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FILOSOFÍA Y LITERATURA:ENLACES Y DESENLACES.

16 de abril de 2003.

1-PRE-ENLACE.

Siguiendo el método platónico de las preguntas como madres del conocimiento,que tan bien heredó ese filósofo profesor que fue Paulo Freire, quisiera comenzar haciéndome unas cuantas preguntas, que son las que van a dar origen a las tesis que manejaré en el desarrollo de esta exposición. Las preguntas son la madre mayéutica de las que Sócrates sacaría las respuestas que sirven de hipótesis que, al resistir los embates de las dudas y conclusiones que generan las interrogantes, se convertirán en tesis.
¿Tien en enlaces algo tan loco como la literatura y algo tan serio como la
filosofía?
¿Tienen algún desenlace dos actividades tan poco rentables, tan dignas del ocio, tan poco útiles a los negocios y a la vida social y económica? Con respecto a esta ainterrogante habría que exceptuar algunos que han logrado sobrevivir y vivir , como son la literatura y la filosofía? ¿Si todo lo que existe es porque alguien lo necesita, quién y para qué se necesitan la filosofía y la literatura?
¿Si filósofos y literatos generalmente no comen en una misma mesa ni van a los mismos prostíbulos teóricos ni prácticos, cómo podríamos hacer un sancocho con ambas y acostarlas en una misma cama, mirándose a los ojos, y quizás hasta acariciándose, aunque de vez en cuando se den su empujóncito de alejamiento?¨- ¿No podrá decirse de ambas lo que Descartes escribió de la filosofía: que no hay nada, por absurdo que sea, que no haya sido sostenido por filósofos y literatos?
Es evidente que un enlace hay. O hay varios. Muchos. Es nuestra primera tesis. Y la demostraremos diciendo que antes de que ambas disciplinas tomaran cuerpo propio fueron en un tiempo una misma cosa.
(No sé si una malcriada callejera como la literatura puede tener disciplina alguna, o si una loca de tanto buscar razones en un mundo que no la tiene, como la filosofía, pueda tener tampoco disciplina. Pero para conseguir que nos entendamos con facilidad, vamos a partir de que son disciplinas , si concebimos como disciplina a un corpus organizado y funcional que se autoconcibe como un conjunto capaz de diferenciarse con sus entidades vecinas).
Fueron una misma cosa cuando no eran ni una cosa ni otra. Es decir, en los tiempos prehistóricos de la literatura y la filosofía, ambas fueron primero pintura, que es su abuela. Porque lo primero que hizo el hombre -o no sé si la mujer, ya que los grabados en las cuevas no manejan un lenguaje sexista ni no sexista- fue pintar. La madre de todas las artes y las ciencias es la pintura, por eso. Es anterior a Dios , porque el hombre, antes de pensar graficó. Antes de escribir graficó. Antes de adorar, graficó. Y en dibujos había una literatura porque hay un lenguaje simbólico. Que comienza con la idea generada por la imaginación, de que un toro o un jabalí que corre en el monte, puede estar congelado, hecho carbón, estiércol o barro, en una pared. Es un concepto
creador. Es literatura sin letras. Cada parte hacía el papel de lo que hoy son las palabras. De ahí viene el lengugrafismo de los papiros del viejo Egipto, en el que la palabra halcón era un halcón, la palabra mesa era una mesa. Y todavía tenemos prueba de eso en la lengua china.
Pero también es filosofía. Porque para hacerlo hay que partir de algunos pre-supuestos generales, de una concepción del mundo, aunque fuese primitiva. De la cual delineamos rápidamente algunos conceptos básicos: Muestra la idea de que existe un mundo exterior a la mente. Que podemos trastocar lo que nos mandan los sentidos. Que hay un plano que nuestra mente puede convertir simbólicamente en los otros planos. Que hay algo muerto, como el carbón con que dibujaba, y algo vivo, como el toro que ilustraba. Son todos conceptos filosóficos.
