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La noche en que murió la esperanza.

Son las dos de la mañana en la casa que se observa al otro lado del rio, y en ella se encuentra una dama que llora lágrimas de desconsuelo, lágrimas que atraviesan con facilidad las fronteras del dolor. No le llora a un amor imposible, llora con lágrimas de arrepentimiento, porque cuando se siente sola, como se ha venido sintiendo últimamente, suele volver a su pasado, a recordar la decisión que cambió su vida. Su rostro no sabe de lo maravilloso de reflejar una sonrisa, los años se van comiendo su belleza utilizando el dolor por las venas. Su sensualidad de mujer no es la misma que solía levantar piropos del mismo viento, que le acariciaba la cara como el amigo más fiel. La libertad se ha desaparecido, la ha cambiado por un sendero amargo que la encierra en una cárcel de rejas invisibles. Las palabras que juró en el día de su unión matrimonial se convirtieron en meras promesas aparentes, (no pueden ser cumplidas). Se arrepiente de haberse equivocado de pareja. El hombre que la enamoraba a diario con palabras dulces y tiernas se ha borrado tan fácil como escritura de lápiz. Las palabras dulces que solían entrar por sus oídos para hacerse un lugarcito especial en su alma se van transformando con el tiempo en ofensas verbales de un gordo machista que se siente superior a todos.

Un nuevo día se hace presente y ella sigue dando vueltas en su cuarto. Llegan las siete de la mañana y es muy obvio que el hombre que menos espera no hará presencia, al menos no por ese día. El tiempo que lleva junto a él le ha servido para conocer su costumbre de llegar a emisoras de la noche, en las horas que la oscuridad y el miedo se apoderan de su tranquilidad. Sin querer inclina su cabeza hacia el piso y profesa: "Tres días y aún no sé nada de él " Se refiere a los tres días en que su marido no ha llegado a su casa ni siquiera como un visitante más. La última vez que estuvo cerca de ella fue el jueves por la noche. Fue una noche de tantas noches de tortura, desprecio, discusiones absurdas y celos enfermizos de él que no alcanzan sentido alguno. Siendo un tipo frío y sin amor a su propia familia cometió una de las bajezas más repugnantes que un hombre pueda realizar: borracho y con ideas estúpidas en su cabeza tomó por la fuerza a su propia esposa y la obligó a tener relaciones con él. Cometió el crimen cobarde que en nuestro presente recibe el nombre de "violación sexual" y por si ese horror se quedara corto, la golpeó y por último la amenazó de muerte si ella decidía comentar con alguien lo sucedido. Aún volando en su nube de humo, antes de marcharse le vuelve a pegar en la cara a la indefensa dama y con una imagen de hombre satisfecho se marcha sin rumbo definido.

Es lunes y el reloj marca las siete de la mañana, es la hora en que su hijo debería de levantarse para asistir a su primer día de clases. Consciente de que no tuvo los medios necesarios para comprar los útiles de su niño decide no molestarlo y dejarlo dormir el resto de la mañana. Se queda detenida en el tiempo y con tristeza le ruedan las lágrimas por las mejillas al saber que su modesta vida no le hace fácil el brindarle una educación al pequeño ser que tanto ama. En su recuerdo está aún guardado el método que utilizaba para hacer llegar el único ingreso económico a su casa; se trataba de la antigua máquina de coser que había heredado de su madre antes de morir. El que la máquina fuese extremadamente vieja no impedía que con ella cosiera vestidos para sus vecinas con fin de ganarse unos cuantos pesos. Pero nuevamente baja su cabeza, al hacer memoria vuelve al día en que su esposo en un acto de celos acompañado por la borrachera la destruyó tirándola por el piso. Muy realista sabe que su vida se complica cada día más.
Los recuerdos suelen romperle el corazón. Aún no se recupera de los golpes que quedarán guardados dentro de ella para siempre. La huella del dolor aún se puede ver en sus cicatrices que tomarán mucho tiempo en sanar. Y con el pasar del tiempo se vuelve más imperdonable la acción del hombre que en su momento tanto quiso. Se sienta en su ventana y observa su exterior con tanta indiferencia, sabe que está viva, pero no sabe donde está parada. Tiene tres días de no conocer el consuelo, grita en silencio parte del odio que lleva dentro, grita al cielo pero lo hace callada aún temiendo a la llegada del que maltrata. El escalofrío se apodera por completo de todo su cuerpo y, a estas alturas la pobre mujer no sabe por cual camino pisar, sus opciones se van acabando, y lo único que hace que se mantenga en pie es su querido hijo que duerme en el cuarto. Con solo seis años de edad es casi inconsciente y sabe muy poco del infierno que en casa se vive.
Su ingenuedad hace que su madre se mantenga siempre a su lado brindándole la ayuda y los consejos que necesita para ser una persona de bien. Aunque su niño no sea lo suficiente maduro para brindarle a su madre el apoyo que necesita, con una de sus sonrisas provoca los deseos de seguir adelante. Su ternura hace que su "mamita" como él la llama, tenga una razón para vivir la absurda vida que le fue asignada.

El reloj en su obsesivo caminar marca las doce del día, una repentina noticia llega a la modesta casa. Un niño que empieza un amargo llanto, y una dama que aún no sabe si llorar o celebrar la noticia. El chisme siniestro se hizo llegar, y entre éste se guardaba la muerte del monstruo de la casa. La muy sufrida dama seca todas sus lágrimas y con palabras filósofas brinda consuelo a su pequeño hijo, muy segura sonríe por unos segundos burlándose de su propia realidad. El tiempo le ha brindado una gran lección. Ahora sabe que la vida se cobra por sí sola. En casa solo importan las dos personas que allí viven. Ambos no tienen siquiera que aguantar el peso del dolor que conlleva un velorio: el cuerpo fue completamente destruido por las torrenciales corrientes del río frente a su casa, así que tuvo que ser sepultado en el lugar que se le encontró.

Una noche se empieza a plasmar en la cima de los cerros que les rodea, unas ganas de consagrar el sueño y, con ello olvidar todo el pasado que tanto daño les hace. El olvidar no les será fácil, especialmente a ella que tanto padeció, pero su misma fortaleza ayudará a que se empiece una vida totalmente distinta a la que ya tenían, para tener la tranquilidad de sentirse solos, pero sin mala compañía.

Texto agregado el 17-08-2008, y leído por 220 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
18-08-2008 MMmm !! que fuerte pero me atrapo tu cuento muy bien relatado te dejo mis 5* alasblancas
17-08-2008 huau, que dureza! a veces los destinos mas crueles son merecedores pero como siempre ante esa marea de conflictos mantener el quilibrio y tener certeza de quien es uno es lo mas complicado. Me gusto tu cuento. Una tragedia que aun asi puede echar luz en un tunel subterraneo. Cariños. steyalara
 
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