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Inicio / Cuenteros Locales / larmdo / Crónicas de la llegada de la bestia (parte 1)

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Presurosamente corrí al lado opuesto del cortejo, aunque mi intención era estar presente en la despedida póstuma, mi corazón me indicaba huir hasta lo más alto de la montaña, sentarme tranquilamente a contemplar la oscuridad del firmamento, ahuyentar los temores que invadían mi cerebro…

En esos momentos deseaba haber nacido con alas y comenzar a surcar el firmamento, salir en busca de soluciones, aunque las respuestas fueran confusas… Repase una y mil veces los ¿Por qué? Que mi confundida mente repetía, quería llorar, pero mis ojos estaban secos, quería gritar mi odio al infinito, pero mi boca era atascada por el silencio. Aun no comprendía lo que estaba ocurriendo… Atormentado, camine hasta el acantilado, respiré algunas veces y terminé tomando la decisión que creí correcta. Cerré los ojos mientras la naturaleza guardaba respeto ante mi silencio… Mas sin embargo un estruendoso sonido rompió mi concentración, caí estrepitosamente, era como si mil trompetas sonaran al mismo tiempo.

Una vez en el suelo, miré nuevamente el firmamento y mi temor aumento, pues observe a la bestia surcando el aire, llore intensamente, pues me di cuenta que 10 primaveras no habían servido de nada para cambiar el corazón de los aldeanos, sabia que su flojera, mentiras y peleas constantes, habían despertado nuevamente a la bestia. Las lágrimas cubrieron mi rostro, mientras mi corazón se despedazaba al sentir todo perdido… Comencé a implorar, pues sabía que la profecía estaba a punto de comenzar, algo muy dentro de mi cabeza replicaba.
-No temas ya…
Piensa en luchar.
Recuerda que ya te he dado el poder, eres aquel por quien estoy dispuesto a dar la vida,
No llores más… Piensa en vencer,
Canta pequeño, aunque la muerte amenace en volver,
No trates en entender, piensate fuerte, no dejes de creer…
Yo te amo a ti y en el crisol, yo te forje y a piedra y palo yo te eduqué.
Traté de esconderme para que no me viera, entre la confusión de la bestia y mi temor, me volví a incorporar y Salí corriendo del lugar en dirección del desierto, pero medite mejor las cosas y decidí volver a la aldea, quizá algunas personas seguían conservando su sencillez. Trate de quitar de mi corazón todo rencor, de olvidar todas las ofensas que me hubieran hecho… Recordé durante el camino como había llegado hasta el poblado, como con alegría había comenzado desde la nada, como trate de enseñar los que me habían enseñado los dioses. ¡En verdad que fue duro!, Pero había valido la pena… Mientras recorría el camino, los resentimientos invadieron mi corazón, volví a sentir el dolor y las burlas de los aldeanos, comprendí que era inútil correr a advertirles del peligro. ¡Seria mejor que murieran!

Pensé mejor las cosas y corrí más aprisa… Al llegar a la entrada de la aldea, corrí en busca de la vieja traductora de los idiomas extranjeros, pensé que ella seria la persona indicada para ayudarme, llegue hasta su choza, pero al levantar la tela que cubría la entrada, mire como era seducida por una de la cabeza de la bestia, era engañada y extasiada sin darse cuenta de lo que sucedía.

-Tanto tiempo espere tu llegada, te amo y estoy dispuesta a dejarlo todo por estar junto a ti…
¿Qué hacer? ¿A quien acudir?, Corrí en busca de ayuda, pero todos los habitantes estaban siendo engañados… Pocaa, la historiadora, Raon, la encargada de los rituales… Todos eran presa del encanto de la bestia. ¿Y ahora que haría para terminar con la pesadilla?