Luego, ese gráfico empieza a adquirir una magia. La cual se deriva de la primera maestra del hombre, que es la casualidad. El hombre descubre como verdad la falsedad de que si dibuja un toro al que le da caza, indudablemente lo cazará. Eso da origen a la magia de la religión. Que es la hija de la pintura. Madre de la filosofía y la literatura. Se forma el mito, el totem, el símbolo de animal o cosa que es adorado. Surge uno de los conceptos literariamente más creativos del ser humano: Dios. Primera noción religiosa, alrededor de la cual surge la literatura. La cual consiste en todo el mundo imaginario que se crea alrededor de ella. Por ejempl,o, ¿quieren ustedes una idea más literariamente bella e innovadora, sobrecogedora y emocionante que la de un mundo creado con palabas, como nos enseña el Génesis? ¿Quieren una idea más literaria que el Mahabarata narrándonos las virtudes de Krishna y su discipulo Arjuna y el Ramayana dando loor a las proezas de Rama? ¿Algo más creativamente impactante que la idea del Libro de los Muertos de los egipcios, según el cual cuando el humano muere va en una barca iluminada por los ojos de Anubis, el dios en forma de perro, y que caminamos hacia el corazóin de Amón Ra? Luego viene el desarrollo y la multiplicación de la literatura a través del Bagavagita, de La Biblia, del Popol Vuh, del Corán. Verdaderas joyas de la literatura que en cierto modo compiten con los logros de los literatos. Por eso, aunque literatura y filosofía nacieron del mismo huevo religioso, la filosofía nació primero, pero también nació último. Platón y Hegel nos permiten contradecirnos sin mentir, contradecirnos sin dejar de ser lógicos. Porque lo primero que creó el humano fue un concepto filosófico: Dios. La idea de que el mundo debió hacerlo alguien o álguienes, de que hay una fuerza superior que ha dado origen a todas las demás. Es una pura reflexión filosófica sobre el origen del mundo, una cosmogonía. Y es también una reflexíón escatológica porque encarna una idea no sólo de lo que fue sino de lo que será. Desde se punto de vista, lo filosófico antecede a lo literario. Pero al mismo tiempo, la literatura precede a la filosofía. Porque tan pronto el hombre crea el concepto Dios fundador del universo, crea un personaje, le nombra unos secretarios, unos asistentes, le busca mujeres, administradores de sus bienes, le hace un palacio y le inventa una historia sobre cómo creó el mundo y cómo lo mantiene. Ahí vienen ángeles, arcángeles, san pedros, huríes, gopis, diablos, diablitos, santos, vírgenes, apóstoles, y todo ese ya sobrepoblado planeta de la imaginación religiosa. Es maravillosa literatura. De la mejor, tan válida cual la mejor, como he dicho.


2-PRIMER DESENLACE.

Todo el mundo sabe que los griegos inventaron la filosofía. Inventaron la duda. Inventaron la discusión. Inventaron la desacralización. Que en eso consiste la discusión que no entraña espadas. La que no implica muerte. La que no conduce a dos culturas a querer liquidar a la otra para imponer su voluntad, como hacen los ejércitos en el combate. Que la vida de una depende de la muerte de la otra. La duda y la discusión de los griegos, inventa la paz de la divergencia. Porque esos filósofos que compartían la Academia podrían pensar tan distantes como Heráclito de Platón o Demócrito de Aristóteles. O Parménides de Pitágoras. Pero ninguno amenazó de muerte al otro por su pensar. De modo que fíjense cómo los griegos junto a la filosofía inventaron también en cierto modo, antes de Pericles, la democracia, que consiste en convertir las divergencias en una causa de enriquecimiento mental y material, en no sólo coexistir con los que piensan distinto a nosotros, sino desear que existan esas divergencias, como parte del desarrollo de la sociedad en general y de nuestro propio pensamiento en particular.
