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Inicio / Cuenteros Locales / kucho / EZRA POUND CANTO LXXII PROHIBIDO

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Canto LXXII
Presencia

Cuando se comienza a recordar la guerra de mierda
ciertos hechos resucitan. Dios, al principio,
el gran esteta, después de crear cielo y mundo,
luego del ocaso volcánico y de pintar
las rocas con líquenes al modo nipón,
cagó al gran usurero Satán- Gerión, arquetipo
de los amos de Churchill. Y me viene ahora a cantar
en jerga tosca (no a (h) antar `oscano) porque
ya muerto viene Felipe Tomás a decirme:
“Bueno, morí,
pero no quiero llegar al Paraíso, sino combatir aún.
Quiero tu cuerpo, para seguir el combate”.

Respondí: “ Tomás, mi cuerpo es viejo,
luego a dónde iría? Necesito el cuerpo.
Pero te haré sitio en el Canto, te daré la palabra;
mas si quieres aún combatir, vé; toma a un jovencillo;
pillete hualquier zovenzuelo, afeitado e imbécil
para darle un poco de valor, algo de cerebro,
para dar a Italia otro héroe entre tantos;
así renacerías, al volverte pantera,
conocer la binacencia, por segunda vez morir,
no morir viejo en la cama,
sino morir al son de la batalla
para alcanzar el Paraíso.
Pasaste el Purgatorio
con la traición, en los días de Septiembre
Veintiunésimo,
en los zías del desplome.
Vé! Vé a hacerte héroe de nuevo.
Déjame la palabra.
Déjame explicar,
hacer el canto de la guerra eterna
entre luz y fango.
Adiós, Marinetti!
Habla cuando gustes.”
“PRESENTE”.
Y, después de gritar, agregó triste:
“Tanta hueca vanidad,
más espectáculo que sabiduría,
no conocí a los antiguos sabios, tampoco leí
palabras de Confucio ni de Mencio.
Canté la guerra, cuando querías la paz,
ciegos!,
falté a lo interno, tú a lo actual.”
Me hablaba
sólo en parte, no al vecino,
parte de sí autodialogaba
y no de su centro; y de gris
su sombra se volvió más gris
hasta que de otro tono de la gama
salió de la diáfana muesca vacía:
“Lanzan las narices espíritus de flama”.
Yo:
“Veniste, Torcuato Dazzi
a arrullar con versos
que tradujiste hace veinte años para despertar a Musato?
Haces pareja con Marinetti
amaron en exceso, él al porvenir
y tú al pasado.
Sobrequerer produce sobreefecto
por desdicha mucho, él quería destruir
y ahora vemos ruinas más que su querer.”
Pero el primer espíritu impaciente
como quien porta noticia urgente
ni soporta asunto de menor urgencia
reanudó, y reconocí la voz de Marinetti
como la sintió Lungotevere, en la Plaza Adriana:
“Vé! Vé!
Desde Macallè en el borde extremo
del gobi, blanca sobre la arena, una calavera
CANTA
al parecer incansable, canta, y canta:
- Alamein! Alamein!
Regresaremos!
R e g r e s a r e m o s ¡”
“Lo creo”, dije,
y supongo que se calmó con la respuesta.
Pero el otro espíritu se repetía
con:
“casi un toro”….
(un verso del Ecerinis
traducido del latín).
No terminó
el verso.
Porque todo el aire se agitó y toda la sombra
con estrépito,
y como trueno que la lluvia estorba
saeteaba frases sin sentido. Hasta que con crujido
como en casco hundido cuando el rayo lo alcanza
que precede quizás la muerte
y en todo caso gran pena,
lo oí crepitar estridente:
“Calumnia güelfa, y siempre tu arma
fue la calumnia, y es, y no de ayer.
Furia la guerra antigua en Romaña,
el estiércol llega hasta Boloña
con estupro y fuego, y a donde el caballo se baña
son marroquíes y demás inmundicia
que nombrar avergüenza,
tanto que el polvo sepulto se encierra
en lo profundo, y muere, y expira,
y, para arrojar al extranjero, anhela
revivir.
Porquerías vi muchas en mi tiempo,
la historia se ejemplifica en serie puerca
de traición a la ciudad o la provincia
pero este mediofeto
vendió a toda Italia y al Imperio!
Rimini ardió y Forli destruida,
quién verá el sepulcro de Gemisto
que tan sabio fue, aunque griego?
Caídos los arcos y calcinados los muros
del arcano lecho de la divina Ixotta. . .”
“Quién eres?”, exclamé,
contra la furia dela tempestad,
“Eres tú Segismundo?”
Pero no me escuchó,
furioso:
“Más pronto se mondará la Sede
de un Borgia que de un Pacelli.
Hijo de usurero fue Sixto
y todo su revoltijo
del negador Pedro dignos secuaces,
grasos de usura y de óptimos contratos!
Ahora vienen a mugir que Farinacci!
tiene manos toscas, porque es comehojas.
Tiene una mano tosca, pero dio la otra,
honrando a los héroes,
tantos que son: Tellera, Maletti,
Miele, De Carolis y Lorenzini,
Guido Piacenza, Orsi y Pedrieri,
y Baldessarre, Borsarelli y Volpini,
para sólo nombrar generales.
Hijo de banquero fue Clemente, y nato
de usurero el Décimo León. . .”
“Quién eres?”, exclamé.
“Soy aquel Ezzelino, quien no creyó
que el mundo fuera creación de un hebreo.
Si de otro abrupto soy reo
hoy poco te importa.
Me traicionó quien a tu amigo tradujo.
Musato, escribió
que soy hijo del Orco,
y si crees semejante patraña
cualquier zanahoria te hará burro.
El bello Adonis murió por un puerco
al hacer llorar a la Cipriana bella.
Si jugué con la razón
diré que un buey de matadero,
o del zoológico, vale un pichón;
quien de las fábulas toma placer y goce
dirá que el animal no hace la religión.
Una sola mentira cuenta más en este mal mundo
que mis cóleras : todos! Araña, arañucha!
saca a esa bestia de su agujero,
acaso no esta:
bestia humana ama la traba?
Si el emperador hizo tal donación,
Bizancio fue madre del enredo,
lo hizo sin forma y contra la ley,
escindiéndola de sí como de lo justo;
ni César a sí mismo se quebró,
ni Pedro piedra fue antes que Augusto
que tuvo toda la función y la virtud.
Con ley da sólo el posedente,
y el caso gibelino lo supo el florentino.”
Y como ondas que llegan de varios transmisores
sentí entonces
voces mezclada, y con frases rotas,
y muchos pájaros en contrapunto
en la mañana estival,
entre cuyo chirrido
con tono suave:
“Placidia fui, bajo el oro dormía.”
Soñaba como nota de tensa cuerda.
“Melancolía de mujer y la dulzura”. . .
comencé
mas tenía la piel convulsa
en la espalda,
y la muñeca presa
en tan férreo lazo
que mover no pude
mano ni hombro, y para aferrar la muñeca
vi un puño
y no el antebrazo
que me mantuvo como clavo en muro;
me cree insulso el que no hizo la prueba.
Y luego la voz primera que enfurecía
me dijo feroz, digo feroz, no hostil,
sino casi paternal, como quien explica
a media batalla cuando hay un joven inexperto:
“La voluntad es antigua, pero la mano nueva.
Espera!, mírame, antes de que retorne
en la noche.

Donde la calavera canta
volverá la infantería, volverán las banderas.”

Texto agregado el 09-06-2008, y leído por 326 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
17-01-2009 Que buen texto!!! naiviv
 
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