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UN BUEN FINAL

Para él era un buen día. Había pasado meses y meses malísimos con su enfermedad, esa extraña enfermedad con nombre de alemán enfadado, de las que pocos habían oído hablar y menos aun sabían como tratar. Sí, una temporada malísima, pero por fin ahora se acababa y él podría seguir. Veía la luz, veía el final. Un buen final

Todo había empezado hace aproximadamente un año. Estaba tan normal y de repente unos dolores terribles, incisivos, sorprendentes le atacaban. Era un dolor en la parte derecha de la cabeza, un poco por detrás de la oreja y del ojo. Era un dolor extraño y curioso que tenia varias formas de manifestarse y que se presentaba un día, duraba un par de horas, un par de días seguidos y luego se iba. La primera vez no le dio demasiada importancia, le dolió bastante, pero como se le fue…En fin, no pasaba nada, pero después de que aquello ocurriera un par de veces empezó a asustarse. Además cada vez los dolores eran más intensos, duraban más días y tardaban menos en aparecer.

Así pues, fue al médico, bueno mejor dicho, fue a varios médicos, les explicó que le daban dolores, en el lateral derecho de la cabeza, como por detrás del ojo, también les dijo que esos dolores le aparecían, le duraban unos días y le desaparecían, nadie sabía que era, migrañas, cefaleas nerviosas…Le hicieron un par de radiografías y allí no salía nada. Ningún tipo de medicación conseguía calmarle aquellos dolores cuando les daba por aparecer. Ni aspirina, ni paracetamol, ni siquiera los diversos derivados de los opiáceos (maravillosos amigos de los convalecientes) que le fueron dando cuando era evidente que aquello no era un simple dolor de cabeza.

El caso es que seguían sin saber que era, en las radiografías no salía nada, y ya sabemos como es la sanidad española, para conseguir que le hicieran pruebas tan simples como un tac o un encefalograma tuvo que hacer verdaderos esfuerzos, pedirlos, volverlos a pedir, explicarlo de nuevo y hasta fingir vértigos y mareos. Finalmente consiguió que le hicieran las dichosas pruebas…Pero nada, allí no aparecía nada.
¡Qué alivio!! Por un momento había llegado a pensar que lo que provocaba los dolores pasajeros era un tumor o algo parecido…No sabía él que con el tiempo casi habría agradecido que fuese un tumor, al menos así habría habido algo contra lo que luchar y diversas técnicas de defensa/ataque quimioterapia, radioterapia, cirugía…

Y siguieron pasando los meses, ahora él ya se estaba acostumbrando a aquello y hasta sabía cuando le iba a dar, digamos que el dolor, le avisaba antes de una de las crisis. Lo cual no era un consuelo, pero al menos podía prepararse. Empezó a clasificar los síntomas. Durante el día solía encontrarse bien, a eso de las 20:30 horas aproximadamente el dolor le avisaba del ataque inminente, y una hora después lo tenía allí. Ahora tenía esos “jodidos” dolores clasificados: Estaba el corazón acusador de Poe. Que era una presión constante y latiente en el punto indicado, pum. pum pum, pum…Estaba el globo hinchable, sentía como la presión crecía y crecía, esta presión iba a compañada de cierta densidad mental, veía el mundo a través de una neblina, y esos eran los débiles, los soportables…Luego venía la broca del dos. Perforando, perforando…Esta tenía sus variantes la broca de 8 y la broca ardiente. En otro término tenía el latigazo, ese era diferente, repentino y sorprendente, no era tan constante como los otros. Pero menos mal, porque era tan doloroso, que a veces se le saltaban las lágrimas del dolor.

Las crisis continuaban viniendo y yéndose, y él seguía soportándolas, aunque estaba cada vez más preocupado. Un día El misterio se solucionó, de la manera más inesperada y sorprendente, porque la vida tiene esas cosas, te da las soluciones cuando menos las buscas, estaba en el hospital con su abuela que estaba enferma; De pronto le comenzó una de sus amiguitas dolorosas, y empezó a taladrarle la cabeza y a lagrimearle el ojo, el dolor era bastante fuerte, y el médico se fijó, le hizo un par de preguntas y le comentó que él había oído hablar de una enfermedad que parecía encajar con sus síntomas, pero que mejor que viniera otro día y así podrían ver si realmente los síntomas coincidían y hablar con más calma.

