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Inicio / Cuenteros Locales / juanpi / ventoleras en mi cabeza 3

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Siguiendo El rastro de caldo llegue a una casa en el centro de la ciudad. Golpee la puerta decidido, no tanto, una vez que lo hice no sabia que decir, como enfrentar tal situación. La sustracción de mi olla, la súbita partida, el endeudamiento con la clínica que genero su acción. Esperé unos instantes, en ellos pensé en irme y olvidarlo todo. ¡Puaj! Se abrió la puerta y a contra luz estaba ella. Su pelo suelto desordenado le caía sobre sus hombros inmaculados. Vestía musculosa negra ajustada, pantaletas del mismo color y pantuflas diseño nutria calzaba.
_Che Juan pasa, te esperaba.
_Doctora. ¿Le ocurre algo?
_Nada Juan. Pero pasa, adentro hablamos.
La casa iluminada solo por lámparas en los muebles, aromatizada por un palo santo en un rincón recibía acogedora a Juan. En los sillones cojines de colores apilaban unos sobre otros y una alfombra mullida acolcha sus pies. Frente a el un ejercito de libros muy bien ordenados penden respetuosos del caobiano mueble estante librero.
En eso sale ella de la cocina con un baso de contenido azul.
_Tome Juan. Jugo de arándanos, lo hice yo misma
_Gracias doctora
_O prefieres un fernet. Estaba a punto de hacerme uno.
_El jugo está bien Doc.
_Decime rosa. Che.
__Bue Rosa. Te imaginas el motivo por que estoy aquí.
_¿Por mi?
_Mas bien por la olla. Sin ella no podía seguir la clase. No podía terminar la salsa. ¿Adonde creía usted que iba a cocer las papas, no s e si se dio cuenta pero le faltaba almidón al caldo, como cree usted que pagare los honorarios…
_Mira Juan, por la deuda con la clínica no te preocupes yo me encargo de eso. Pero la que te atendió fui yo, a sí que estas en deuda con migo.
Juan la miro extrañado. Se fijo en sus piernas delgadas, sus pantorrillas no le asentaban, subió por los muslos y se detuvo en las caderas, las cuales brotaban generosas, su cintura la rodeaba ceñida y sus pechos inocuos por detrás de la musculosa afloraban como naranjo en flor.
_¿Que mira Juan?. Pregunto ella con media sonrisa tallada en la boca.
_Nada doc. Rosa. Pensaba como podría pagarle.
-Y bueno seguí la clase. Yo también tengo cocina.
_AH bueno pero no traje nada, todo se quedo allá.
_Sígueme. Algo haremos con lo que tengo.
Al entrar a la cocina la luz blanca del tubo florecerte me encegueció. Al recobrar la visión observe las ollas todas muy bien ordenadas colgando de la alacena, un reloj empotrado en los azulejos.
La despensa atiborrada, y uno que otro plato sucio en el lavadero. De un rincón el refrigerador que no deja de roncar y en el suelo un poco mas allá, con el hocico metido en la olla, l nutria se alimentaba del caldo de Juan.
_¡Rosa! ¡Pero mira la nutria!
Sii mira la pobre. Después del trote quedo muerta de hambre.
Pero el caldo… Y que vamos a hacer ahora?
_Déjalo Juan. Acaso no tienes otro plato por ahí. Ya pues Juancito, no se ponga bravo.
_No, si no pe pongo. Pero te are otro plato.
_¿Como que?
_No se. ¿Que tienes en la despensa?
_Muchas cosas, solo tienes que buscar…
Juan caminó hacia la puerta de la despensa y la doctora le cerró el paso, giraba por la derecha y ahí se interponía ella, luego al otro lado, y ahí iba de nuevo, una y otra vez cada vez mas despacio, cada vez mas cerca un cuerpo del otro, cada vez la respiración mas agitada. Con los ojos cerrados la pareja intimaban. Sin tocarse, a un milímetro podían sentir la fuerza del otro. El cuello largo y asfixiante rosaba la nariz y boca de Juan, este olía muy despacio, tratando de descifrar los códigos en su piel erizada.
Ella concedida, sintonizaban los ruidos de Juan al respirar. Habiendo pasado un tiempo eterno Rosa rompió el cello. Tomó por las solapas y con un movimiento rápidolo giro y estrello contra la puerta de la despensa, subió su rodilla a la altura del estomago y lo beso con locura.
La locura siguió en la habitación…
A medias oscuras me acuesto sobre la cama. Y la observo.
Ella de pie frente a mi se quita la polera y su cuerpo es envuelto en llamas.
La ropa interior que lleva es blanca y pequeña, la cual se amolda perfecto a su cuerpo, igual que su cuerpo a mis manos. Estas lo recorren una y otra vez.
Estoy extasiado, su cuerpo desnudo me enfermiza, y sus piernas me asfixian a cada envestida que logro acertar.
El aliento jadeante de su boca lo corto con mi lengua. Ella sentada arriba siempre de mí aprieta sus labios y los pezones con los dedos, el sudor brilla en su rostro. Su vagina roza con más fuerzas.
Al principio le sujete las caderas para guiárselas, luego hundí mi mano en su braga mientras que con la otra iba del muslo a su nalga, de arriba asía abajo, sin despegar su piel de la mía. Después de un rato me estremecí, por un momento creí amarla, y la bese por última vez.
Despierto en el foso otra vez….
Todo ha sido un sueño. Mañana la visitare. Le contare lo que he fantaseado, para volver a soñar.
La vida es una ventana

Texto agregado el 22-03-2008, y leído por 112 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
14-08-2014 Me gusto. Tienes una nota capacidad de describir las escenas. Reitero , me gustaría verte monologueand. saludos alexandrocasals
20-04-2008 A pesar de la ortogafia (fácilmente superable con word) la historia es buena... naiviv
23-03-2008 muchos errores de ortografìa, ademàs no es haikú saludos chinaski81
 
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