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Debo confesar que esta historia fue motivada a ponerla en papel, a costa de un anuncio que dio la cadena de televisión HBO, sobre la anécdota mas sobresaliente en nuestra boda. Aunque sucedieron muchas ese, debo de poner en claro que la principal de ellas se dio en la primera noche de nuestra intimidad nupcial y, dejo a ustedes contar esta historia desde el comienzo para cómodamente se vayan empapando del festejo de aquellos días inolvidables, y me sigan hasta el final para compartir, conmigo, aquella historia, que definitivamente, algún día, tendría que ser contada.

Nuestro noviazgo fue relativamente corto. Cuando le di el anillo fue otra historieta excepcional (según yo jajaja) pero por ahora queda fuera de este contexto pero queda pendiente para contárselas en otra oportunidad. Y creo que mi suegra, planeando un desquite decoroso, quiso hacerme un poco difícil la primera noche de bodas pues inclino los hechos a escoger junto con su hija un vestido con innumerables botones por la espalda, pero lo que no sabia es que ya había planeado algo muy diferente pues yo no se los iba a quitar y, eso seria una de las sorpresas que a mitad de la fiesta vendría a conocimiento general.

Llego el día de la boda, y la fiesta. Noches antes me había puesto de acuerdo con el conjunto y sus cuatro bailarines, pues en secreto me aprendí una de sus movimientos sincronizados, y esa noche a la señal dada, cuando estaba en todo su auge y apogeo, salte hacia la tarima e interactué en una coreografía juntos, o sea, estaba dando un espectáculo hacia todos los presentes de una baile con movimientos rápidos y precisos ( aunque se que puede parecer presuntuoso y se que nadie me lo esta pidiendo decir, pero creo que mis dotes de bailarín son excelentes ) , claro, al centro de la pista, lucia ella, sin saber que decir, aplaudiendo mas por perplejo que por la presencia del Show. Mientras en la primera mesa al fondo divise la cara seria de los padres de la novia, y creo que fue la primera vez que se preguntaron seriamente “a manos de quien habían dado a su hija”. Ya que el querido suegro, era él, según los actos protocolarios, el adjudicado a solventar los gastos económicos de la gran fiesta, y para coronar con una guinda los espumosos y esplendor dado por su bolsa, solo tenía que introducir mi creatividad sin ningún costo. Eran olas de sorpresa tras sorpresa. Unas cuatro piezas antes, ya había dejado congelados a toda la familia de mi esposa incluyéndola a ella, pues los músicos simularon una turbina de avión, acorde a lo planeado secretamente, y con la canción ‘Venite volando’ le informaron a ‘ella’, ante toda la concurrencia, que en vez de irnos a Cancún a la mañana siguiente, nuestro vuelo salía a las dos de la madrugada de esa misma noche para ir abordar un crucero por las mares e islas del Caribe al día siguiente. Mi suegra lloro, se emociono tanto pues había echo la valija con su hija con sumo primor y, recordó que no llevaba lo necesario. Simplemente, les confieso que fue realmente algo increíble. Y aun hoy, en los momentos difíciles con ella, me lo sigue sacando a flote.

Puntual a las 12:30, después de haberle quitado la liga, por segunda vez salte, de nuevo al escenario, detuve la música, el corbatín de mi frac lucia por una lado mientras mi impecable camisa blanca del principio ya lucia desabrochada y presto enfrente de una pianola electrónica me pare y pronuncie tras el micrófono, mirándola a ‘ella’ detenida en el centro de la pista, -Esta pieza se la dedico a nuestra primera noche de luna de miel – e interprete ‘Santa Fe’ de Raul Di Blasio (moda en aquella época)



Ya a toques del final fue la despedida. Sus padres se separarían de mi bella, sudada y jovial personita, que me acompañaría por el camino de mi vida, educada por normas costumbristas y tradiciones de una familia con preceptos morales bien definidos y estrictas normas de cortesía. Y naturalmente, fue un momento emotivo, pues habiendo cambiado los planes, ya no nos quedaríamos a disfrutar gratis de la habitación pagada del hotel, (debo confesar que mi suegro nunca me reprobó esos gastos innecesarios por falta de comunicación adecuada, a una familia que adoraba dejarlo planeado todo al centavo) sino en vez, solo serviría para cambiarla de traje de bodas a uno mas suelto y abrigado para esas horas de la madrugada. De nuevo me había puesto de acuerdo con los músicos y, tocaron instrumentalmente, para la despedida y ante la mirada de todos los que alegremente nos acompañaron, tocaron ‘tiempo de Vals’ de Chayanne. Y creo que este momento si arranco unas lagrimas a los padres de ella, ambos, cuando nos vieron salir en pareja. Creo que en esta parte me porte algo benevolente con ellos pues no escogí como canción de despedida la de José Luis Perales: ‘Y te vas’ o del mismo autor “quien es él”. Mientras dejábamos el salón, una puerta de mi vida se cerro y otra se abrió, la cual la llevaba en ese momento agarrada de mi mano Y ya arriba en la habitación, todas sus damas de compañía le ayudaron a desabotonar, todas nerviosas y apuradas, los 110 botones que supuestamente yo tendría que haber echo, a toda prisa pues ya el avión estaba a la vuelta de la esquina. Mientras mi persona a gusto mío, prefería quedarse así vestido sin cambiarse.

