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El paco Ardides era un personaje de colección. Es imposible que en su vida haya recibido un homenaje, un diploma o palabras de felicitación. Ejercía la profesión de Carabinero, pero desempeñándose en cargos menores. Era un tipo rastrero, de mirada torva y actitudes sospechosas.
Comenzó barriendo la cuadra, oficio que desempeñaba tan mal, que fue relegado a las caballerizas para que espantara las moscas de los equinos. Pero, los caballares se rebelaron, porque el tipo tenía la estúpida manía de tararear siempre la misma cancioncilla, y vaya a saber uno que maldito influjo ejercía su desafinada melodía en la mente de los corceles, que estos se declararon en huelga de patas caídas y no hubo santo que los levantara de su sitio.

Por lo que, el paco Ardides debió ser sacado de las caballerizas y enviado a una esquina, de punto fijo. Allí, después de largas jornadas de ociosa permanencia, se dio cuenta que muchos ancianos y ancianas, entraban y salían de una casona. Como el tipo, además, era malicioso, pensó que aquello era una casa de citas y se dijo: -Esta es la mía. Detendré al dueño de tal lenocinio y me ganaré un ascenso. Nada de eso ocurrió. Era una casa de reposo y quienes entraban y salían, eran los parientes de los octogenarios residentes, que acudían a visitarlos.

Pero, teniendo en cuenta que Ardides era ladino, logró que la dueña de tal lugar le firmara un documento y como ella era piticiega y jamás desconfiaría de un carabinero, a los pocos días se dio cuenta de su gravísimo error. Ardides apareció, en dicha instancia, con un juez y con el título de dominio de la vivienda y como la firma de la mujer validaba la transferencia de la propiedad, el juez la conminó a que abandonara la casa en un plazo inferior a una semana. Demás está decir que el juez era un tipo avaricioso que mantenía turbios negocios con el paco Ardides.

Dueño de la enorme residencia, el paco Ardides, que era además desafortunado en amores, dada su ingente estupidez, se fue al campo a buscar una mozuela. Pero ni las chinas más iletradas quisieron tener algo con él, pues olían la estulticia bajo ese imponente traje de paco raso. Ya se regresaba el pobre tipo, cuando una mujer que ejercía en el único prostíbulo del pueblucho, le hizo señas. Y el chambeco, pensando que había seducido a la mujer aquella, cortó una flor silvestre y se la ofreció con una enorme sonrisa en su rostro. La mujer, que no tenía nada de inocente, presumió que el paco Ardides no era cualquier menesteroso y en vez del cigarrillo que pensaba pedirle, le rogó que la llevara con él a la ciudad.

A los dos días, Paco y prostituta estaban casados. La mujer se fascinó con la idea de que sería dueña de una casona y con respecto a la tontera del paco Ardides, ésta sería infinitamente más soportable, comparada con la cantidad interminable de huasos ebrios que debía atender, con la cara llena de risa, en su anterior oficio.

Pasaron los años y con el tiempo, el paco Ardides había aprendido a juntar las letras y lo tenían de escribiente. Pero, como su ortografía era un desastre, a algún jefe se le ocurrió que tanta brutalidad junta había que utilizarla en algo más provechoso y, de un día para otro, el paco Ardides fue enviado a apalear a manifestantes de las muchas huelgas que se producían en aquellos años postreros de la peor de las dictaduras.

Pero como un estúpido lo es más con una luma en la mano, era tan encarnizado su accionar, que prefirieron enviarlo a la cocinería y allí fue un experto en apalear locos.

Con los años, los Ardides tuvieron tres hijos, dos heredaron la cualidad emblemática del paco y la otra, no se hizo acreedora de los genes de ninguno de sus padres, pues era inteligente, honrada y muy perspicaz. Tanto así, que apenas salió de kindergarten, se fue de la casa para establecerse en el sur.

El paco Ardides jubiló joven, pero ese solo fue un detalle. Quiso postular en una empresa como guardia de seguridad y en su primera noche de prueba, se incendió el recinto. De tal modo, que quedó proscrito para desempeñarse en ese campo.

Algunos juran que en las noches se escucha música estridente y las luces de todas las habitaciones permanecen encendidas hasta altas horas de la madrugada. Los mismos que comentan esto, elucubran que la mujer del ex paco Ardides, con probada experiencia en el ramo, transformó su hogar en una casa de caramba y zamba. Otros, igual de maliciosos, están seguros que la mujer manda a trabajar a su marido y se queda retozando en la casa con todos sus amantes. Pero, como está probado que el ex paco Ardides es una nulidad en materia de oficios y profesiones, la mayoría piensa que el pobre hombre, víctima de la malvada mujer, es relegado a su dormitorio para que duerma a pierna suelta, mientras su esposa realiza toda clase de malabares. Es tan mal hablada la gente…






































Texto agregado el 24-09-2008, y leído por 194 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
25-09-2008 jaja!! me encanto y sobretodo el juego de palabras. me gustas! wicca
 
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