¡Creo que ya no hay nada que hacer!, La bestia con sus encantos y artimañas, destruía lo que durante años habíamos forjado. Escondiéndome y esperando la penumbra de la noche, para salir. Pensé una y mil veces la estrategia correcta para vencer, recordé los viejos tratados de magia que me eran obligados a leer durante mis primeros años de aprendiz, de cómo intentaba sobresalir del grupo, de cómo el maestro truncaba mis ideas con un “TEN CALMA”, ¿Y ahora? Todo terminaría, pues la sutil bestia era adorada por todos…

Pensar, crear y entonces acertar,
Vencer, medir y el mundo construir,
Recordar, sentir que el hoy ya va a morir
Esperando en que termine para no hacer nada
Y sentarme a aplaudir.
Recordarme a cada paso lo que soy
Para entender lo que fui y evolucioné,
El saber que algo aprendí,
Para ayudar a los demás para creer en si.

¡Lo tengo! (Grité emocionado) “Calma”… Ya no correría más en busca de ayuda, dejaría que la bestia llegara hasta a mí, me dejaría seducir… Así que tomé solo mi tenue capa y salí a buscar a mi adorado enemigo. Llegué a la lúgubre plazoleta, tomé asiento y esperé… Mientras tanto, recordé a mi familia, en los cuidados que m dieron, en que los había abandonado para seguir mi sueño, ese sueño que devoraba mis sentidos, estaba hambriento de sabiduría, de dejar de ser un “común” y de conocer el mundo conocido. Por un momento, olvidé mi dolor, mis lágrimas, la impotencia de no llegar a mi meta… En mi cabeza solo revoloteaba el terminar con el terror de la bestia, pues por mucho amor y seducción que expresaba, terminaría con mis “amigos”.

El frio viento recorría la plazoleta, mi inerte cuerpo resentía su acción, de pronto un fétido olor cubrió mi rostro… Era una de las cabezas de la bestia, la más autóctona, de rasgos gruesos y de apariencia tonta. Con temor en mi corazón, me levante de un movimiento, y sin pensarlo pregunte… ¿No me recuerdas? Soy tu fiel servidor, recuerdame, soy quien te cuido de la furia de los pobladores, recuerda te mostré mi amor… De pronto frunció su faz y empecé a notar que no tenia memoria, que todo lo que repetía era “si lo sé”. Mientras las demás cabezas observaban el horizonte, tuve tiempo de seguir con la conversación… Bien amigo, que bien que recuerdas y en muestra de mi aprecio te brindo este pequeño obsequio… Saqué de entre mis ropajes una cantidad necesaria del veneno que utilizaban los aldeanos para aniquilar a las ratas. Prueba, acerqué mi mano a su hocico, y de un solo bocado terminó… Como pude salí en busca de una guarida y desde lo lejos observé como se desplomaba ante el asombro de sus hermanos… “Contaban los ancestros que aunque compartían un solo cuerpo, sus gustos así comos sus intestinos eran diferentes y separados”.
Había muerto… Gruñían y chillaban desconsolados, no entendían que había pasado… Entre las dos cabezas restantes de la bestia, comenzaron a devorar la cabeza sin vida de su hermano… había terminado con la mas tonta, su debilidad había sido el no tener memoria.
Aun con temor, me escondí en las tinieblas de la oscuridad, solo quedaban dos cabezas, ¿Cómo terminaría con ellas?... Ya no había tiempo, así que sólo contando con la lógica, decidí actuar. Recordé que los aldeanos comentaban, que la última vez, habían vencido a la bestia con una palabra: “NO”. Traté de comprender como era posible el derrotarla fácilmente, quizá hace diez primaveras, era todo diferente, pero ahora su forma de pensar era distinta. La fría noche continuaba, la cabeza derecha dormitaba, era el momento justo para vencer a la bestia… Pensé una y mil veces la forma correcta, debía ser astuto, pues de lo contrario, terminaría entre sus fauces.

Texto agregado el 21-04-2008, y leído por 103 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
21-04-2008 vociferantes fieras de felpa tan metidas a calderos de gengibre no son recomendables en situaciones quijoescas aunque de negro se pinte el lirón Chancho_Mental
21-04-2008 Muy interesante, original, me gustó mucho porque se asemeja a muchas historias épicas, con heroes, bestias, y con una lucha en el interior de cada persona. al menos así fué como lo entendí yo,además que me dejaste con la intriga. te felicito... mis 5* liruviel
 
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