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Expediente 53 del año 1998. Son tantos los papeles, tantas las cajas que revisar. Expedientes del 2000, 2001,2002, no, no me sirve.

Se sienten las micros a lo lejos, quizá ya dejó de llover. Desde aquí solo se huele el papel; papel añejo, papel muerto que refleja la vida de algún fulano que algún día construyó su hogar. Entre tanto plano no es difícil imaginar.

La luz es tenue. Qué torpe pudo poner esa ínfima ampolleta de 40 watts.
Es evidente que el personaje que construyó este sucucho no pensó jamás en pasar 12 horas diarias sumergido tras estas cuatro paredes.

Han pasado 25 o 26 años desde que llegué aquí, con ganas de entregar, de cambiar el mundo usando este lugar como punto de partida.

De ocho a ocho me dijo Don Olegario. Es sacrificado al principio, pero todo sacrificio es recompensado. Cuán equivocado estuvo, Don Olegario, pensé el día de su funeral. El pobre caballero se pasó una vida entera esperando por un supuesto ascenso que jamás existió.
Paciencia Don Olegario, le decían los de arriba, y el viejo cantaba “Volver”, acoplándose a la voz nasal de un Gardel enfrascado en la radio a pilas que hasta hoy nadie reclamó.

Los treinta años de servicio sólo le fueron celebrados con un pedazo de torta en oferta, en un plato de cartón, momento que sirvió al personal para disfrazar con su orgullo las últimas copuchas del mes. A los pocos meses el cáncer le ganó la batalla.
Era deprimente visitarlo, jamás encontré algún familiar en la gran sala común del Hospital Sótero del Río. Muchos viejitos consumiéndose, como esperando el turno para usar el traje dominguero de su funeral. Olor a cloro, olor a muerte, quejidos que ya no son atendidos, dolores que ya forman parte de ese submundo en el que no existe la luz natural. Mujeres de blanco, damas de rojo, azul y violeta, pocas sonrisas, cero esperanzas.

Es como si llegar a viejo fuese un castigo, una vergüenza para nuestros hijos, muchos de ellos están abandonados desde hace años. Los días y las noches no se diferencian aquí. Permanece siempre iluminado con dos juegos de tubos fluorescentes con 2 polillas achicharradas adentro. La hora solo se calcula por el cambio de turno de las señoras de blanco.

Don Olegario se niega a dormir. Necesita estar lúcido para crear el discurso que dictará el día de su ascenso. Jefe de Conductores, Jefe de Conductores.

Este archivo aún no pierde su olor a tabaco. Los papeles poco a poco se van poniendo amarillos. Mi cara también.

Es como si la propia vida nos diese la espalda, las esperanzas duermen archivadas en algún expediente de algún año atrás.

Si sigue lloviendo me voy a ganar un buen resfriado. Mejor me aseguro con un paracetamol, pero.....dónde habré dejado mis lentes....no quiero equivocarme de nuevo con las tabletas.

Hace tanto que no te veo Max, mi hijo adorado.

Los expedientes del año 73 necesitan restaurarse. No sea cosa que venga ese joven nuevo del tic nervioso a pedirme alguno y yo los tenga en esas condiciones. Mis lentes, donde diablos los dejé.

Te veías tan guapo el día de tu titulación. Mi Max, siempre tan parecido a tu padre, siempre tan lejano como tu padre.

- Acá en los Estados Unidos la vida corre muy aprisa mamá, todo debe estar para ayer. Tal vez en primavera viaje para Chile.

Te extraño Max, me estoy apagando Max, me estoy enfriando casi como la taza de mi té.
- No exagere mamá, usted está como tuna, si parece mi hermana más que mi madre.
El tiempo vuela mamá, adiós mamá, adiós Max, te quiero Max, aló, aló, te amo Max.

Entregué cada peso ganado durante años para la buena educación de mi hijo. Los mejores colegios, el mejor preuniversitario, siempre el mejor alumno de la universidad. Un orgullo que no cabía en mi pecho. Luego el anhelado MBA, envidiable post-grado otorgado al gran abogado titulado con honores.
Mi labor había sido cumplida.

Expediente 53 del año 98. Qué hará archivado en el 99. Estos chiquillos jóvenes que me mandan los Lunes en las tardes solo confunden las cosas.

Tal vez debiera hablar con el del tic nervioso y exigirle mis vacaciones. Los últimos 6 años me ha dicho que mi presencia ha sido extremadamente necesaria. Pamplinas!!!!

Rosita, la recepcionista se fue a Miami, aprovechando una oferta imperdible que la dejó encalillada por 72 meses. Y el bronceado le duró apenas 1 semana.
El del tic viajó al Sur donde sus parientes. Debe ser hijo único, como Max, Max, que pena que estés tan lejos.

Estos lentes ya no me están sirviendo de mucho. Será que esta gente nueva no sabe diferenciar entre el siete y el uno. 71....11....17, cómo saberlo!!!!.

Un día de estos me tomo las vacaciones, a lo mejor hablo con la Rosita, que me dé el dato para viajar a crédito allá a los Estados Unidos.

Sorpresa Max!!!.

Un día los mando a todos a la mierda y me voy con lo puesto.

Habrá dejado de llover?......Por la máquina!, dejé el paraguas en la casa.

Texto agregado el 15-04-2004, y leído por 173 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
05-04-2005 que buena, tus escritos son una maquina que te transporta y que juega con tus sentidos y sentimientos a full, me encanta leerte, que lástima que ya se me estén acbando (empecé de abajo hacia arriba) (5*pra vc) mateoroquesk
03-08-2004 Extraordinario. Y muy bien escrito. venicio
14-07-2004 aaayyy las direcciones de obras!!!!! parko
01-06-2004 Lo tuve que leer vairas veces para darme cuenta que son varias historias enlazadas en una sola, todas ellas hermosas. El texto es muy prolijo y la gramática y la ortografía impecables. Te felicito. Besos. Raymond
19-04-2004 Perfecto, es como si estuviese yo mismo en el archivo. Proyección total. rauesmu
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