Para no quedarme con las ganas, y como no lo pude hacer en el cuarto del hotel, vestido aun con mi frac y corbatín tirado a una lado, a las puertas del avión, y a la vista de los pilotos y azafatas, tome con destreza con mi diestra a la cintura de mi compañera y con la otra la pase bajo sus rodillas, y elegantemente pero fuertemente la levante, pues una de mis ilusiones de mi vida, era entrar cargando a brazos a la novia, y a falta del susodicho cuarto, solo esperaba la puerta todo estrecha y metálica del avión. La levante lo máximo posible y hasta la fecha, ella no me ha comentado si al entrar, no le golpeé la cabeza, pues estaba todo emocionado, y así nos entramos al asiento definitivo para pasar en vela la primera noche, tras las butacas de un vuelo comercial para Miami. Y ante, primero, del estupor de la gente, no solo por lo que veían, a una hora donde los bostezos y tedioso del ambiente imperaban, además de verme vestido por una inusual investidura, con mi smokin negro , algo no muy común, pero ante mi grito del anuncio de ‘recien casados ¡!’, se contagio todos los ahí presentes y con un gran aplauso pero corto, que cortaba con la desolada y fría madrugada, nos dieron la bienvenida al abordar el avión.

A petición mía, a pesar de estar viviendo épocas modernas y libertadoras de ciertos tabú que afectan principalmente a las mujeres, me había prometido que no la tocaría íntimamente hasta el día de nuestra boda, a pesar que, confieso, ella quitándose los recatos sociales y rígidos de la sociedad y de su educación, creo que hubiera accedido placenteramente a mis tiritos de prueba, si se lo hubiera pedido. Se que muchos me creerán un ‘loco y tonto’ pero emocionalmente esta petición estaba ligada a un sueño fraguado a comienzos de mi adolescencia, con la muchacha que debería de ser mi esposa, y como decía, estaba muy por encima de todo goce sexual. Y así, llegamos a la primera noche, del cuarto del Hotel, en las costas de la Florida. Y para los ‘vivos’ que pregunten que si reclamaba las mismas circunstancia para con ella, les responderé, que se jodieron, pues no les contare el status de la situación de mi esposa y solo agregare que mi sueño fraguado por mi, no le importaba ni reclamaba lo mismo en el status de mi doncella.

A pesar de mis promesas conyugales, no sabía que ella me tenía preparada otra dentro de la luna de miel. Pues me pareció raro que después de pasar medio día en Cayo Hueso y haber llegado alegremente al cuarto nupcial, sucedió lo que les vengo contando pues ya en la noche mientras nos desvestíamos, ella de repente, se acordó de un recado que le debían de mandar sus padres a la recepción del hotel y, de nuevo comenzó a vestirse a toda prisa y, como novio, no mostré mucha objeción para dejarla ir a recibir el ‘tal recado’.



Resulta que el recado esperado impacientemente por mi esposita, no llego y, tuvo que subir de nuevo al cuarto sola pues yo no esta muy de gana para de nuevo vestirme así que la deje ir sola.

No era tan tarde, ya estábamos dentro de las frágiles mantas cuando y teniendo una vista hacia la costa sobre las blancas olas iluminadas por la luna, no pude antes de cerrarle los ojos a mi mujer, dejar entrever la idea de salir al balcón desnudos, pues dentro de pocos minutos, el eclipse de luna seria completo ( 28 de noviembre 1993 ) y seria esplendido que los dos completamente desnudos saliéramos al balcón para bañarnos con un beso cuando la luz de la luna proveniente del Sol seria interceptada por la sombra de la tierra, y aunque me costo convencerla, por el pudor a mi compañera, creo que ha sido uno de los baños mas dichosos con un beso profundo, dado a las puertas de un acontecimiento astral.

Ya a las dos treinta de la madrugada, de nuevo sigilosamente, la vi levantarse y vistiéndose para ir de nuevo a la recepción. Y cuando se sintió descubierta, simplemente me dijo:

-Tengo que bajar. – Y en la penumbra de la noche, asentí con un leve movimiento de cabeza y la deje salir de nuevo, sola, acompañada de mi mirada atónita y mi casi boca abierta.

Pensé: Al día siguiente estaríamos en el barco y, creo que acabarían todas estas ‘babosadas’ así que tuve paciencia y…espere. Aunque confieso que estaba aturdido por la dependencia emocional para con sus papas, si es que realmente no me estaba ocultando algo mas profundo. Y fue la primera decisión contrariada que tuve que tomar en mi joven luna de miel. Dejarla ser ella, creerle sin forzarla a una mayor explicación, aunque, tenia de fondo mucha mas preocupación que la de una simple razón de ligazón paterno.