Pero, también junto a la filosofía, los griegos inventaron la poesía. Primero, porque las reflexiones griegas hacen que muchas narraciones y oraciones hindúes, egipcias, chinas, persas, devengan en poesía y narrativa de ficción. Y los hace a ellos mismos crear sus primeras canciones poéticas, como son los himnos a los dioses, y los hace concebir todo un acervo, que es ya propiamente literatura porque es escrita con el claro propósito de hacer ficción, de crear personajes que sabemos de antemano que no tienen una existencia más que en las creaciones teatrales, aédicas o mitológicas de los creadores. Heráclito, con su radicalismo contra las religiones. Sus dudas de Zeus. Su objetividad, es uno de los que más rápidamente nos crea la conciencia de que el mito es literatura, de que el himno es poesía.
De aquí que los geniales griegos asimilaron la sabiduría antigua y la transforman, la hacen devenir en lo que no era. Beben de los genios de Persia, de Egipto antiguo y convierten esa agua en vino filosófico, en coñac literario. Aquí se produce el primer desenlace entre ambas formas de enfocar el mundo. Vemos a la filosofía con sus reflexiones sobre los problemas profundos, con su lógica. A la poesía con sus emociones sobre los problemas profundos. Son dos formas distintas de penetrar al mundo. Una se mete de cabeza y la otra de corazón. Una trabaja con razones. La otra con sensaciones. La filosofía trabaja con el oído. La literatura con la vista. Una viene de la imaginación. La otra de la observación. Se necesitan ambas, como lo demostró Aristóteles en su frase de que "Nada hay en la cabeza que no haya llegado por los sentidos". La filosofía crea. La literatura recrea. La filosofía nos permite conocer el paisaje. La literatura gozarlo. Con el gozo conocemos mejor. Con el conocimiento, gozamos más.
Este desenlace queda más claro, esta delimitación se nota más, cuando vemos cómo filósofos y literatos forman su mundo aparte. No vemos a Parménides escribir poemas o narraciones. No vemos a Homero. Safo, a Hesíodo labrar obras filosóficas. Vemos a los literatos, Eurípides, Sófocles incluir conceptos filosóficos en sus obras teatrales. Vemos a los filósofos pensar en la poesía, como Aristóteles reflexiona en su Poética. Pero no vemos a unos y otros intercambiar papeles. Está el desenlace claramente delimitado, desde el nacimiento de ambas, al desprenderse de la madre religión y de la abuela
pintura.
Platón ha escrito sus Diálogos, que hoy han devenido teatro y poesía. Algunos incluso han devenido parábolas literarias, como su historia de las ideas en su cueva de luz, cuyas sombras son los objetos. Otros escritos suyos han devenido poesía, como son sus apasionadas reflexiones sobre el amor, sobre la muerte o sobre la vida social. Pero ese devenir, es un acomodamiento de nuestra época.
Platón jamás hubiese aceptado que se le llamara poeta, aunque visto desde la distancia de nuestra época, lo fue. Mucho menos Aristóteles, en cuyo lenguaje de pretensiones exactas, medidas y científicas no cabe la más mínima posibilidad de que podamos tenerlo como poeta. Resulta incluso pedestre muchas veces, el estagirita en su afán de precision.
En el caso de Pitágoras, Protágoras, muchísimo menos. Incluso sabiéndose que Protágoras y sus sofistas, cuando inventaron la idea de que toda afirmación podría tomarse como verdad en un momento y como falsedad en otro, con argumentos válidos entrecomillas, aunque el entrecomillado sea muy serio. Pues tomaron los principios de la lógica aristotélica y jugaron con ellos lo mismo que Isaac Asimov o Julio Verne juegan con la verdad y la ficción de la ciencia, de tal manera que hay un instante en que la frontera entre ambas se disuelve y quedamos en un limbo juguetón en el que no nos queda más remedio que olvidarnos de nuestras serias intenciones de buscador de la verdad, y quedarnos en el gozo divino de saber que todo es cierto y todo es falso, y que los locos no están tan locos como pensamos, ni los cuerdos tan cuerdos, sino todo lo
contrario de lo contrario.
