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Fabio Mascarulo encendió la luz del velador y busco el reloj a tientas con los ojos cerrados, las 4 de la madrugada, nada que hacer, era imposible dormir. Se levanto, el piso estaba helado y húmedo, la habitación estaba impregnada de olor a cigarrillos y vino. En el baño una vela iluminaba apenas, se estaba consumiendo, su rostro en el espejo se perdía entre las sombras y las arrugas. Era difícil mantener su propia mirada, era demasiado joven para volverse viejo, como todo, simplemente sucedía. Se lavo la cara y volvió a la cama, prendió la tele y encendió un cigarrillo.
Era un tipo que no sabia como había llegado allí, solo en una habitación destartalada alquilada. Mirando las paredes como muchos. Sintiéndose él más triste miserable como casi todos y pensando en una mujer como la mayoría.
Ella yéndose, ella volviendo, ella pidiendo dinero, ella dejándolo, ella, ella...

Sus recuerdos eran borrosos, se confundían y mezclaban de pronto era rubia, al momento siguiente morocha, alta, delgada, petisa, tetona, en fin un desastre de memoria, tal vez finalmente se estaba volviendo loco, cuanto faltaría para que olvidara su nombre... ¡bha! no era importante, pasaría o no pasaría, como un camión acercándose a toda velocidad, algo imparable, desconcertante.
A la mierda la memoria, a la mierda ella.

Busco la caja de vino entre las colillas y los vasos de papel, todo era tan complicado últimamente, tan confuso ¿Dónde mierda esta? ¡¿Dónde?!
La encontró y la mato de un solo trago, estaba caliente pero estaba bien.

- Mi amor se fueeeee, ella se fueeeee, lentamente al otro barrio se fue... ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!...

Cantaba horrible, lo sabia, no le importaba. Hace mucho lo había intentado, se metió en una banda de rock, todo estaba muy bien, fumaban marihuana, tomaban cerveza, ellos estaban todos rapados, el en cambio tenia una extensa cabellera negra, ensayaban casi todos los días en una vieja casona del baterista.
Casi siempre estaba borracho, tal vez, por eso no se dio cuenta de nada hasta el primer (y ultimo) show. Las luces de aquel teatro estaban apagadas, el se había tomado una pepa y mucha cerveza, se sentía una estrella de rock, el aire olía a ozono, todos reían con sus ropas negras, subieron al escenario, el llego ultimo, se paro frente al micrófono y espero la señal del baterista para arrancar.

- ¡Un! ¡Dos! ¡Tres! ¡Cua!

Las luces se encendieron en un resplandor, el tenia los ojos cerrados, estaba nervioso, la banda sonaba como nunca, era su momento de cantar, abrió los ojos y vio a todo el publico debajo.
Estaban todos rapados.
Vio como elevaban estandartes con la cruz bastica, fotos de Hitler y pancartas racistas.
Vio, como pateaban a un morocho y vio su vomito salir para estrellarse contra el micrófono.
Termino la canción, se fue al costado del escenario mientras el guitarrista cantaba la siguiente canción, eso ya no le gustaba, de pronto un par de manos en los hombros, otros dos cabezas rapadas.
Lo levantaron, uno de los brazos el otro de los pelos, grito pero la música tapaba todo, ellos reían y reían. En el camarín lo tiraron al piso, había muchos neonazis allí, todos tenían los ojos inyectados y tijeras, Hitler estaría muy orgulloso.
Lo patearon en la boca del estomago y se doblo en el suelo allí mismo, después una chica (también rapada) lo escupió, dijo:

- ¡YAAAAAAAAA! – era un grito agudo, como la frenada de un auto

Todos comenzaron a patearlo, era un dolor mudo, la música sonaba y sonaba, lejos, cerca, se cubría la cabeza como podía hasta que una mano lo volvió a agarrar de los pelos, lo levanto del suelo y corto el mechón, volvió a caer mientras sentía las tijeras acercarse.

Cuando todo termino el también estaba rapado, masacrado, desahuciado y algo se había roto en su cabeza pero no recordaba que.
De los neonazis no supo nada mas, con el tiempo el pelo creció pero su cabeza lo torturo una buena temporada con puntadas y mareos.

No volvió a cantar con ninguna banda, sin embargo aun hoy, le resultaba estimulante y mejor aun, recordaba las letras de muchas canciones.

Pero de eso, de eso hacia mucho tiempo ahora se sentía un viejo de mil años perdido, un viejo solo de un millón de años en una habitación alquilada, intentando cantar un vieja canción que ya nadie recordaba.

