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Segunda parte y final

Pero, el gato es un animal de buena llegada y pese a que se amartela con demasiada frecuencia, causando un barullo de padre y señor mío en los tejados del vecindario, todos le aprecian y le brindan alimento. El viejo Thomas, un gringo aquerenciado con estas tierras, es el principal benefactor de Mao. Pese a que su columna ha colapsado por el peso de los años, se puede apreciar a un tipo que alguna vez fue alto y fornido, casi doblado en dos, lo que permite que pueda aproximar sus ojos de un azul algo desvaído al rostro de los más pequeños. Es un tipo bondadoso que habla con un acento muy marcado y mastica constantemente algo inexistente dentro de su boca. Los niños le buscan para que les cuente historias de marineros.

Pero, esta tarde, Thomas ha recordado una historia antiquísima que trata de gitanos y los chicos han formado un ruedo para escucharla. Lo que les fascina, es ese acento agringado, sus gestos ampulosos y el entusiasmo con que narra sus historias. Mao, echado en un rincón, muy cerca de una estufa, ha abierto sus ojos con desmesura ante la invocación de la palabra “gitano”.

“Existió alguna vez una gitana de generoso escote y faldas tan amplias como lo exageradas que eran sus mentiras. Esa gitana, era una hechicera que había encantado a muchos hombres, entre ellos a varios conspicuos personajes de la aristocracia. A algunos los transformó en perros, a otros en ovejas y a los más en sapos, que son los seres más feos y repulsivos de la creación”.

Mao, atrapado por una historia que tanto le interesaba, se aproximó al grupo y trepó a las faldas de Maquita, una chica que siempre le acariciaba y le servía un plato de leche.
“La gitana, de la cual nadie conocía su nombre-prosiguió el anciano- había conquistado el cariño de un hermoso doncel, un verdadero príncipe, y le ofreció todo lo que tenía, sólo porque el tipo la había vuelto loca de amor. La mujer poseía riquezas enormes y de ellas se favoreció el príncipe, hasta que un día, el nada mal parecido gitanillo, se enamoró de una chica joven, tanto como él y ambos huyeron de la comarca. Pero la gitana, enterada de esto, invocó a sus poderes y pese a que el príncipe se encontraba a mucha distancia de ella, cayó una horrible maldición sobre él, transformándose en gato.

-¿Vive aún esa gitana?- gritó desesperado Mao y los chicos y el viejo miraron para todos lados, tratando de ubicar al que había pronunciado tales palabras. Maquita, que siempre ha sospechado que Mao es más que un simple gato, sintió en sus piernas la vibración de aquella acuciante pregunta y acariciando el pelaje del felino, sonrió complacida.

Ya a solas con Mao, ella lo miró con mucha detención y luego de un largo silencio, preguntó:
Dime, Mao, ¿quién eres tú en realidad?
Pero el gato nada dijo. Sucede que su voz sólo se manifestaba cuando estaba bajo los efectos de una enorme ansiedad. Como lo estuvo aquel día, cuando los chicos intentaron raparlo, y ahora, cuando escuchó ese relato del viejo Thomas, que estuvo a punto de aclararle un montón de interrogantes. Aunque, habría entregado seis de sus siete vidas para que le fuese posible comunicarse oralmente con la chica.

Mao, o Boban, el verdadero nombre del príncipe encantado, había encontrado, sin quererlo, a su hada madrina. Maquita, sabedora que estaba en presencia de un gato muy especial, inventó un sistema para comunicarse con Mao. Para ello, ideó una serie de códigos y señales que el gato debería llevar a cabo para hacerse entender. Así, entre relamidos, movimientos de cola y orejas, restregarse en sus piernas, volteretas en el piso y mil acciones diferentes, pudo , la astuta chica, saber que en realidad, el felino era nada menos que un importante príncipe gitano de una casta de mucho abolengo. Después de eso, fue posible trazar una ruta para ubicar a algunos gitanos, cada vez más difíciles de encontrar.

Premunida de un maletín de gato, artefacto en el cual había introducido a Mao, la chica se dirigió a los extramuros de la ciudad, en donde encontró algunas carpas dispersas de gitanos. Habló con todos ellos y ninguno sabía de dicha historia. Las viejas se rieron en su cara y algunos creyeron estar en presencia de una chica loca.

Pero Maquita no cejó en su empeño. Con el gato a cuestas, siguió aventurándose por diferentes lugares y como Mao pesaba demasiado, el cansancio de la niña se hacía evidente. Pero, era necesario que lo cargara, puesto que el instinto del felino lo hacía perder los estribos y ella temía que se perdiera.

-Una gitana, que parecía tener cien años, se aproximó cierta mañana a la niña y le dijo:
-Que hermoso gato! Y la niña, que ya estaba algo descorazonada, le contó con premura la historia.
La vieja, sentada en el suelo y acariciando el rubio pelaje de Mao, dijo:
-Recuerdo una historia que hablaba de un encantamiento. Yo era una niña cuando mi abuela contaba de un príncipe que había sido castigado por una hechicera.
- ¿Y no sabe en que lo convirtió?- preguntó con ansiedad, la chica.
-¡Puf!, algunos decían que lo había transformado en una tortuga, otros en un chancho y ...siiii, ahora recuerdo que también decían que lo había transformado en un gato.