Estaba loco de contento, alguien que parecía saber que tenía y que además le hablaba con propiedad, y quería ayudarle. ¡Por fin una buena noticia!!
El médico le pillaba algo lejos, pero hubiera viajado al fin del mundo por saber qué era exactamente lo que tenía y qué debía hacer para remediarlo. Así pues, una mañana muy contento se fue a la consulta del médico, éste le preguntó por los diversos síntomas, dolor pasajero e intenso, lagrimeo del ojo, mareo, malestar general, pesadez de la cabeza, cambios de humor…finalmente le dijo que lo que parecía tener era…”Cefalea de Horton ” Era una enfermedad poco común, poco conocida y de difícil diagnóstico. Cuando él estaba más contento porque ya sabía qué era, vino la parte divertida: No tenía cura, ni prevención ni alivio.
La llamaban también cefalea en racimos, porque se presentaba en crisis o racimos, ningún tipo de medicamento la previene o la alivia. Y el pronóstico es de mantenerse o agravarse, nunca de disminuir. Solo le quedaba resignarse aguantarse y hacer vida normal en los periodos sin dolor.

Él pensaba que eso no era así, ahora que sabía lo que tenía podía buscar más información, y encontrar a alguien que pudiera ayudarle. Seguro, tenía que haberlo.
Lo que él no sabía es que estaba en la fase 2 de una experiencia traumática: Shok, negación, ira, depresión y aceptación. Ahí estaba él negando la evidencia, “seguro que encontraré a alguien que sepa como se cura esto, seguro”.

Buscó ayuda, vaya si la buscó, fue a varios médicos y nadie sabía nada o lo poco que sabían era lo que ya le habían dicho y aquello siguió su curso. Con el tiempo las crisis empeoraron y “El alemán” como el le llamaba irónicamente le visitaba con más asiduidad. Pocas personas sabían lo que tenía (no quería preocuparlas) y menos aun sabían en que grado le afectaban.

Solo había una persona que sabía con bastante exactitud como le afectaba “HORTON el terrible”, Ella era su compañera, su amiga, su amante…era divertida, inteligente, buena, aunque le encantaba ir de mala y se le daba muy bien. El sexo era muy muy bueno y lo pasaban bien juntos. Cuando la relación parecía ir hacia delante, cuando los sentimientos parecían estar arraigando, le vino la peor crisis hasta el momento. Le dolía todos los días con un dolor muy intenso, apenas dormía y en lugar de unos días duró semanas. Estuvieron un tiempo sin verse, porque él no tenía ganas, pero también, porque no quería que le viera así, una cosa era contárselo, que hasta le ayudaba, pero no quería que le viera, no quería preocuparla y su orgullo afloraba también. Un día se dejó convencer y ella fue a pesar de que sabía que esa noche habría fiesta, cenaron juntos, charlaron y ella le hizo un masaje en la cabeza que parecía que le aliviaba cuando el dolor no era muy intenso, sin embargo, en un momento en que ella masajeaba la cabeza de él apoyada en su pecho…Le dio un latigazo de los buenos, muy muy fuerte, ella notó que se encogía del dolor y que escondía la cara en su pecho, estaba llorando, del dolor, de la rabia, de la frustración (fase 2 ira) Ella siguió masajeando, le consoló. Y cuando él dijo que por eso prefería que no viniera, le respondió que estaba también allí para eso, que no quería ser excluida, quería vivirlo todo con él. Pareció relajarse, se dejó mimar y las caricias parecieron aliviarle algo. Durmieron juntos, abrazados, pasó muy mala noche, pero cada vez que despertaba ella estaba allí para ayudarle, era agradable, vergonzosamente agradable, poder dejarse mimar y depender así de alguien, hacía mucho tiempo que no lo hacía.

Al día siguiente la luz del día le hizo ver las cosas diferentes, había sido muy tierno y agradable, pero, nunca más volvería a ocurrir, él no podía permitirse depender así de alguien. Además no quería que ella se preocupase por él, no era justo, que una relación que estaba afianzándose ya tuviera esos problemas. Lo habló con ella y ella le reiteró que lo quería todo, lo bueno y lo malo, y que prefería estar con él que preocupándose por él y sin poder hacer nada. Él se medio convenció un poco y llegaron a un acuerdo: Él no la alejaría a pasar del alemán excepto en las pocas ocasiones en que realmente necesitase estar solo, porque el dolor hacía que le molestase hasta pensar, hasta oír la respiración.

El viernes tenía cita con un neurólogo muy bueno, que parecía que sabía de qué iba el tema, ya no confiaba en curarse, pero sí quizá en aliviarse algo, había pasado de fase: depresión, llevaba semanas con esta crisis, cada vez peor, y ya veía que nada servía, estaba muy deprimido, porque le estaba afectando la vida laboral (se sentía algo mejor en el día, pero era difícil trabajar sin dormir) y a su vida personal, a penas salía, apenas veía a nadie….

Ese viernes se encontraba peor que nunca, no creía que pudiera conducir hasta el neurólogo, lo comentaron y ella se ofreció a llevarle, él le dijo que era una gran persona, que pensaba mucho en ella y en cierta manera, a su manera, le dijo que la quería. Durante el día se fue sintiendo mejor y le dijo que mejor iba solo, que ya podía conducir y que hablaban esa noche.

