Sansón
le quiten la carga masculina.







ORACION POR LA POESIA.

"!Que sea la sabiduría para siempre,
por falta de amor, tan extraña a tu vida
como las estrellas frías lo son a la
no desposada oscuridad de la virgen Noche!"

Rabindranaz Tagore


Te pido, Oh, Dios, si es cierto
que existes y haces milagros todavía,
que si aún usas las palabras para crear,
si aún de tus manos sale la ira hecha relámpago
y te vuelves todavía Zeus que lleva la égida,
Amón que lleva el bastón,
si eres tres veces grande Hermes
que levanta toda el agua del Nilo
reunida en la palma de su mano,
si todavía te sientas hecho Krishna en la flor
de loto y no te hundes,
te ruego
que por favor me oigas y hagas el milagro que te pido.
Que puedan tus palabras hacer entender a los poetas
para que no hagan más poesías sin sentido
habíendo escacez de papel y tinta en el planeta.
Que por favor entiendan que el mundo se nos acaba,
que son limitados los recursos,
que todo desaparece y falta mucha poesía por hacer,
que nos dejen papel para las demás generaciones.
Que no escriban poemas absurdos y vacíos,
que no escriban versos sin anverso,
que no escriban rima sin risa,
que no escriban áforas metáforas.

Destierra, Oh Dios, de la poesía
a los poetas que aman sólo las palabras,
destiérralos como desterraste de los templos
a los mercaderes de verbo y oro,
a los que aman
sólo los primeros asientos en concursos,
!escribas y fariseos hipócritas!
amadores del elogio periodístico
como razón fundamental
para mover su mísera casa mental.

Destierra, Oh, Señor de los ejércitos de verbos,
de las cuadrillas de sustantivos,
de los complementos que habitan las neuronas
y dan vida y la dan en abundancia,
destierra a los gentiles de la palabra hueca,
a los falsos profetas que fingen emociones,
a los que, mezquinos de sentimientos,
caen sin volver a levantarse en mitad del camino
hacia el fondo de las almas,
porque no tienen mente para vivir,
ni ojos para ver,
ni oídos para oir,
ni ovarios ni vergas qué sentir,
porque no gustan ni huelen ni hieden,
porque su pensamiento quedó enano,
trunco, tuñeco, cojo,
demasiado pequeño para llevar
los secretos conceptos
que hacen temblar los templos del espiritu.
Ven, Señor, te lo pide tu siervo,
lanza tu luz y ciega para siempre
los que rasgan el velo de mezquitas,
de iglesias y casamatas y minaretes
sin responder la oración de los lectores
que imploran la caída del divino maná
que guarda el cielo
de las lenguas del mundo.
Porque nacieron secos,
porque les fue vedada la humana esencia
para llorar en verbos
lo que se llora en lágrimas.

No los dejes llegar a tu Edén, Oh, Altísimo Señor,
dáles un éxodo sin llegada ni regreso
a los que aman el el pintalabios
más que el labio que produce las palabras.

Oh, adorable palabra sudorosa,
cuánto te amo espejo de mi vida,
palabra que me abrasa y me abraza,
mulata, rubia, índígena, blanca, caucásica palabra
que bailas ballet en mi boca,
y un celestial enjambre haces en mis oídos,
!ay, celestial palabra verdadera
cómo es que esos eunucos no te aman!

Destiérralos de tu tierra prometida,
te lo pido, Jehová, por Palestina, por Israél,
te lo ruego en nombre del Monte Carmelo
y los cedros del Líbano, por las aguas del Jordán,
déjalos que se hundan en tu Rojo Mar
con todos sus ejércitos de vacuas lanzas,
a aquellos cuyo grito no se oye más allá de sus narices.