La entrada al Crucero fue genial, y existen fotos que publicaron en todo el cuarto y nos quedaron a nosotros pues fuimos los únicos en entrar cargando con las maletas mientras todos los otros viajeros, entraban por el atrio majestuoso del barco sin nada en sus manos, confiados en que los meseros, les dejarían sus maletas adecuadas ya en los respectivos cuartos. Abordamos a la 4 de la tarde y antes de hacerlo permití a mi esposa llamar a sus papas para contarles que todo estaba bien. Pero sentí bien raro que en nada menciono el recado tan impacientemente esperado, aunque como dije, lo más saludable era el no preocuparme pues en el fondo confiaba plenamente de mi compañera para toda la vida.

No tengo nada que objetar del servicio, atracciones, luces por todo el barco, banderitas, música y un increíble paraíso flotando incluyendo sus ocho comidas diarias y su cena especial de media noche, con siluetas esculpidas precisamente sobre hielos enormes, y a pesar de todo, una cosa la recuerdo muy, muy en especial: la estela espumosa que desde nuestra ventanilla deslizabas tenebrosamente, a diez metros allá abajo. Pero la conducta de ‘ella’ me tenía preocupado y ahí, como pensé, solo que poseyera el fax privado del capitán y de su cabina como para repetir, y poner la tonta excusa de ir a traer algo mandado por sus padres.

Cabal en la primera noche, también exactamente las dos con treinta minutos de la mañana, la vi levantarse, vestirse y salir del cuarto. Me hice el dormido y, creo que mi mirada glacial congelo todo el camarote cuando salio pues cuando volvió a entrar, después de unos minutos, note como exhalaba de su boca a contra luz, un vaho de aliento gélido, contrario al clima tropical que nos embargaba. Espere a que se sentara en la cama y prendí la tenue luz de un golpe seco pero no brusco.

-¡Que pasa!. – le dije firmemente, sin levantar la voz y con una mirad fija y severa pero nunca enojado. Aduzco que por la severidad de mi mirada, instintivamente, un ojo le comenzó a llorar con una triste lágrima, la cual con un reflejo movimiento, su mano tersa se la llevo a su cara y toda conflictiva se quito la esmeralda solitaria de su rostro. Seguidamente, con sus dos manos tomo una de las mías y, me miro ahora ella, fijamente. Sin poder soportar mi interrogatorio puntual y silencioso no le di otra alternativa que soltar su confesión

Mi amor, me dijo y sentí como ahora sus manos estaban heladas al igual que todo el recinto, ella continúo: tú sabes que nunca me he separado de mis padres pero realmente esa no es la verdad. A pesar de haberse detenido, ya no soportaba más y no le di mas tregua para ni un descanso y la forcé a continuar:

Y habrás notado aparte de mi amor intenso a tu persona, te seré hoy, terriblemente honesta. Creo que en la media luz de un mar iluminado por una luz cenicienta que entraba por la ventana, la palidez de mi rostro era fenomenal, pero ella continúo:

Pero me da pena, pues has visto como mi comportamiento nupcial y también el tuyo ha sido superior al esperado pero…pero…

“He estado un poco mal del estomago y, me da pena, - repitió- , es mas bien, me da vergüenza ir al baño, y sobre todo tras estas paredes tan delgadas en que todo se oye.”


Y definitivamente, con ello se abrió otra puerta, a una intimidad mas onda e importante en nuestras vidas…a la intimidad del amor, expresada físicamente por algarabías y fogosidad de los cuerpos, y espiritualmente pero a una mas intima…


Aunque nuestra boda haya sido en un guacal con agua, creo que el crucero sigue entrecortando las olas de su estela y, mas de alguien también basaran sus propias historias por mas simple que parezcan pero se convirtieron para muchos, en lo mas importante de sus vidas…aun, como repito, por la simpleza de las situaciones dadas, serán sus joyas que están ahí, solo esperando que salgan para poderlas contar.

Y como diría un Márquez, en una de las frases:

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y como la recuerda para contarla.”


Les invito, ahora a ustedes, a contar sus historias, tal vez no al aire libre a los oídos de todos, pero si dentro de la intimidad, y verán, que surgirá del pecho de su corazón…aquella lagrima esmeralda que broto a la luz del Claro de Luna en un crucero interminable, que se movía lentamente por alta mar, moviendo las aguas oscuras y dejando una estela espumosa y calma, bajo los reflejos de una música de amor y por supuesto recordando los incontable 110 botones del vestido de mi mujer, en mi caso muy, muy en particular.


Texto agregado el 05-05-2004, y leído por 1172 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
13-05-2004 muy bueno, me has recordado mi luna de miel, también fue en un crucero al caribe y mi vestido también tenia chorrocientosmil botones jajaja. fluido y me enchufé de principio a fin. un beso y mis estrellas. LaPatineta
05-05-2004 Jejejeje genial, pero aún no me casé, ¿Cuento las otras veces...? juaaaa, besotes AnaCecilia
 
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