-¿A qué familia pertenecía su abuela?-volvió a preguntar Maquita.
-Nosotros pertenecemos a los Tonsich, una antigua casta que ya está casi extinguida.
Maquita sintió que se apagaba su esperanza. Eran demasiados años, los transcurridos y posiblemente, la hechicera aquella ya estuviera bajo tumba por más de un centuria.
Pero, tengo entendido –y esto lo dijo porque soy vieja y no por sabia- que ese tipo de sortilegios son heredados en el tiempo. Es decir, la solución está en repetir cierto número de palabras, en este caso, yo, por ser la más vieja, tengo la posibilidad de intentarlo.

Maquita y Mao, ambos con su corazón latiendo enloquecido, escucharon la multitud de frases que la vieja enunciaba al viento, esperando dar con la precisa, así como se encuentra la llave correcta en un manojo con cientos de ellas.
-Puscara tamasa vilarocha, que regreses a tu condición de príncipe, Astuva, piluza biech, regresa a tu condición de príncipe, Vicilla, tombilla, cercasta, pilo, vuelve a ser hombre...
Transcurrieron las horas y la vieja, que como única condición había solicitado a la chica un dinerillo que ella portaba, declamaba a viva voz una infinidad de desencantos, sin que ninguno surtiera efecto. Mao bostezaba dentro de su jaula y la chica, cansada, pero con la expectación punzando su corazón, aguardaba a que la vieja diese con la frase correcta.

Palachma Trusa, Hombre serás de nuevo, Tilujka dorombo timvalet, regresa a tu investitura de príncipe...
La noche se hizo exacta y penetrante y una luna fría brilló sobre esos tres seres. Mil invocaciones hizo la vieja, hasta que una de ellas oscureció aún más la noche y todo se llenó de sombras. En la penetrante negrura, se escuchó un quejido y luego la luna reapareció en el cielo, las estrellas titilaron con más intensidad y...un anciano se encontraba agazapado dentro de la jaula de gato.

Maquita lanzó un grito de sorpresa, Mao había desaparecido y en su lugar, un anciano empequeñecido por la edad, la miraba con aquellos mismos ojos grises del gato. La vieja se santiguó, pero lo hizo de tal mala manera, que un ave pasó graznando por sobre su testa y le dejó un recuerdo pastoso.

-Soy el Príncipe Boban- dijo el anciano, con un hilo de voz. Desencantado de su larga prisión, ahora había regresado a su condición de hombre, pero su estado era tan lastimoso, que cualquiera habría predicho que le quedaban minutos de vida. Maquita pensó si no hubiese sido mejor que hubiera continuado siendo el gato robusto que era Mao y así se lo hizo saber al anciano.
-No, hija, no. Aunque fuese el más hermoso de los gatos, no sería yo, el príncipe de los gitanos y el más galano de los hombres de mi época.
-Pero estás muy mal. No calculo cuantos años debes tener. Si mirase al cielo, todas, todas esas estrellas se harían insuficientes para calcular tu edad.
En efecto, todos los luceros titilaron al unísono para refrendar las palabras de la niña.
-Mira- dijo el viejo –yo he de morir ahora, y no reniego de mi pasado de gato, mas, no puedo ir contra la naturaleza, ya que mis dioses me recibirán como el hombre que siempre debí haber sido.
Maquita tomó las manos del anciano y de sus ojos se escaparon gruesas lágrimas. La gitana, intentó rezar, pero temió que otra ave agorera la castigara nuevamente por su ignorancia religiosa.

Cuando el viejo expiró, su cuerpo pareció elevarse como una hoja de papel y antes que la chica y la anciana se dieran cuenta, desapareció en la cavernosidad de esa noche. El consuelo llegó pronto al corazón de la niña, que ahora, estaba segura que había hecho lo correcto. Y despidiéndose de la gitana, alzó la jaula que presumía vacía. Su sorpresa la hizo lanzar un grito: adentro se encontraba un gato rubio, muy parecido a Mao, pero con unos enormes ojos azules. ¿Qué estaba sucediendo?
La gitana, que mal que mal era también muy conocedora de los procesos de encantamiento, le dijo a la niña que el gato aquel, era el mismo Mao, ahora sólo siendo un simpático felino.

-El alma de Boban se ha marchado y no es raro que el animal que la sustentó durante tanto tiempo, recupere su condición original. Por lo tanto, querida niña, este minino, ahora te pertenece y debes cuidarlo como lo exige la Ley de Encantamientos. Para que nunca más deje de ser un gato y encarcele a otro cristiano.

Y así, Mao regresó a sus tejados del barrio Einstein, pero ahora, siendo el doble de galán y el triple de sagaz. Después de todo, era un gato y ya sabemos lo inteligentes que son ellos...


F.................I..................N













Texto agregado el 29-07-2008, y leído por 267 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
29-07-2008 y la historia es de un gato que trepa por los tejaos y se cae y otra vez lo mismo.... marxtuein
29-07-2008 Si el principe atrapado en el gato no se hubiese liberado, no habria muerto. No en vano los gatos tienen siete vidas, no? Me agrado leerte. Cinco estrellas gitanas para tu imaginacion. ZEPOL
 
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