Esa noche le mandó un mensaje, que estaba muy mal, que prefería no hablar, el mensaje fue seco, duro, triste, sonaba a despedida, la fase de la depresión estaba golpeando fuerte. Ella se sintió dolida, aturdida, excluida. Su intuición, le decía que ese mensaje era una despedida y que él la estaba sacando de su vida. Ella le quería mucho, quería estar con él, reír con el, llorar con él, luchar con él. Pero sabía que no iba a poder ser. Trató de pensar que era una paranoica, que mañana hablarían y él le diría que solo tuvo una mala noche.

El sábado le llamó, el le dijo que el neurólogo le dijo más o menos lo que ya sabía, más unas cuantas cosas más, que le hundieron aun más en la miseria, le dijo que se buscase un psicólogo para afrontar aquello, porque apenas acababa de empezar (¿Cómo sería lo siguiente si esto solo era el principio?) También le dio un folleto con algunas explicaciones muy divertidas y esperanzadoras, esto último lo dijo en un tono cínico, que normalmente le gustaba, pero que esta vez le asustó.
Ella le pidió que le explicase el mensaje y, efectivamente, no se había equivocado, él quería dejarlo. Le dijo un montón de tópicos para tratar de no hacerle el daño que sabía que le estaba infligiendo: Que si ella era perfecta, que si era para no meterla en follones, que no quería que se preocupase, que él no tenía la cabeza para esas cosas. Que ella merecía algo mejor… De nada sirvió que ella alegase, que no quería algo mejor, que le quería a él, De nada sirvió que le pidiera que no la excluyese. No suplicó, sabía que no servía de nada, y su comprensividad (a veces excesiva) le indicó que aunque le doliera, él lo hacía por ella y que aunque no era justo que no le dejase decidir, la cosa estaba acabada. Quedaron como amigos, él colgó y ella se quedó allí con el corazón roto, sin saber como de un día para otro pasó de ser la mujer más feliz del mundo y al día siguiente, sin hacer nada estaba sola, sola, sin poder luchar…

Estuvieron un par de semanas sin hablar, él seguía igual o peor, a veces el dolor le aflojaba las piernas, se las volvía como de goma, era muy incómodo, pero al menos en esas ocasiones la cabeza le dolía menos. Su depresión era galopante. Había alejado a la única persona, que sabía lo que pasaba y que le ayudaba algo. Se sentía triste, solo desgraciado. Y encima de vez en cuando releía el folleto que le había dado el neurólogo, para revolcarse un poco más en su desdicha: “El dolor suele iniciarse alrededor del ojo. Los sufridores lo describen "como un clavo o un cuchillo que apuñala o que perfora" el ojo, o como si alguien "le intentara arrancar el ojo”.” Esta era una de sus frases favoritas, claro, que ésta otra tampoco estaba mal “el dolor de cabeza de la CR es probablemente el peor dolor que los seres humanos pueden experimentar.”

Recorrió diversas páginas de Internet y foros hablando con gente con su problema, todos decían lo mismo, hay que tener paciencia, aguantarse… Era muy esperanzador, divertido. Varias personas le habían dicho, que en los peores momentos habían pensado en suicidarse, y que algunas personas lo habían hecho lo que le recordó otra parte del famoso folletito “es el "dolor de cabeza del suicidio" - por razones obvias (el hecho es que más de la mitad de las víctimas lo han considerado”

A las pocas semanas se la encontró en el Messenger, habló con ella, le pidió perdón por haberla tratado así y le comentó sus nuevos y bonitos conocimientos sobre la enfermedad, también le mandó el folleto, para compartir eso con ella, seguía siendo la única persona a la que le podía contar esas cosas, pero ambos sabían que no iban a volver, él tenía que estar solo. Ella le dijo que seguía siendo su amiga y le pidió que no jugase con eso, porque le podía hacer mucho daño.

Así pasó algo más de tiempo, la crisis remitió por fin, había durado casi un mes, las más larga y más fuerte de su vida. Ahora sabía a lo que se enfrentaba y aunque no tenía salida, la depresión estaba desistiendo, había pasado a la fase d aceptación y búsqueda de soluciones realistas. Quedó un par de veces con ella, le gustaba su compañía, le divertía, le cuidaba y no le compadecía, al contrario le metía “caña” si el mismo se compadecía, le hacía mucho bien, aunque sabía que también se hacían daño al verse y no poder dar rienda suelta a sus sentimientos, sus pasiones.

Su búsqueda de soluciones continuó, probó a inhalar oxígeno y algo le ayudó, no era la solución definitiva, pero le aliviaba un poco los dolores y eso era de agradecer. Pero no era lo que andaba buscando, en algunos foros varias personas le hicieron una recomendación al principio no lo vio muy claro pero poco a poco se dio cuenta de que era la solución, la salida. Claro, ellos llevaban más tiempo sufriendo con el alemán este y sabían de qué iba.

