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Llegó absolutamente descansado de haber recorrido 300km a pie en tan solo unos minutos. Una vez que hubo entrado en su morada, dejó la bolsa llena de utopias recién cazadas, se acercó a la alacena y sacó unas margaritas. Colocó una pava sin mango sobre el fuego frio y una vez que hubo hervido, vertió el elixir de lagrimas no derramadas en una taza del tamaño de un dedal. Tomó las margaritas, las deshojo sobre su gran taza a modo de condimento, caminó hacia su salon de no estar y se sentó comodamente en su escritorio vacío.
Barrió con su brazo todos los objetos que le molestaban para hacer su tarea diaria, sacó de un cajon cerrado con una llave que no se inventó la máquina de escribir sin teclas y cuando estaba a punto de escribir la mejor obra maestra que sabía que no iba a concebir recordó subitamente que no había corroborado su correo. Se trasladó a la puerta de entrada que estaba en la parte trasera de su casa y recogió las cartas que habían caído por la ranura cerrada a cal y a canto. Mientras que llevaba su correspondencia de nuevo a su salon una mueca se instaló en su rostro, se había servido mucho té. Se reacomodó nuevamente en el escritorio que volvia a estar lleno y empezó a desechar cartas vanas. Publicidad, Premio, Mención especial. Se detuvo en aquella que olia a frio de invierno en una noche de verano. La abrió y la releyó varias veces. Frases como: "Viajo en burbuja, pero estoy cada vez mas cerca del suelo"... "Iba descendiendo en un campo lleno"... "Juegos un tanto avanzados" se grabaron a fuego en su mente tan solo durante unos segundos. Creía recordar que le había advertido en silencio y en volumen muy alto (quizas demasiado?) que la respuestas a sus misivas podrían traer consecuencias imprevistas, aún así ella decidió participar del juego sin reglas. Se bebió su infusion de un trago, garrapateó una respuesta que no iba a enviar en la máquina de escribir sin teclas y se preparó para entrar en una noche sin sueños donde
probablemente se reencontraría con ella. Solo así podría avisarle de los peligros a los que se estaba acercando. Aunque quizás, y solo quizás, fuera él quien la estuviera guiando a ellos.

Texto agregado el 22-04-2004, y leído por 357 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
28-12-2005 Extraño y confuso. Cabezadeaborto
29-06-2004 Probablemente esta es una antinarración de antihechos probables... Probablemente los otros que lo leyeron no se animaron a comentarlo!!! Este es un anticomentario... Paulina
 
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