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Una prostituta laboraba como era de acostumbrarse en la esquina de siempre, y de repente encontró olvidada en el suelo una hoja de papel con algunos signos impregnados en ella. A duras penas consiguió leerlo, y mucho después entenderlo. El dueño de aquellas letras la enamoró profundamente, haciéndose prometer a sí misma llegar hasta él y ofrecerle sus mejores servicios, como nunca lo habría de hacer con alguien, pues alguna recompensa debería tener el hombre aquel que se hacía llamar poeta y que lograba hacer sentir con muy poca tinta hacer sentir a cualquier mujer dueña de todo lirismo existente, en especial a ella., acostumbrad a las palabras sórdidas propias de su labor. Sin pensarlo mas se deshizo de sus enseres y hubo de atravesar el océano para localizarlo. Después de unas cuantas averiguaciones la mujer lo encontró, y en el mismo instante se lanzo a él, y por primera vez, llevó a cabo su oficio con placer. En aquel acto algo mágico se presentó, a punto estuvieron de morir ambos cuando la libido les penetró los pulmones y expiraron esporas hechas deseo. Cuando ella volvió a la realidad, tristemente descubrió que su amante de turno era, por mucho, mas vulgar que los muchos otros que hubiese tenido, y que, por si fuera poco, sus poemas no eran otra cosa que falsos poemas. Se dio cuenta que aquel tipo de persona es la peor representación que existe de un ser humano, y se odio por ello. Sin saberlo, en ese mismo instante una nueva le inundaba las entrañas, fruto de una gran decepción. No tardó en averiguar el por qué de los mareos, nauseas y anexos. Radicalmente decidió que lo mejor seria no traer al mundo a otro ser maldito heredero de la estirpe absurda; ello ayudaría, en algo, a liberar al mundo de un poeta en potencia. Tampoco le cayó en gracia perder obligatoriamente, su principal fuente de ingresos. Mientras se hallaba inmersa en estos pensamientos, casualmente llegó al lugar que estaba divisando en sus ideas. Por fortuna, a buena hora el sentimiento de madre apareció, así que estando a punto, se arrepintió. En la sala de abortos, frente a la silla, juro ante Dios y ante ella misma, que su hijo seria totalmente contrario a su padre, y seria ella quien se encargaría personalmente, de educarle, de guiarle, para hacer un verdadero uso de cada letra. De esta manera, abandonó la prostitución, empleando todo el tiempo necesario en cumplir con su palabra letra por letra, cuidando su embarazo, para que, sin ningún problema, pasados los nueve meses de rigor, diera luz a la literatura.

Texto agregado el 22-04-2004, y leído por 254 visitantes. (1 voto)


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