Hiérelos, Señor, con el sable o el venablo del adverbio
con la espada flamígera de tu arcángel amado,
que les duela hasta que huyan de las letras,
dále tu luz que sale del brillo de tu palabra
que es espada con doble filo armada,
hiriente sable de verbo y sustantivo
que prestaste a Moisés para que hiciera el Géneis,
y a Juan para armar su Apocalipsis.
Hiérelos mortalmente porque ignoran
las fantásticas letras que diste a Salomón
para cantar el cantar de cantar.

Ven a zaherirlos porque su imaginación
no alcanza ni para hacer lo que hace el recto,
arrastran su amarga letra como pobres serpientes,
como ciegas brujas pretenden secuestrar
los niños y las niñas que hacen fiesta en tu Lengua.

Hazlo pronto y entonces creeré que Eres el que Eres.





PESTILENCIA DE LAS HORAS.

Escrito ante una foto de
Berta Rosenbortzel

El tiempo es abusador, criminal, sucio, perro,
desgarrador como un cuchillo impiadoso,
como una bala ciega, como una daga loca.

Miren lo que ha dejado
de una hermosa muchacha.

Ha dejado las sobras de unos rojos labios,
los restos de un mentón enérgico,
el sobrante desperdicio de unos senos sensuales,
la arruga de una pelvis cuyo rojo era fuego
y ahora es sangre triste y transparente
porque hasta el río mensual se lo ha secado.

Miren el cadáver vivo que ha dejado el tiempo
de una hermosa muchacha.

Esta vieja es hija de ella misma,
hija de su hermosura,
heredera ilegítima de una muchacha
que ponía a temblar las calles,
que hacía pecar al viento.
Esta vieja que mira hacia el cielo
y sólo nos deja ver una áspera soga
yendo del pecho al cuello,
una papada que desprestigia su historia,
que han sustituído aquella cerviz besable,
aquel mentón chupable,
aquellos labios arrancables de pasión,
de sexo sublime y animal,
de angel y bestia aliados
corriendo raudos a los despeñaderos del placer.

Miren lo que ha vomitado el tiempo
de una hermosa muchacha.

Esta vieja es la madre de ella misma,
porque al revés ha sido el parto:
la muchacha deslumbrante
parió a la vieja incolora,
llena de hidropesía su piernas,
hartos ya de artritis sus pobrísimos huesos
ahíta su piel de celulitis
doblando su bandera
al canto de la elegía de su derrota.

Ella dice que tiene cáncer de la sangre,
pero no.
Su cáncer no está en la sangre.
Tiene cáncer de años.
Su cáncer está en mirar la foto
de esa mujer que fue
y quiere volver a ser
en el imposible decurso del tiempo
que se niega a ser mujer de Lot,
que se niega a volver los ojos
a su espalda.

Miren cómo ha enlodado el tiempo
a una hermosa muchacha.

Un detritus humano, una sobra,
una ñapa, un excedente de carne
por toda el alma del cuerpo,
un excedente de dolor por todo
el cuerpo del alma
es lo que ha dejado
el secreto machete criminal de los minutos.

Es el basurero de la hembra que fue.
Ella cree que está viva, pero no.
Es el cadáver andante,
el féretro, la caja, la prision,
la oscuridad eterna de una difunta hermosa,
de la muchacha que ha muerto
sobre sus carnes,
de la muchacha que ha sido hecha un recuerdo fotográfico.

Miren lo que le ha sobrado al tiempo
de una hermosa muchacha.

Unos pies que se arrastran, dificilmente andables,
un bastón que busca ser ojo y sostén,
unas manos que tiemblan,
que derraman el café en la santa hora del Te,
una memoria que no se acuerda ni a sí misma,
el llanto gastado en unos ojos
de los que ha huido todo, todo, todo.
Las lágrimas, los internos músculos del párpado,
las cejas, las pestañas, la cobertura del disco ocular,
el brillo de los iris.
También el cielo y el mar y los colores
han huido de estos ojos, que ya no ven,
por ellos ve el pesado lente, la montura de cien libras
y los gruesos fondos de botella
se interponen entre ella y el mundo.

Miren lo que ha tirado el tiempo al lodo,
de una muchacha hermosa.

