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¿Qué puede tener de malo soñar?, ¿Por qué es incorrecto tener en mente una sociedad ideal para juzgar la realidad?, ¿Qué no es lo más racional tener siempre una idea de sociedad perfecta para poder decidir si nuestras acciones nos llevan o nos alejan de ese horizonte ideal?, Bueno pues.... no.

Analicemos detenidamente al utopismo. El utopismo señala que si queremos actuar racionalmente debemos elegir un fin último de nuestras acciones para poder actuar en forma consciente y consecuente con ese fin. Para esto se debe elegir un fin último antes de iniciar cualquier acción práctica, en política esto implica elegir un Estado ideal, una sociedad ideal etc. El utopismo plantea que este debe ser elegido con sumo cuidado y estar siempre vigilando los pasos intermedios que daremos, pues estos deben siempre ser congruentes con el resultado final que hemos elegido. He aquí el método del utopismo, parece convincente y atractivo mas sin embargo donde quiera que se ha puesto en práctica ha resultado desastroso.

Los problemas con el método del utopismo empiezan desde el primer paso, elegir una sociedad ideal. Aquello que nos parece lo mejor, lo más maravilloso, lo perfecto e ideal suele generar muchos desacuerdos entre las personas, pues la felicidad es algo bastante personal. Una vez que has abierto la caja de que cualquier cosa que imaginemos es posible, es seguro que lo que obtendremos será una variedad inmensa de sueños e ideas en vez de un consenso general. Dos personas diferentes tendrán ideas diferentes (y hasta mutuamente excluyentes) sobre lo que es mejor para todos y aunque cueste creerlo eso no significa que uno de ellos sea malintencionado. De hecho hasta no probarse en la realidad todas las ideas de sociedad perfecta sería prejuicioso desechar unas por otras o por una sola. Es más ninguna utopía puede ser descartada del todo en la realidad, los creyentes pedirían por ella mil años más de oportunidad y luego un millón más, pues su fuerza es estética, mientras siga conmoviendo a la gente una utopía nunca morirá.

Solo si la utopía se trata de ideas muy generales y no una verdadera guía o plano de sociedad ideal puede alcanzar en forma natural un consenso general. Y aun así sería demasiado complejo, al menos para el hombre común, sopesar, aprobar y supervisar paso a paso un complejo plan a gran escala de construcción histórica que en el largo plazo (no se podría de otra manera) nos diera una sociedad perfecta. Esa es la razón por la que la utopía siempre ha dependido de profetas y hombres sabios para conseguir apoyo y de un gobierno fuerte y centralizado para poner en marcha el gran plan. La gente, de acuerdo en lo general con el gran plan, debe entregar todo el poder necesario a un pequeño grupo (debe ser pequeño para ser ágil) de personas que sí comprenden el plan total y pueden supervisar cada paso intermedio sin perder de vista el resultado final. Esta es la razón por la nunca ha habido democracia en un país comunista, la democracia no le sirve a la utopía, la dictadura es mucho mejor para administrar cualquier gran plan de sociedad.

La democracia es bastante mediocre si de lo que se trata es de cambiar la sociedad de raíz. La democracia asume que la forma racional de resolver nuestros desacuerdos es votar, pero también asume que la discusión nunca termina y de hecho así es. Para poner en marcha un plan de reconstrucción social a gran escala, un plan que cambie toda la sociedad de raíz se necesita que la discusión se acabe. Elegir una sociedad ideal es terminar con la discusión. Una vez descartada la democracia y su discusión sin fin, ¿cómo debería ser una dictadura benevolente? La dictadura sabia y bien intencionada se enfrenta a los mismos problemas que toda dictadura, el fin de la discusión significa que no hay tiempo para las críticas, como puede un dictador bueno oír las quejas motivadas por sus disposiciones y atenderlas.

La construcción del cielo en la tierra es una empresa enorme y como todas las grandes obras, deberá aceptar que esto acarreará prejuicios para algunos o para muchos. ¿Cómo atenderá todas sus quejas?, Respuesta obvia, no lo hará el gran ingeniero utopista tendrá que hacer oídos sordos de todos aquellos que por mala intención o por ignorancia “no comprenden”. Por infortunio lo más natural es que termine desechando también las críticas razonables. ¿Cómo corregirá entonces los efectos indeseados de sus políticas?, ¿Cómo sabrá si cumple o no su cometido? Pues la respuesta corta es que no lo sabrá y esto no tendrá gran consecuencia en su posición.