Los romanos, que no fueron tan filósofos como los griegos, los siguieron en su delimitación de ambas disciplinas. Dante, no obstante todo lo profundamente filosófica que es la Divina Comedia, no pretende ser filósofo. Lo mismo Virgilio y Ovidio. Horacio suena muy filosófico, pero no deja de ser poético.


3-SEGUNDO DESENLACE.

Con el trabajo que hicieron Newton, Galileo, Copérnico, Vesalio, Da Vinci como seguidores de los primeros investigadores científicos, la filosofía, que fue madre de la ciencia, es asistida por esta. Le permite tomarse las cosas ahora tan en serio como en la antiguedad. Cuando otros estudiosos científicos, mezclados con la condición de filósofos, le sirvieron también de soporte y permitieron que fuera tomada la filosofía como actividad válida y valiosa, incluso por gobernantes de grandes naciones. Ello contribuyó mucho a producir un gran desenlace, un gran alejamiento de la escultura, la pintura. En fin, de las artes en general y de la literatura en particular.
Pero también las letras lograron a ser tomadas en serio. Superaron así el trauma de la antiguedad, cuyos sabios la habían relegado a la calificación de actividad hija del ocio, como la consideró Aristóteles, y de gente cuya irresponsabilidad en el comportamiento no le permite estar en una república seria, como condenó Platón a los poetas.
Este desenlace fue muy productivo para la filosofía porque le permitió soltarse suficientemente de la religión, con la cual había ya puesto sus alambradas separatorias. Ahora, esas alambradas se tornaban muros. Los nuevos Santos Tomás, San Agustín, renunciaron a la filosofía y se quedaron con sus Padres Nuestros y sus Aves Marías. La filosofía salió huyendo de los monasterios, unas veces por la puerta trasera, como guerrilleros que se escapan a tiro limpio, como el caso de Diderot, Voltaire. Otras veces por la puerta delantera y pidiendo permiso, dejando un pie dentro, por si acaso, como ocurre con Pascal, Kant, Keerkegard. O simplemente alejándose sin despedirse, pero con paso seguro, como fue el caso de Rousseau o Descartes.
En otros casos, no se produce un alejamiento, sino que se toma una trinchera, se buscan sacos con arena, se preparan fusiles y se dispone un ejército a acabar con los templos teóricos, a derribar mezquitas mentales, destruir los primeros asientos en las sinagogas conceptuales y dinamitar el reino de las creencias establecidas. Giordano Bruno, Galileo, Copérnico, Kepler, son buenos peligrosos ejemplos. La respuesta fue el acercamiento de la religión a la política para hacer sus Cruzadas y armar su Inquisición, porque comprendió que no debía dejar que la agarraran asando batatas, en plena oración al Altísimo.
Son estos los antecedentes de los que vinieron luego a atacar por completo los cimientos de la religión, dejando las fronteras clara y violentamnte establecidas. Es el caso de Fourier, Hegel, Fuerbach, Engels, Schelling, Husserl, Marx.Claro, junto con toda esta historia de las ideas, o más bien llevada a empujones por ésta, se encuentra la historia de las sociedades, los hechos sociales, económicos, que generan sus expresiones religiosas, políticas, literarias, filosóficas que les sirven de plataforma. La delimitación entre estos campos es cada vez más clara, y en esa medida, los cambios son más violentos, más radicales, con matices revolucionarios.
En esta línea, la literatura hace lo mismo que la filosofía. Rompe con la religión. Pero también, define claramente su función de alimento y solaz del alma, su función, como diría luego el gran poeta Saint John Perse, de maestra de emociones, y nosotros le agregamos: su función de científica del sentimiento, de filósofa profunda del dolor y la alegría. Su rol de catarsis que transforma el espíritu a través de recrear mundos dentro del mundo, con tanto valor como los mundos llamados verdaderos. Maestra creadora de realidades que pueden suplantar la llamada realidad que nos otorgan los sentidos y su organización hecha por la repetición que genera la lógica y la razón.Consigue así la literatura el desenlace que produce su autonomía, su territorio propio, su país independiente, sus ciudades tan habitables como las de la ciencia, la religión, la política, la sociedad u otras formas más sofisticadas de ficción con interés de entronizarse como realidad.
