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Inicio / Cuenteros Locales / La_columna / Un paseo inesperado: los suburbios del Edén (En un viernes de borrosas escrituras) –Por El_Galo

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A veces resulta difícil caminar por Buenos Aires. Basta con poner un pie en la calle para percibir como el vértigo predominante se ocupa, autoritario, de doblegar a cada emoción y azotar a toda conciencia. Urbe que resume cultura, historia y liderazgo por excelencia, la ciudad sorprende a todo aquel que la transita a través de un sinnúmero de contrastes que, imprevistos, no dudan en captar la atención disponible. Y algo así me ocurrió esta semana al encontrarme, sobre las márgenes de la populosa avenida Corrientes, con un edificio que, soberbio y desafiante, dominaba sin miramientos la mitad de toda una cuadra.

Estupefacto, recorrí con timidez las líneas arquitectónicas de un gigante que, cual fortaleza griega, parecía confiar su poderío en la solidez que le brindaba su fachada de columnas torneadas y rústicas ornamentaciones. Así, mi curiosidad se deslizó desde las 6 puertas de gruesa madera que se erigían a modo de entrada, hasta el techo triangular de la construcción en el cual, a través de un cartel de medidas similares a las del edificio, podía leerse: “La Iglesia Universal del Reino de Dios”. El anuncio presentaba además, y a modo de traje de superhéroe norteamericano, un logo con forma de corazón en donde podía apreciarse, sobre un fondo teñido de violento rojo, el vuelo de una solitaria paloma blanca.

Tan insólito despliegue de parafernalia espiritual pudo más que mi aplomo inicial. Indiscreto, decidí internarme en el recinto. De esta forma, y tras evadir a una serie de agentes de seguridad que me impidieron desenfundar a todo medio de registro, llámese tinta y papel o grabador, me vi situado en un auditorio digno de una ceremonia hollywoodense. Un mar de butacas impecables se desnudó antes mis sentidos en tanto un laberinto de mármol, que cubría también pisos y paredes, apenas permitió disimular el delicado vitreaux que franqueaba el extenso escenario que se elevaba por delante de la primera fila de asientos. Absorto, pensé que lo contemplado era suficiente como para hacerme una idea de donde me había inmiscuido, sobre todo luego de hallar un aviso en el cual, aparte de brindarme notables referencias respecto a los 3 pisos y el subsuelo que conformaban el lugar, se me informaba que por el sólo hecho de estar allí, el servicio de guardería disponible me correspondía por derecho. Pero me equivoqué. Faltaba un detalle más: junto a una de las salidas, un letrero daba cuenta de las actividades que se efectuaban en dicho templo durante cada uno de los días de la semana. Así, además de una “Sesión de Descarga” o los beneficios de una “Reunión de Sanidad”, me era posible participar de una provechosa “Conferencia Empresarial”. Bastó ese dato para entender que mi presencia en ese espacio ya era por demás de innecesaria.

Nuevamente en la senda de los pasos perdidos, medité sobre todo lo presenciado y traje a mi presente el recuerdo de una serie de acontecimientos fuertemente relacionados con los cultores de la paloma blanca sobre un fondo rojo. Así, rememoré las andanzas de un ejército de oradores-mercaderes engañando a sus adeptos y obligándolos a comprar miles de botellas repletas de una supuesta agua del río Jordán, cuando en realidad no se trataba más que del incoloro líquido que expulsa toda canilla hogareña. O el comercio de un óleo milagroso, consagrado por quién sabe qué santo inventado para la ocasión, que no era más que un simple aceite de cocina adquirido en un supermercado cualquiera.

Obviamente, mis cavilaciones no respondían a argumentos construidos sobre la nada. Cientos de pericias judiciales daban sostén a todo aquello que ahora repasaba mi memoria. Pese a esto, y en correspondencia con cierta estirpe decadente de la que forman parte algunos dirigentes de mi país, estos representantes de una curiosa ley divina, que combina al marketing y el uso de la retórica con la explotación económica de sus fieles (cualquier parecido con el diezmo cristiano es pura coincidencia) continúan con su predica.

De esta forma, las conclusiones tomaron cuerpo por sí solas: necesitados con urgencia de una respuesta que permita explicar a tanto descontrol transformado en existencia, los adeptos a ciertas religiones no han hecho más que desnudar la perfecta incapacidad de la que han dado muestras las antiguas creencias para brindar soluciones que se adecuen a los tiempos que corren. Por el contrario, las nuevas prácticas devotas, originadas en una sociedad de consumo, analizan y comprenden los requerimientos de la escena social circundante para luego estipular una estrategia de persuasión que, de tan efectiva, permite que el agua y el aceite se coticen al nivel de una necesidad impostergable pese a lo comprobado de una mentira.

Según parece, la época requiere de cultos amparados en la publicidad, el diseño gráfico, la consulta televisiva, las “Conferencias Empresariales” y el show cinematográfico. Son necesarios, además, la militancia compulsiva, la participación económica y la obligación de dar muestras de poder a través de la construcción de formidables partenones de sospechosa legalidad. Mientras tanto, necia a todo pedido de reforma, la Iglesia Católica, de eterna supremacía en la Argentina, continúa con sus sermones de museo medieval, la defensa de una identidad política siempre nefasta, y la condena a buena parte de sus sacerdotes y autoridades ante los reiterados casos de abuso sexual de los que éstos han sido hallados culpables.

A veces caminar por Buenos Aires resulta difícil. En varias oportunidades, la verdad se muestra como una incómoda compañera de paseo. Pero de algo estoy seguro: en un mundo que se desvanece a manos de filisteos que continúan tomando su santo nombre en vano, y de fanáticos que justifican sus bajezas implorando el misterio de las sagradas escrituras, mucho más complejo debe ser, en este presente, el tener que desempeñar las funciones de Dios. O, al menos, disimular con criterio y respeto su siempre cuestionable ausencia.



Patricio Eleisegui

El_Galo

Texto agregado el 09-04-2004, y leído por 510 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
15-04-2004 "Su siempre incuestionable ausencia", última y rotunda la frase. Es curioso, pero el martes, algo después de la suya, se me ocurrieron frases parecidas; debe de ser un epidemia de excepticismo. Saludos. nomecreona
10-04-2004 Nuestro Admirado Rodolfo Walsh decía que en la Columna de Opinión hay dos cuestiones fundamentales a tener en cuenta a la hora de la elección del tema: la oportunidad y la permanencia. Ambas están cuidadas en esta columna. Clara, rotunda, con un encuadre que enmarca la opinión, de muy buena factura. Dicen los del Deportivo, que los dejó sin lugar para los comentarios de la Libertadores, pero que lo disculpan por ser su cumple. Un abrazo hache
09-04-2004 Parece ser cierto: el edén tiene suburbios. Condena justa de un espíritu sensible y preocupado. Sin duda un tema sin solución en el alma nacional. Me gusta por la temática clara y concisa. amadeo
09-04-2004 Muy gran verdad lo que dices. Muy buena columna y muy apropiada para estos día que corren. margarita-zamudio
 
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