Palabras inconexas, perenne hipo,
incoherente amar,
porque ya no sabe gozar,
esta ex-muchacha bella,
sus labios olvidaron los trucos del beso,
sus manos han perdido la pericia en las caricias,
el vientre ha perdido sus armas de golpear,
las rodillas han perdido la profesión del gusto,
y las piernas su especialidad en el temblor pasional,
sólo vibra el pequeño mal, la gran artritis.

Esto queda de la ex-petulante, ex-lisonjera,
ex-comparona y ex-prepotente muchacha que en la calle
marcaba el paso del tránsito
con sus tacones altos y
el mundo todo le giraba en su cintura,
y perturbaba la economía domestica en todo hombre,
hasta al más cuidadoso
lo hacía gastar en ella su mirar y su oir.
Esta era el hembrón que hacía ateo al cura
cuando entraba a su confesionario
y lo ponía a querer confesarse él ante ella
en una alegoría del sacrilegio.

Miren lo que ha lanzado el tiempo por la borda
de una muchacha hermosa.

Unos cabellos que odian tanto el color
que ya rechazan los tintes,
sólo aceptan el blanco tembloroso
y la brillante calvicie
que tira el mechón de pelos que inventó Nina Ricci,
Oscar de la Renta o Yves Saint Lorenz,
esos cosmétimédicos que intentan enfrentar la muerte de lo bello,
que intentan retener a la muchacha hermosa
que se escapa en las manchas,
que huye en las puntualísimas arrugas,
que no hay mano que detenga,
que no hay viento que devuelva,
que no hay bisturí que pueda
tirar lo que aquí falta o allí sobra,
ni bolsa de aire o grasa que detenga
la carrera de la muchacha hermosa
que con pies ligeros huye del rastrojo.

Pero el tiempo no es sexista, no respeta tampoco
la juventud apuesta de los hombres
que también hace añicos en su igualdad de sexos destruidos
y cuerpos echados al averno antes del juicio.

Miren la miseria que ha dejado el tiempo
de aquel sonriente joven,
de ese aperitivo por el que mojaban los panties las mujeres,
exquisito manjar de sus inicios, plato fuerte y postre
que amaba el sexo débil.
Miren el descricaje, los flecos que ha dejado
de un feliz y audaz adolescente.

Miren cómo ha destruido el tiempo al macho esbelto,
cómo se mofa de sus músculos,
se burla a carcajada limpia de su fuerza
y produce una muerte prematura
de un antiguo y místico pene
que convierte en un triste escarabajo estercolero
despedazado segundo tras segundo sin piedad.

Miren los dientes faltantes y la pus amarillenta,
la gangrena que ha dejado en todos la peste de las horas.

Miren los crímenes del tiempo
dejados como ráfagas de lobos,
lo que han hecho del niño que ayer fuimos:
nos robó el mundo que había en el negro y azul
de noche y día que parecían eternos.

Miren como al bebé le robó el tiempo
con violencia su risa que lo hacía parecer
Dios de nuevo hecho hombre,
en unos dientes que podían competir
con la belleza de Aquel que destruyeran
en una triste tarde
la alianza de los clavos y la espada con la sed y el madero,
y... ay,
miren lo que ha hecho con Jesús el tiempo,
ese criminal, sucio, perro, indecente, agrio, insoportable,
deleznable, amarguísimo, terrible, inhumano,
soez, prostituto, traidor, ladino,
ese asesino tiempo.

Oh, tiempo destructivo, Cronos cruel
que para tu alimento crías tus hijos,
Cronos cruel del que ni siquiera Zeus
ni Alá ni Cristo ni el apacible Krishna se han salvado.
Trapo de ollas han sido en tu cocina,
carbón, ceniza, nada ha sido para tus fauces todo.

Mira los que has hecho de la hermosa y líquida
redondez azul en que viajamos.

