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partir por escribir, martes de madrugada. hace tiempo que se me pasan las horas, avanzadas del reloj y siempre termino revolviendo las mismas palabras de siempre. como esas veces en que pagábamos por una cama, a medias para hacer el amor. o más bien dicho, para tener sexo con algunas cortesías y acabar siempre con tu cuerpo al extremo contrario de las sábanas.
no importaba nada más-pensaba-más que dormir poco y caminar, a veces, mirando al suelo.

no tenía mucho que decir tampoco. en esos tiempos me gustaba leerte a Bertoni mientras estabas en la tina. a veces me acercaba y te lavaba el pelo al tiempo que me contabas sobre tus discos nuevos y el persa y las cosas que iban más o menos con tu madre al borde de la histeria. otras, hablaba yo y mis diseños inconclusos y cuánto me costaba aprenderme una ciudad de nuevo.
iban bien. los días iban tan deprisa que ni me acuerdo de la última vez que te fuiste. supongo que el despertarme a sobresaltos marcó la pauta necesaria para comenzar a extrañar ciertas cosas que no debería. también para seguir pensando que debí dejarte yo, hace algunos meses cuando presentí que ya no me querías más y ahora toda la música es una mierda y también tener que dejarme besar por cualquiera.

ayer no se sentía tanto. le decía a él que esto no es un cuento, que es un desgarro. me miraba como si supiera que mentía todo el día, que no había descanso para eso. bajábamos por San Diego mientras sintonizaba alguna estación.
con la ventana siempre abierta.
no me preguntaba sobre ti, parece que no le gustaba. me miraba, me besaba la oreja. no hablábamos nunca de amor ni de la familia, ni de nuestros viajes continuos con la salvia. yo no le preguntaba por sus cosas. sólo fumar, reírse un poco, morderle la boca mientras manejaba. ni libros ni regalos, ni chocolates. menos dormir juntos.
sólo coger y vestirse rápido. no quería nada que me recordara que llevaba otro nombre, en vez de adormecerme sobre tí.
siempre debió ser así y me habría ahorrado llegar a pensar que éramos únicos por las calles, que todo era nuestro porque existía, porque que tú me miraras era la prueba que estaba frente tuyo, que iba contigo sin querer estar en el desierto escribiéndole a alguien que no aparecía nunca.

because this is our happy ending, my dear.

Texto agregado el 27-09-2008, y leído por 119 visitantes. (0 votos)


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