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Solamente el amor que sienten los adolescentes le permitía soportar ese olor que él despedía al llegar a verla. Ella, una catalancita preciosa que sobrepasaba los catorce años apenas por unas semanas. Él, un madrileño alborotado y alborotador de casi dieciséis.
Los dos lejos de Barcelona y de Madrid, siendo hijos de los negocios y la política, llevaban en ese entonces sus vidas en uno de esos países tropicales en los que, o bien se tiene mucho o no se tiene nada en absoluto.
De él podríamos decir que mucho no tenía, por tanto, para ir a verla le tocaba caminar largo, bastante largo. Siempre cabía la posibilidad del transporte público, pero poniéndose a escoger entre caminar algo menos o comprar unos cigarrillos, el humo del tabaco siempre ganaba la partida. Es el caso, decíamos, que la caminata resultaba larga, ya apuntamos que era un país tropical, a esto tenemos que agregarle que la hora de la visita solía ser esa en la que se ven visiones sobre el asfalto y que el madrileñito no hacía uso frecuente de los antitranspirantes. Para rematar la situación, dos agravantes, uno que ya anunciamos, el muchacho fumaba, y vaya si fumaba; el otro, que no sabia mucho de higiene oral, es decir, no se lavaba los dientes con mucha frecuencia.
Si, ahora viéndolo con la distancia de los años no me cabe la menor duda, para soportarlo tenía que estar locamente enamorada.
¿De que otra manera?, solo así se concibe que aquella cara tan dulce soportara el vaho maloliente que con cada movimiento del muchacho, brotaba cual demonio del infierno, dando cabriolas desde la sudorosa axila hasta la perfecta, tierna y pequeña nariz de aquel ángel, que por amor, todo soportaba.
¿De qué otra manera?, solo por amor se explica, que aquellos acaramelados ojos, tan tiernos, tan amorosos, soportaran las palabras que salían de aquella boca cubiertas con una sombra venida de lo más profundo de aquel averno que era la boca del muchacho.
Si, si, solo por amor...
Afortunadamente la relación tuvo una corta vida. A las pocas semanas, él dejó de asomarse por aquel lugar y entonces tuve mi oportunidad. Llegué pulcro como cirujano antes de operar, bañado con una inmejorable loción comprada especialmente para la ocasión, los dientes blancos y brillantes como anuncio de televisión, llegué, si, llegué...
No sé por que lo hice, pocas palabras, apenas unos instantes y ella me dijo que me fuese a bañar, que mi olor le daba alergia...

Texto agregado el 16-04-2004, y leído por 113 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
17-04-2004 sin duda preferia los olores "naturales" jajajja, muy bueno yoria
16-04-2004 Anosmia...ese es el diagnostico, creo. Buen relato. Un abrazo. CalideJacobacci
 
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