Víctor Hugo, Walt Whitman, Francois Villón, Baidelaire, Rabelais, Dostoiesky, Kafka, están entre las cabezas que protagonizan esta independencia de la literatura de la filosofía. Claro, con una gran salvedad que ha dominado la literatura durante muchos años, y la dominará siempre: que todo gran poeta o centista o novelista o ensayista, ha de tener un sentido profundo de la vida, y ahí está su amarre con la filosofía.
Es que a la literatura puede aplicársele perfectamente lo que un amigo creativo publicitario me decía una vez, y parafraseo ahora lo que él afirmaba de la publicidad: La literatura es un oficio superficial que sólo puede ser hecho por gente profunda. Claro, es aparentemente superficial porque no tiene los móviles didácticos de un texto pedagógico, el petulante sueño de exactitud de la ciencia, la ruidosa comparonería de dárselas de profunda que tiene la filosofía. Su objetivo es más humilde. Es producir una emoción inolvidable en el lector, a través de estremecerlo con unas mentiras tan armoniosamente diseñadas, tan distintas de lo común, tan fuera de las costumbres, que transforma su espíritu en una diversión que lo afecta, en una distracción que lo conduce a lo más hondo de su ser, y jugando le cuestiona el mundo en que se halla, y casi sin saberlo, lo lleva a otro que le era conocido, pero que no sabía que había visitado.
Caben aquí los versos de ese genial poeta filosófico que fue Fernando Pessoa: "El poeta es un fingidor, pues finge el dolor sintiéndolo". Son estos autores, profundamente literarios, pero su raíz de grandes escritores está en su dominio de la emoción pasajera y la profundidad perenne, como Antonio Machado, Quevedo, Góngora o Manrique. Siguen la evolución de las modas que constantemente van creando los movimientos literarios, los gustos estéticos -clasicismo, renacimiento, medievalismo, romanticismo, surrealismo, simbolismo, modernismo-, juegan con las lenguas, con los términos y actualidades de épocas y culturas, pero tienen la raíz de su árbol sembrada en lo profundo del alma, en lo inalterable, en lo que permanece en la esencia humana por encima de países, costumbres, religiones, culturas, filosofías, modas, hechos históricos o linguísticos. Y es esa raíz la que los hace permanecer. La que los hace clásicos. La que los hace verdaderos literatos. Y escribir verdadera literatura. !Qué ironía! Un ingrediente básico para hacer verdadera literatura es su raiz, su hondura filosófica, en la esencia, en los hilos que mueven el sentimiento humano.
Quizás de esta percepción, de este punto común entre ambas enemigas y amigas, entre ambas formas de ver y enfocar la vida, sale ese género intermedio entre pensamiento y emoción que es el ensayo. Ese género centauro, que patea como bruto y lanza flechas con inteligencia. Que junta el pensar con el emocionar. El buen escribir con el buen razonar. La belleza de lo que se dice con la certeza de lo que se expresa. Forma y fondo bailando una bachata sinfónica. Paralelamente a esto, surgen los filósofos de matices poéticos. Los remedos del decir platónico, del hermoso imaginar junto con el profundo razonar. Ahí tenemos los intentos de Kant de demostrar la existencia de Dios por la razón, y ante el fracaso autoconfesado, demuestra esa existencia como un imperativo categórico moral,, el Zaratustra que recrea el angustiado Nietzsche , el anárquicamente lógico universo inventado por Schopenhauer, el demiurgo o razón absoluta de Hegel, las mónadas de Leibnez, Spinoza y sus demostraciones morales a través de la geometría, Heidegguer, y sus poéticas obsesiones existencialistas. Estos autores nos hacen muchas veces dudar sobre el género que leemos. Sus planteamientos filosóficos toman en ocasiones matices en los que no sabemos si es un filósofo, un escritor de ficción o un poeta. En ellos, como diría Borges, la filosofía es un capítulo de la literatura fantástica.