Mira lo que has hecho de nosotros:
podredumbre nuclear,
basurero biológico, nausea tecnológica,
pestilente desperdicio creador,
lodazal doméstico y podredumbre cyber.
De una hermosa especie, de un bello paisaje natural,
eso has dejado tú, el padre criminal de los relojes,
mira el redondo zafacón que has hecho
de un hermoso planeta.

Y lo más triste de todo,
lo que a mí más me duele
es lo que ha hecho el tiempo de una hermosa muchacha
que no puedo dejar de amar en lo que queda y ha tenido...
y lo que hará conmigo cuando haya escrito todos mis poemas.




PERSISTENCIA DEL SER

Hace tiempo que he muerto, mujer,
pero cuando leas este texto
cuida tus senos de mis manos y labios,
no dejes que tus pezones suban a deletrear
las sílabas que los llaman a las llamas.

Cuando me leas,
cubre tu boca con la palma de la mano
porque yo puedo estar
–registra bien-
envuelto entre dos párrafos
o aferrado a la costura de tu libro.

Yo puedo estar andando hecho polilla
o carcoma insaciable
esperando el momento entre tu libro.

Puedo estar
-ponte en guardia-
en la página 138,
aguardando a que entres indefensa
al espasmo muscular de la lectura
o
-cuídate más-
puedo no estar en el libro sino ser él,
el libro mismo que salta,
se abre, se mueve
y se adhiere sobre el vientre
y te envuelve en sus páginas
y se agita y se agita
buscando la caída
al lugar donde la vid se vuelve vino,
allí donde no se vende
sino que se regala la vendimia.

Puedo regresar desde la muerte,
cocido, encuadernado en papel,
con hilo, brea y pensamiento
a las zonas prohibidas
por prescripciones médicas
a cultivar tu tierra sin abonos,
contrario al los mandatos
de la Secretaría de Agricultura
y ser viandante eterno en los túneles del tiempo.

Mujer,
según las estadísticas
son capullos tus años,
y ahora cuando lees
hace generaciones que yo he muerto.
Es lejano tu tiempo,
mi esfuerzo ha sido hondo
para tocarte el rostro con la punta de un verbo.
Ya no soy poeta o tal vez nunca lo fui,
o sin talvez,
pero no te confíes
de datos científicos
ni de notas biográficas
ni de lógica historica,
echa al fondo del olvido
la prueba de los fósiles y el carbono 14,
y no estés tan segura
de que ya se ha podrido el brazo izquierdo
que grabó estas letras en papeles antiguos.

Insisto
en que no confíes en el pergamino
ni en la encuadernación de este volumen,
busca ahora mismo en tu vestido,
explora tus zapatos, cuidado con el frío tibio
que cosquillea tus piernas,
cuidado con la brisa
que desata el cabello
o el ruidito de huracán en tus oídos,
o ese vapor de agua
que te cubre desde el cuello todo el cuerpo,
cuídate de todo lo que es
porque es extensa mi forma de no ser,
aprovecho cualquier fisura de Aristóteles,
cualquier hueco en la lógica de Hegel
o un error de imprenta de Marx
puede llevarme a tu pecho y envolverte
en un 21 de diciembre
o dos o tres
que ahora estén andando entre silla y cadera.

Es que Althuser me dice que estás lejos,
lejísimo de acuerdo a los relojes,
pero yo no creo en la cuerda del reloj
ni en los axioma del álgebra
ni en los dos o tres siglos que se fingen distancia
ni en la descomposición de los cadáveres
ni en una antigua soledad de huesos
ni en la redención de los pecados
ni en Dante
ni en Petrarca
ni en reencarnación de los muertos
ni en la vuelta del Señor
ni en gusanos ni flores sobre tumbas
ni en cartílagos tragados por el musgo
ni en la conversión de los cuerpos en metales
ni en líquido humano de los laboratorios
ni en que la sangre huye a la materia.

