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Del scatolibro de autoayuda NO TODO LO QUE BRILLA TIENE BRILLO

Sección XXV: Scatocuentos para Fernando el más gerundio

1) Asunto de Fe


—Maestro, me planteo la necesidad humana de la fe y, sobre todo, cuestiono sus límites.

—Querido alumno, la fe no tiene límites. Hoy eres tú quien inicia la lección. Te contaré algo que aconteció hace tiempo atrás, espero recordar bien aquella historia.

Un humilde labriego vivía consternado por las acciones de un ladronzuelo. Todas las mañanas con el alba el pobre agricultor iniciaba la faena en el huerto con tal asombro que siempre acababa malhumorado por las fechorías de un malhechor. Las tomateras quedaban exentas de frutos así como desaparecían las calabazas, fresas, por no decir los pepinos, acelgas, alcachofas, espárragos y cualquier otro fruto de la tierra y de su trabajo.

Una mañana, sin entrar al huerto siquiera, aclamó al cielo para ser escuchado por El Creador, pues su fe no se había debilitado, y pidió consuelo. Aquel día se encerró en su casa, no comió ni bebió, se quedó postrado en la cama lamentándose sin más decidido a esperar la intervención divina en su suerte.

Pasaron semanas y llamaron a la puerta. El hombre se despertó por los golpes, no se había levantado al alba en varias jornadas. Sumido en la desesperación se negaba incluso a vivir. Entraron los rayos de luz al abrir la puerta. Cegado por el sol, el hombre apenas vislumbró a un parroquiano extraño y a la vez hermoso. Aquel hombre frente al agricultor en la entrada de la casa portaba un canasto con ricos frutos, casi como los suyos y aun mejores. En ese momento el pobre labriego quedó maravillado e hizo pasar a tan gentil visitante en quien había percibido una presencia casi angelical, salvadora. Se sentaron a la mesa, comieron, hablaron y rieron como viejos conocidos. El buen aldeano aposentó al ermitaño durante varios días. Sentía que aquel individuo le protegía de los ladrones, puesto que desde aquella sorpresiva visita todas las mañanas al alba eran hermosas y sus frutos estáticos esperaban la mano laboriosa para caer en el canasto de la recolección.

Un buen día el asceta desapareció como vino y sin despedirse; tan sólo dejó un cesto lleno de monedas de oro. El agricultor estuvo temeroso en los próximos días de sufrir aquellos hurtos de su huerto, pero no fue así y ya nunca más fue sorprendido por vándalo alguno.
Al tiempo recibió la prepotente visita de un representante de la ley que registró su casa sin decir nada, hasta que halló el oro.

Llevaron preso al pobre labriego. El hombre declaró las monedas como suyas, que se las había dado su amigo el viajante. Se rieron de él y lo encarcelaron.
Al entrar al calabozo lloró como un niño perdido hasta que de repente encontró al ángel allí mismo. Pobre ser majestuoso encerrado como cualquier mortal. El labriego rezó y dio gracias al Señor por conservar su fe y haberle devuelto su compañía también en la nueva situación adversa, de la que ahora esperaba salir airoso.

—Maestro, pero aquel hombre era el ladrón de la huerta y seguro que había dejado aquellas monedas en casa del labriego para burlar la ley y luego regresar por ellas.

—Sí, así fue. La fe es ciega, querido alumno, pero Pedro el labriego, así se llamaba si mal no recuerdo, era un gran hombre y que en paz descanse. Me quedé muy solo en aquel calabozo después de que falleciera.

http://www.youtube.com/watch?v=RJfiYdQcQtc&feature=related

Texto agregado el 14-03-2008, y leído por 550 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
02-10-2009 Bueno, sí el cerebro nos engaña y crremos lo que a él le viene en gana, la realidad no nos interesa en lo más mínimo... Buen texto. Jazzista
24-05-2009 http://www.youtube.com/watch?v=HLMyYToYwuQ fulanito ronioso
23-05-2009 o sea. hay que estar muy al pedo para hacer estas cosas. pero muy. saludos desde puerto rico ronioso
19-05-2009 Una fábula que dice mucho, cómo somos los seres humanos. A veces creemos lo que queremos creer. Te felicito por traerlo para que lo podamos leer. Ante la adversidad, siempre, siempre, hay que luchar. Idaluz
30-04-2009 Y la fe tiene eso. ohayoo
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