4-ENLACES DE NUESTROS TIEMPOS.

Llegando ya a nuestro tiempo, nos encontramos con el fenómeno más actual de la relación entre literatura y filosofía. El caso de los filósofos que al mismo tiempo son literatos. Y viceversa. Borges, que escribió excelentes ensayos filosóficos, dignos de tomar en cuenta para el estudio del pensar de nuestro tiempo, con sus consideraciones agnósticas y su sentido de lo absurdo del universo. Lo mismo Octavio Paz, excelente ensayista, muy buen poeta. Quien además es un filósofo que ha reflexionado viendo los fenómenos linguísticos en su raíz filosófica, los hechos sociales, las interpretaciones históricas, también vistas a la luz de la filosofía.
Es el caso también de Jean Paul Sartre, Albert Camus, Simone de Beauvoir, Beltrand Russell, George Santayana, quienes han recorrido el mundo literario del ensayo y otros géneros, han ejercido la escritura con toda la seriedad filosófica y la frescura literaria.
¿Cómo es posible que una actividad que los filósofos llegaron a despreciar por inexacta, por vaga, diríamos, por inútil, como la consideraba Eugenio María de Hostos, haya llegado a ser practicada abiertamente por ellos? ¿Qué ha permitido que esos juguetones, anárquicos, desordenados y despreciadores de todo rigor de lógica formal, de toda exactitud matemática, como son los literatos, hayan ingresado conscientemente al país de la filosofía, con derecho de ciudadanía, respetados por los que exclusivamente
viven en esa celeste república del pensar?
Lo que hace aquello posible es el signo de nuestro tiempo. La tecnología, -ese fenómeno que apenas sacaba la cabeza en la antiguedad, en la edad media, en el renacimiento- ha ampliado su territorio, sobre todo desde los tiempos de las grandes revoluciones industriales y sociales de Inglaterra y Francia, de forma tan contundente y arrolladora, que los profundos problemas que antes eran exclusivos de la filosofía, los maneja la ciencia en sus diversas vertientes. Lo que en otros tiempos era un misterio insondable, ya aparece como un fenómeno que pueden resolver los laboratorios tecnológicos médicos, biológicos, antropológicos.
El trabajo realizado por los científicos -quienes tampoco podrían ser verdaderamente tales si no tienen la vista puesta en las honduras filosóficas- han buceado tan hondo en la materia, en la energía, en el espíritu, en las especies, en la psicología, que el misterio ha sido destronado. Esos conceptos que se manejaban como profundidades insondables, son ahora algo que podemos sostener en las manos. Además, desmixtificaron al ser humano de sus pretensiones de especie superior. Darwin, con sus textos tan bellos literariamente como exactos son en su ciencia, le estrujó en la cara al hombre su origen en el mono, aunque algunos estudiosos modernos hayan querido negarlo.
Freud le mostró que no era más que una pequeña bestia cuyas ansiedades sexuales y complejos de grandeza lo esclaviza y hace comportarse frívolamente. Marx se ocupó de echarle en cara que por la plata no sólo baila el mono cuadrúpedo, sino también el homo erectus.
La democracia política que explosiona sobre todo en el revolucionarísimo siglo veinte, ha sido completada por la democracia informativa de los medios de comunicación: la televisión, la radio, la prensa, las revistas, y ante todo el internet, que los reune a todos y es además interactivo. Ello ha convertido el mundo moderno en una aldea global, en una mixtura en que ha dejado de preocuparnos lo real, lo riguroso, lo exacto. Cualquier persona medianamente enterado conoce detalles de las especialidades que antes eran exclusivas de los iniciados.