Mujer,
en fin de cuentas,
aunque yerre en los cálculos,
yo no creo en la muerte,
únicamente creo en el desplazaiento en el tiempo
o
por lo menos
no le creo a mi muerte
por más que se secretee sus cantos tenebrosos,
apenas me hace llegar hasta la duda,
y de ahí regreso,
y esa duda metódica,
ese cartesiano pienso luego existo
me permite vivir desde mi lógica locura,
cabalgar en una letra castellana
hasta tu biblioteca
y acariciar tu piel
y besarte y ser fauna y flora en cualquier parte del planeta,
y estar aquí en tu alma,
estar aquí en tu cuerpo
soplándote la naríz,
rozando en papeles la punta de tus dedos y
tomar agua, libros, estantes,
mesas, anaqueles, pisos, azulejos
y a ti misma,
y entrar una vez más
en mi secuencia eterna,
mi entrada y mi salida
hacia el punto insondable a toda ciencia médica,
donde muere de sed la matemática,
centro de la ansiedad y del vacío,
donde está todo y nada,
ajeno a toda historia,
inalcanzable a toda geometría,
incendio inapagable
donde la materia hace el amor con el espíritu.

Voy a salir de tu cadáver vivo,
mujer,
te dejo sola en tu siglo,
me marcho hacia el frío incendio,
al límite sin limites entre el ser y la nada,
entre la química inorgánica y la orgánica.
mientras tanto,
sigue pensando como el mundo
que yo soy sólo el libro
en el que late un muerto
que lucha por vivir y vive en la lectura,
y si me olvidas,
volveré a recordar que soy materia,
volveré a recordar que soy eterno.

Texto agregado el 05-04-2004, y leído por 4919 visitantes. (18 votos)


Lectores Opinan
27-10-2008 Has sido todo un descubrimiento. Sólo un par de cosas: 1) te recomiendo no publicar tantos poemas juntos, pues la cantidad de palabras asusta al lector. 2) Revisa el quinto verso del primer párrafo de "Persistencia del ser". Me suena un tanto cacofónico: ..."que los llaman a las llamas". lihnterna
18-03-2008 mis 5* sin duda...me encanto "persistencia del ser" y sin duda creo que nos asentaran en el mismo stan de esa bliblioteca, para mi será un autentico honor!!... ssamm
22-01-2007 No son filosficos. La filosfía es amor a la Sabiduria, al conocimiento, el conocimiento se adquiere mediante la comunión intima con el sabio por exelencia. y tu poesía varón son ironias de la vida. Leí tus letras, no tan sólo eso, si no también comentarios de tus escritos, y creo que la mayoría entendió la superficialidad. Hasta pronto. Que estés bien. matilderafaella
01-12-2006 interesante vision la del ultimo poema; la eternidad de una forma simple; no entendida por reencarnacion ni por alcanzar el cielo; sino como algo consistente; se es eterno simplemnte pq no se puede imaginar la muerte; sencillamente genial :D vihima
01-12-2006 pues segui leyendo: respecto a La oracion x la poesia m prece un txto brillante; me parece escrito e hilvanado con un gusto y un sentido del humor exquisitos; jajaja; me rei muxo con el; es tan airado; incluso arrogante; pero no arrogante en el mal sentido sino como la soberbia del q sabe q lleva razon (entonces arrogante no es excto, buee), el caso es q t imagine gritandolo encima d una montagna y mirando al cielo con rayos y truenos; jajajajaja El siguiente; el del paso d los agnos: Pestilencia d las horas me dejo pensando; sabes? no estoy d acuerdo; la vejez nos parece fea solo porque nos acerca a la muerte y la muerte nos asusta pq la vida es lo unico q conocemos; a veces el truko esta en invertir las cosas; el desafio es buscar la belleza en la fealdad; incluso en la muerte; enfrentar los demonios interiores acariciando y besando su piel llena de pustulas; por eso kiza yo encuentro hermosa la foto d mi bio q a ti te desagrada; no se; son diversos puntos de vista, eso si; la reaccion natural es la tuya; eso es indiscutible :) vihima
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