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Gracias.



Caminaba distraída sin pensar mucho en su situación actual. Miraba a las personas pero solo como mera excusa para no chocar con alguna de ellas, eran manchas que se acercaban indiferentes a su drama.

El día no había sido caluroso, pero daba la sensación de que así fuese, su frente estaba mojada por la transpiración. El cielo ahora ofrecía nubes en todas direcciones, que de pronto cambiaron la sensación térmica. Caminaba sin pensar, desanimada por su suerte, nada podía estar peor que hoy.

Todo el día en la calle y ni un trabajo para ella. Doris era una mujer de 45 años, con un gran curriculum pero con mucha edad. Las empresas buscan juventud y experiencia, no las dos cosas por separado.

Si tan solo estuviera aun Jaime, su esposo, penso, tal vez todo sería distinto. 6 años sin el, la habían transformado en una persona fuerte, antes también lo era, solo que ahora ella pasaba a ser el pilar fundamental de la familia, que cada vez se reducía mas. La enfermedad de su marido fue lenta y con mucho dolor, ella lo amaba y lo lloraba y lo perdía a cada instante. El cielo se tornaba mas oscuro que hace un rato atrás. Va a llover, penso. Las nubes no entendían su dolor. La muerte de su marido fue en un día como hoy, nublado y oscuro, y muy frío aunque la sensación sea otra, la pena es la misma. Los tacones la estaban matando, y no tenía mucho dinero para transportarse por la ciudad en busca de trabajo, así que todos lo viajes los hizo a pie, no tan solo hoy sino todos los días desde que la despidieron la semana pasada. Después de cinco años de servicio a la empresa, ella obtuvo una indemnización que solo le sirvió para pagar algunas cuentas y nada mas, ni siquiera le alcanzo para pagar la renta. Maldición, la renta penso, hoy se cumple el plazo y mis pies me están matando.

Siguió caminado, rumbo al último de los destinos marcados en el diario, la luz a cada instante iba desapareciendo, no porque fuera a oscurecer, sino porque el cielo amenazaba con explotar en mil lagrimas de una viuda sola, que tiene que hacerse cargo, que tiene que cuidar a un hijo y sostener una vida que se derrumba a cada instante.

- Su curriculum es bueno, no se preocupe, nosotros la llamaremos- dijo el hombre que estaba sentado al otro lado del escritorio.
- Gracias- contesto ella.

Se estrecharon la mano, y ella se despidió. En un instante recordó la última experiencia laboral que tuvo y el motivo de su despido. Viejo de mierda, penso al recordar a su ex jefe, cuando este trataba de forzarla a sacarse la blusa. Maricón, penso.

- Si no te dejas, te echo
- Ándate a la mierda- le dijo, mientras le daba un certero derechazo en el ojo izquierdo.
- Ahora si que te terminaste de echar tu sólita, perra de mierda- le contesto desde el suelo su interlocutor.


Todo por no querer ser como las demás que aceptaron sin dudar un instante el ofrecimiento del viejo de mierda y sucio, penso.

- ¿Le pasa algo?- le pregunto, el hombre que estaba sentado al otro lado del escritorio.
- ¿Qué?, ehhh… no, disculpe, no me pasa nada.
- ¿Quiere un vaso con agua?
- No, no se preocupe. Solo recordaba algo. Debo pasar a buscar a mi hijo, solo eso. Gracias.

Al salir del edificio donde se encontraba la oficina en la cual estaba ella siendo entrevistada, se dio cuenta que el cielo ya había hecho efectiva su amenaza. El agua caía a cántaros, ella estaba débilmente protegida con un traje de dos piezas rojo, que resaltaba su figura, que a pesar de su edad, se conservaba bien. Esta vez decidió usar los últimos 300 pesos que le quedaban, para volver a casa. Recordó que debía pasar por su hijo, al cual había dejado encargado a su hermana en el departamento de arriba. Hizo parar una micro, estaba repleta.

Cuando llego a su destino, la noche por fin se hizo presente, la lluvia había cesado, en el cielo habían unos pequeños nubarrones que permitían ver de vez en cuando a la esquiva luna. Es una bonita noche, penso Doris, mientras caminaba en dirección al edificio de departamentos donde vivía. Al llegar vio los escalones del edificio, esto la desanimó un poco, pero se hizo a la idea de subir.

Cuando termino de subir el último peldaño, vio inmediatamente la puerta del departamento de su hermana. Toco el timbre, y desde el interior se escucho una voz femenina, la que correspondía a su hermana.

- Ya voy- la puerta se abrió- ¡ah! Hola.
- Hola.
- ¿Cómo te fue hoy?
- Mas o menos.
- Estas toda mojada, pasa te voy a dar un café.
- Gracias.

Al entrar se quito la chaqueta del traje rojo y se quedo con la blusa.

- ¿Dónde esta Miguel?
- En la otra pieza, duerme un poco.
- Creo que lo voy a despertar para llevármelo.
- Ok, mientras yo hago el café.

Fue hasta la puerta de la pieza en la que su hijo solía dormir, cuando Doris se demoraba mucho en volver a buscarlo. La abrió y se encontró con un pequeño bulto sobre la cama. Abrió un poco la cortina. La luna se veía bellísima y la luz invadió el lugar. La noche era clara y luminosa. Desde la cama se escucho una voz decir:

- Mama, llegaste.
- Si mi amor, mama llego.
- Te quiero- dijo el niño, bajándose de la cama y acercándose hasta ella. La luz de la luna que se colaba por la ventana, dejo de manifiesto los rasgos característicos del síndrome de down en su hijo. El niño abrazo a Doris y esta a el. Miro nuevamente al cielo iluminado por el satélite y penso, cuan afortunada era por tener la vida que llevaba. Desde fuera de la habitación se escucho la voz de su hermana, que le decía algo sobre una llamada telefónica, sobre un trabajo para ella. Doris miro nuevamente al cielo y dio gracias.


El cuervo__

Texto agregado el 06-05-2004, y leído por 144 visitantes. (0 votos)


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