Ha sido privilegiado el sentir, el apreciar, la multiplicidad de puntos de vistas desde los cuales puede percibirse un acontecimiento, y la conciencia de que cada visión del fenómeno tiene cierta autonomía, individualidad y diferencia respecto a los demás puntos de mira. La idea moderna de que un problema tiene múltiples soluciones valederas, ha transformado al mundo. Nos ha sacado de los viejos absolutismos, de las añejas creencias estáticas, para empujarnos a vivir un tiempo dinámico, en el que
tenemos constantemente que cambiar nuestras concepciones, que es cada mañana diferente, cada noche distinto, cada tarde nuevo.
A ello se suma un regreso de la dialéctica en nuevas modalidades, ya no con la atadura materialista de Marx ni con la idealista de Hegel, sino ambas mezcladas y funcionando con estructuraciones y reestructuraciones constantes, como los metales.
También el surgimiento de innovadoras corrientes, como la Programación
Neurolinguística -PNL-, esa síntesis de conocimiento que une ciencia, técnica, ficción y ejercicios que permiten a la mente dominar al cerebro. Nos ha hecho saber que el hecho no es sólo el hecho. Que nuestra percepción del hecho no es, como pretendía Berkley, el hecho mismo. Pero que tampoco es como pretenden los objetivistas, que la realidad tiene una existencia autónoma respecto del pensamiento. Sino que la PNL nos enseña que tan real es el hecho como la interpretación que de él tenemos junto a la que tienen los demás.
Esta revolucion tecnológica que cambia todo, es lo que ha permitido el maridaje entre literatura y filosofía, el concubinato, la unión libre entre el profundo pensar y el bello decir. Entre filósofos y literatos cuyos textos se mueven entre ambos mundos con la misma validez.


5-MI ENLACE Y DESENLACE CON AMBAS.

Habrán observado que no he seguido un orden diacrónico ni sincrónico. Unas veces he seguido el tiempo. Otras a los autores.´Otras al espacio. Otras a las culturas. Es decir, un cierto desorden ordenado, en el que sigo la conducta del universo, que es sabio y bruto, aleatorio y algorítmico, parece haber sido creado por un dios y parece haberse hecho solo o todavía no hacerse o estar destruyéndose. Todo parece ser cierto y falso en su conducta.
Sólo autores e ideas en su eterno fluir me han guiado. Países, muy pocos. Es que la exactitud filosófica que pretende abarcar el universo con un golpe de letras, me aterra. Lo mismo que la mucho más pretenciosa instrumentosidad de la ciencia, que pretende levantar el mundo en la punta de una pinza. Me aterra el sueño de la certeza. Prefiero con McLuhan tirar sondas y traer oro aunque venga junto al lodo.
También temo a las inexactitudes del ensayo literario, ese enlace entre filosofía y literatura, entre ciencia y literatura. Porque el ensayo ensaya a mentir. Ensaya a acertar. Y en realidad no alcanza más que a hacernos disfrutar de las maravillosas falsedades. Nadie mintió tan bello como Borges y Paz. Marañón, Umberto Eco, Alfonso Reyes, Beltrand Russell son también maestros que huyeron mejor que nadie a la verdad para alcanzar la belleza. Temo decir la verdad. Temo mentir.
Mentira! Me gozo en la verdad. Me gozo en la mentira. Me gozo en saber que la verdad y la mentira no son más que una vana ficción del humano que busca entender el absurdo universo. Que busca dar sentido a una lógica que no existe. A unas leyes que no son más que la percepción de que lo que ocurrió ayer necesariamente ocurrirá mañana. De que una repetición de aguaceros nos hacen ver como lógica la lluvia. De que una repetición de moribundos nos hacen inventarnos el concepto de muerte, la ficción de muerte, la poesía la de muerte, la ciencia de la muerte. Lo mismo que muchos nacimientos nos producen la conjetura de la vida. Ambas con tantas excpciones que abruman. Con tantas contradicciones y dicciones que nos impiden andar sin chocar en ese cuarto oscuro y giratorio que es el universo.