Otra dificultad crítica es la sucesión del dictador. Es el coco de todo régimen autoritario. El dictador benévolo necesita otro dictador benévolo que lo suceda. Puede resolverlo, como es usual, quedándose en el puesto, pero su obra puede ser de tal magnitud que no le alcance la vida. Y si sus sucesores no persiguen lo mismo, se corre el riesgo de haber afectado a las personas por nada y entre más lejos estemos de la sociedad perfecta, entre más tiempo se requiera, más se correrá este riesgo. Una de las cosas más difíciles de llevar a cabo un gran plan es mantenerlo a través del tiempo. Por eso el totalitarismo siempre necesitó de un respaldo profético que asegurara la victoria final. El utopismo necesita de un ideal único e inmutable que genere un apoyo casi total sostenido a través del tiempo, por eso el comunismo y el nazismo recurrieron al adoctrinamiento, al control de la cultura, la información y el arte. Pero, ¿qué pasa si incluso en ese pequeño grupo de poder hay desacuerdos?, A falta de algún otro método racional, la violencia dirime los conflictos. Por eso la tendencia de los utopistas ha sido siempre creer en el “hombre fuerte” que arbitra y resuelve los conflictos y divisiones, que encarna en sí mismo los ideales de todos.

Que quede claro que no estoy descartando a tales o cuales ideales negándoles la posibilidad de volverse reales, en ese sentido no he usado el término utopía. Muchas han sido las cosas que han merecido el adjetivo de utópico (en el sentido de irrealizable) y sin embargo se han logrado, como por ejemplo la ONU. Lo que critico es la sistematización de los ideales en una “sociedad perfecta” (utopía) que sirve de guía a la reconstrucción total de una sociedad. Utopía en el sentido de irrealizable o imposible es siempre un juicio antes de tiempo, un prejuicio. Las utopías, en el sentido de “sociedad perfecta”, siempre han existido y siempre existirán pues son atávicas y pertenecen al mundo de los arquetipos. No, soñar no tiene nada de malo, no seríamos humanos si dejaramos de hacerlo. Yo lo que hago es descalificarlos como guías y modelos prácticos, la principal razón es que en el mundo de las utopías nadie se equivoca nunca (por eso la esquizofrenía de hablar de comunismo real y de comunismo ideal, este último proclamado más verdadero que el realmente existente). Tu y yo podríamos en este momento imaginarnos una sociedad perfecta sin que podamos racionalmente descartar alguna. Es estéril y vano denunciar moralmente y juzgar cualquier situación usando el estándar de la perfección, todo régimen político conocido es torpe y culpable si uno lo compara con el mundo abstracto de la perfección.

No estamos obligados a resignarnos a lo injustificable. Pero mientras que el utopista es optimista sobre el hombre, (“Creo que conozco al Hombre’’, escribía Rosseau, “pero en cuanto a los hombres, no los conozco.”) yo prefiero ser optimista con los hombres y mujeres concretos del aquí del ahora, creo en las posibilidades de mejorar. Pero, si no es la utopía ¿cuál es la guía para encausar nuestros esfuerzos? Yo sigo a Karl Popper en esto, él sostiene que en vez de tratar de construir una sociedad en que todos seamos felices, tratemos de combatir al sufrimiento y las injusticias. Hacer feliz a una sola persona ya es difícil, en cambio el dolor es más fácil de compartir y entender. La existencia de males sociales que (aquí y ahora) hacen padecer a la gente es algo que se puede precisar con más exactitud que una supuesta sociedad perfecta en el futuro. Los que sufren pueden juzgar su condición por sí mismos y quienes atestiguan el sufrimiento difícilmente negaran lo que han visto y si lo hacen siempre podrían intercambiar su lugar con aquellos que sufren. Y cómo podemos, si renunciamos a la utopía, construir una sociedad que corrija esos males sociales? Nadie que aprecie con fervor el mundo abstracto de la ideología gustará de oír mi respuesta, lo único que tenemos para encontrar soluciones efectivas es el método de ensayo y error.

Raymon Aron dijo que la sabiduría política descansaba en la capacidad de escoger el mejor curso de acción aún cuando el óptimo no estuviera disponible, reforma en vez de revolución. El ideal del reformista, observaba Aron, “es prosaico” mientras que el revolucionario es “poético.” El asunto grave aquí es que uno es real y el otro fantástico. La perspectiva de la utopía, es decir, de una total y completa felicidad, del fin de todo los problemas, el fín de la historia, hipnotiza a los espíritus, los embriaga (de ahí su relación con el romanticismo) porque “contiene en sí misma la poesía de lo desconocido, de lo futuro, de lo absoluto.” El problema es que la poesía de lo absoluto es una poesía inhumana.


Paz y amor a todos los chicos y chicas cool.

Texto agregado el 27-07-2008, y leído por 132 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
28-07-2008 Te felicito, es un ensayo teorico muy bueno, amplio en perspectivas y proyección. También hay algo de la filosofia hippie lo cual lo hace mas interesante desde mi punto de vista. Paz, saludos 5* hippie80
 
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