La tele chillaba demasiado, la apago y comenzó a vestirse, a lo lejos escuchaba gente cogiendo, el no cogia hacia mucho, hasta eso parecía difícil. Ella lo hacia bien y de todas las maneras, lo ponía en Marte casi sin querer, mierda que la extrañaba.
Se quedo con el cinturón a medio prender, pasaron un par de minutos pero no, no había manera, no podía recordar por que lo había dejado, o tal vez, el la había dejado, era un tipo con poco que agradecer en su rostro pero así y todo el había dejado a un par de minas alguna ves, ¿Podría ser posible? ¿ O no? Y... si... ¿Si ella en realidad nunca había existido? ¿Podría ser?
Demasiado, demasiado, era imposible, no lo recordaba. así era cada día, olvidando algo mas, las llaves, la campera, el vuelto, ¡mierda! Algún día de estos terminaría saliendo a comprar el pan en pelotas.
Termino con el cinturón (al menos estaba vestido) abrió la puerta y salió a la calle.
Fue a un café y se pido una cerveza, mientras el mozo se iba a buscarla reviso en sus bolsillos, si, la guita estaba, no recordaba cuanta pero eran muchos billetes.
Dónde estaría ella, tal ves en lo de su madre (¿o era su tía?) tal vez con otro tipo, no importaba, ella no estaba. ¿Cuánto hace que estaba en esa pensión de mierda? ¿había estado siempre ahí?
Llego la cerveza, estaba fría, busco un cigarrillo pero no tenia fuego lo dejo en la mesa y se puso a mirar por la ventana. La tormenta que amenazaba con largarse se había largado, pero de forma frustrante, era solo una puta lloviznita molesta, que provocaba mas humedad todavía, uno sentía que los pantalones se volvían calcomanías.
Hacia un año que no trabajaba, retiro por incapacidad, ¡Ja! Tomen esa putos. Cobraba por rascarse el culo todo el día (al menos mientras recordara donde estaba) busco en su bolsillo izquierdo y saco un recorte de diario, estaba amarillo, sucio y roto, decía:

JUCIO AL HOSPITAL PUBLICO POR NEGLIGENCIA
DOS BEBES PERDIDOS

En la noche del viernes a las 10: 38 nacieron mellizos en el hospital publico, su madre falleció en el parto y ambos bebes fueron trasladados a la sala de maternidad en dos incubadoras, cuando su padre Pablo Urrutisaga fue a verlos no estaban.
En medio de una situación caótica el padre comenzó a preguntarles a las enfermeras, luego a los médicos y finalmente al director del hospital. Nadie le supo decir que había sucedido o donde estaban los bebes. En un comunicado oficial enviado a este periódico el director se refiero al echo como “Inaceptable” y dijo que se tomarían todas las medias para aclararlo. Mientras tanto el señor Urrutisaga ya esta tomando medidas judiciales por negligencia contra el hospital. El juez del distrito de...

Ya habían pasado cuatro años de esto, nadie sabia nada, pero el fue retirado del su puesto de enfermero en el hospital una semana después por incapacidad. No lo llamaron culpable, ni nada, todos sabían que el tendría que haberse retirado hacia un año por este problema. Entonces el hospital, intentando cubrirse el culo le dio una buena cantidad de billetes y una jubilación de privilegio para que no moleste a nadie.
El no pensaba molestar, pensaba descansar, no recordaba si había estado o no en ese parto, mucho menos aun a los mellizos.
Aquel día se fue temprano, (¿a su casa o a la pensión?) compro una botella de buen vino y un habano, LoreTa (¿Lorena?) estaba en lo de su tía (¿o su madre?) prendió la tele puso el canal de las estrellas y se hizo una paja con alguna que otra actriz secundaria, después, se durmió.

La cerveza estaba sin gas, demasiado divagues, demasiado de ella, seria una noche larga y cada recuerdo le liquidaría otros. Nada que hacer, era inevitable, todo se desgastaba y estropeaba, como coches descuidados tirados al sol, oxido en el alma, viejos supersports de otros tiempos volviéndose reliquias.
Todos estábamos en envejecer y eso no tenia arreglo. Pidió otra cerveza dudando si en realidad no le habrían traído esta sin gas o había pasado demasiado tiempo desde que se la trajeron. Palpo sus bolsillos, tenia guita, con eso todo podía seguir, de eso no se olvidaba.

A cincuenta kilómetros de distancia una mujer llamada Lorena estaba muerta en su cama matrimonial, hacia mucho que había dejado de respirar y llorar sin poder entender adonde había ido su marido luego de discutir.
Lo había escuchado en la cocina calentándose algo, después de discutir siempre le daba hambre, mas tarde volvía a la cama, hacían el amor y el olvidaba (nuevamente) todo. La discusión era siempre la misma, su antiguo amante, el portero del edificio. Había sucedido hace años pero Fabio lo olvidaba, para el había sido ayer, para el todo era ayer, y ella convivía con eso todos los días.
Pero hoy no había vuelto a la cama, sintió la puerta cerrarse, escucho el auto yéndose, no tuvo fuerzas para levantarse, espero quince minutos, media hora, llamo a la policía y les explico la condición de su marido, les dijo:

- ¡Es como un niño señor oficial! ¡No va a saber volver! ¡Olvida casi todo rápidamente! ¡Por favor señor búsquelo!

El oficial al otro lado de la línea, le respondió que no se preocupara, pero que debían esperar veinticuatro horas para declararlo perdido, ella continuo con su lamento y el le dijo que de todas formas avisaría a todos las unidades que estuvieran al tanto del asunto, después de cortar volvió su atención a la revista de deportes. Estaba de guardia, estaba solo, eran las dos de la madrugada, su novia lo había engañado, Boca había perdido y el marido de esta boluda era muy probable que estuviera en algún cabarute pasándola mejor que el.
Tenia demasiadas cosas en mente, estaba muy cansado, comenzó a bostezar y se olvido del asunto.

Lorena se sintió vacía, desolada y rompió a llorar.
Poco a poco entre llantos, el sueño la fue venciendo.

En la cocina la olla de fideos había hervido hacia un par de horas, el agua en ebullición la había rebalsado apagando la hornalla.
El gas, lentamente había llenado la cocina, luego atravesó la puerta del dormitorio y llego hasta esa mujer que lloraba en la cama.

Mas tarde,
un perro aullaba tristemente,
había olvidado en donde había enterrado sus huesos.

Texto agregado el 16-04-2008, y leído por 72 visitantes. (0 votos)


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