Una noche soñó, soñó que aplicaba la solución y que era el fin de sus problemas, de los dolores, del sufrimiento de la frustración y la soledad…Soñó y el sueño fue maravilloso, así es que tomó la decisión de llevar a cabo lo único que podía hacer. Era un buen día, veía la luz. El final de sus problemas.

Llamó a sus amigos, a su familia y quedó con ellos, ahora que sabía que todo se iba a solucionar podía disfrutar de la compañía, rió y se divirtió con ellos y ellos estaban felices de verle tan bien.

La llamó y quedaron. Era maravilloso saber que todo se iba a acabar y poder hacer las cosas que hacía tanto que deseaba. Se fueron a bailar, disfrutaron la noche, rieron, sudaron y escandalizaron ligeramente a la gente con sus bailes delirantes, se divertían como niños y reían como locos, estaban muy cerca de la felicidad… Luego fueron a su casa. Allí, desataron las pasiones e hicieron aquello que hacía tiempo deseaban, hicieron el amor, no solo tuvieron sexo. El se ahogó en sus ojos azules, ella le susurró suspiros al oído, el se perdió en el oro de su pelo, ella viajó por su espalda. Se sumergieron juntos en el placer y emergieron saciados y satisfechos. Después estuvieron hablando hasta el amanecer, abrazados, como dos cucharitas en el cajón, cómodos, felices, le aseguró que todo se iba a acabar, que le quería y que quería que fuese feliz, que nunca más tendría que preocuparse del dolor, que se acabó, junto con el miedo…
Se durmieron abrazados. Cuando ella despertó él ya no estaba a su lado. Solo una nota: “Te quiero, fui a arreglar esto. A ponerle fin al dolor” Ella estaba feliz, aunque algo le preocupaba.

Salió a hurtadillas de su casa, no quería despertarla, sabía lo que le costaba dormir y la falta que le hacía, además aquello debía hacerlo solo. Cogió la moto y se enfiló a la cala dónde practicaba buceo de vez en cuando, la cala dónde la llevó a ella el primer fin de semana que pasaron juntos. Una vez allí se puso el traje de neopreno, las gafas, aletas, tubo, pesos y se lanzó al agua, hacía tiempo que no buceaba por culpa de Horton, pero ahora que sabía que se acababa para siempre podía hacerlo…Fue sumergiéndose cada vez más, nunca había bajado tanto, el paisaje marino era impresionante, y relajante, solo allí, se consideraba capaz de no pensar.
Sus pulmones le avisaban de la falta de aire, pero él no hizo caso y siguió bajando, hubo un momento en que sus piernas empezaron a moverse de forma instintiva porque se estaba quedando sin aire, pero ya daba igual. Estaba demasiado lejos, no llegaría nunca arriba. Aquello estaba bien, muy bien, era el final del dolor, del sufrimiento, el único final. Vio un banco de peces de colores y una estrella de mar al fondo se acordó de ella, sí, para ella también era bueno, no lloraría más por él, no se preocuparía más. Era el final. Un buen final.


Texto agregado el 19-05-2008, y leído por 238 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
27-05-2008 Lo disfruté al leerlo en casa, lo disfruté al leerlo ahora aquí, reviviendo las emociones que me iba provocando, para mí el logro está en esa aparente frialdad necesaria para no entrampar en un mero drama, y que la historia sea la historia yel final, el alivio. Me gustó mucho y agradezco haberte podido ver leerlo... y por momentos escucharlo. Tu presencia en el texto con viva voz le dio la emotividad que puede aparentar le falta al leerlo aquí. Privilegio que hemos tenido algunos. Un abrazo nuestro. Adriana cromatica
25-05-2008 Empecé a leer y me persuadió tanto el fervor y la minuciosidad descriptiva del relato que sentí el dolor de cabeza como propio. Todo dolor del cuerpo lo es también del alma. azulada
20-05-2008 El drama está en el hecho, las palabras que empleas son palabras descriptivas que llevan al desasosiego del final. Me encantó escucharlo de tu propia voz. ***** graju
20-05-2008 Emotivo, quizás el mérito es lo que dice el Tabano. No se dramatiza demasiado pero poco a poco te va metiendo una sensación de angustia hasta que el "final feliz" te hace descansar. Leído por ti en Valencia fue todavía mejor. roberml
20-05-2008 Aunque de final previsible, es una historia bien desarrollada. Quizás, la descripción del protagonista sea algo esquemática y el texto un poco frío, cuesta encontrar reflejado el sentimiento de angustia que debe haberse ido apoderando del enfermo hasta llegar a su decisión final. 5* el-tabano
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