Prefiero gozarlo queriendo entenderlo. Prefiero entenderlo queriendo gozarlo. Ahí mi enlace con las dos disciplinas.
Ahí mi enlace entre la locura y la razón. Entre lo absurdo y lo certero. Entre zurdo y lo derecho. Entre el Diablo y Dios. Hegel tenía razón: Todo lo que se lleva al extremo tiende a lo contrario. El loco y el psiquiatra se matan para revivirse ambos.
Por eso, la filosofía y la literatura tienen sus enlaces y desenlaces que las nutren de vida. Son dos barcos para andar en el vinoso ponto que es eluniverso. Ninguna consigue la verdad. Pero son verdaderas.


Texto agregado el 28-04-2004, y leído por 3370 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
18-01-2007 Me gustan mucho sus ensayos porque aprendo. No se a que le llame con gala de absoluta vulgaridad susana_Ducasse "fanfarronada erudita", yo me quedo con erudita. Y sin embargo, la erudición, no es lo más valioso del ensayo, sino al contrario, como utilizando al mínimo referencias autorales, logra plasmarnos de manera dialéctica porque están juntas y separadas la literatura y la filosofía. No estoy de acuerdo en dos cosas: 1) no creo que los griegos hayan inventado todo, en particular "inventaron la duda", creo que la duda la inventó Job. Si queremos carecer de toda referencia bíblica, entonces quizá podamos ir a antecedentes más remotos Chinos o Indús, que aunque son borrados por el pensamiento "etnocéntrico" si fueron importantes. 2) ¿No es un poco radical decir que San Agustín se quedó con sus padres nuestros? (bueno sin son suyos no son nuestros), ¿sobre todo considerado desde el escepticismo?. Excelente ensayo que nos enseña e ilustra. roberto_cherinvarito
03-02-2005 No entraré yo, aquí, ahora, a hacer disquisiciones inconsistentes. Muy bien se para el autor a presentar este texto impecable. Por supuesto que faltan nombres, por supuesto que faltan asociaciones. Pero por lo general, mi carrera universitaria, que lamentablemente nada tiene que ver (y debería) con la filosofía y la literatura, me ha enseñado que cuanto más larga es la lista de la enumeración, menor es el número de ideas... Dicho en criollo: A mayor numero de nombres mayor semejanza con la lista del supermercado... Acá no sobra un nombre, pero no falta claridad de pensamiento. Saludos. orlandoteran
03-01-2005 Lo leí atraida por el título. Eche de menos muchos autores. Cómo hablar de filosofía y literatura sin citar, a Shakespeare, Proust, Nabokov, Joyce y un largo etcaetera. Si bien del lado de los filósofos, el muestrario es bastante aceptable. Cómo no hablar de estética. Cómo no mencionar la ontología; la doxa, la empisteme. Cómo no abordar la experiencia y la información. Cómo no profundizar en conceptos como "libertad". Y ahora pasemos a lo agradable. Gran apología de la mentira. A pesar de las ausencias, una buena cronología; una estructura "bien trouvée". Sin embargo yo creo que el nexo no está en lo evidente y hay que buscarlo en otro lugar. Bordendo los límites del leguaje. Y ya me paro. Esto es solo un comentario. By the way, "Octavio Paz, excelente ensayista, muy buen poeta": no comment. Valerie
14-12-2004 Sabe mucho el autor. Estoy impresionado. De veras, lo estoy. Es como decir "Se parecen la literatura y la filosofía, pero son diferentes", pero con mucho gnosis. Desleal
13-11-2004 El sueño de la Ilustración,que la razón y la ciencia resolvieran los problemas de la humanidad, está a nuestro alcance. No obstante existe una brecha extaordinaria entre nuestro sobre desarrollo tecnológico y nuestro subdesarrollo social. Y no lo afirmo... solo lo pregunto. Saitek
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