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Inicio / Cuenteros Locales / petzenko / El exorcismo de Don Cipriano según Cartucho

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General Baigorria era un pueblito pequeño en medio del campo de apenas unos trescientos habitantes. Cuando se levanto el ferrocarril la población disminuyo considerablemente. La gente joven en su mayoría busco mejores horizontes y los no tan jóvenes también emigraron en busca de trabajo, los que quedaron eran personas mayores.
El padre Ricardo era el cura del pueblo, un paisano muy querido de unos setenta años aproximados. Un domingo después de la misa de la tarde el viejo se puso a tomar mate y a disfrutar de la sombra de un árbol con sus dos fieles perros: Cartucho y el viejo Rigoberto. De pronto escucho a Benito, su monaguillo de cincuenta y dos años gritar:
-¡Padre Ricardo! ¡Padre Ricardo!
-¿Qué pasa Benito?
-¡¡Cosa e Mandinga!! ¡Parece que el Diablo anda por Baigorria!
-Calma mi amigo, creo que el Diablo esta muy ocupado trabajando en las grandes ciudades. Es mas no se si sabe donde queda nuestro querido General Bigorria.
-¡No padre, no crea! ¡Creo que Don Cipriano esta poseído! ¡Volvió hoy por el mediodía de la Capital Federal y las hermanas Riganti dicen que no se pueden ni acercar al rancho porque suceden cosas raras y que se escuchan distintos gritos!
-¡Ah! Si hoy llego de la Ciudad puede que este contaminado.
El Padre subió con Benito y Cartucho a su vieja camioneta estanciera y se dirigió a la casa de Don Cipriano. Rigoberto se quedo tirado tomando fresco.
Al llegar a la puerta del rancho escucharon gritos, gemidos y carcajadas. Antes de entrar el Padre Ricardo se dio cuenta que en el apuro se había olvidado algunos utensilios prácticos para enfrentar al diablo.
-Con el agua vendita no hay problema, la tomo de una canilla y la bendigo, al crucifijo lo suplanto con la llave cruz para cambiar neumáticos de la camioneta pero me falta la Biblia y la estola.
-No hay problema Padre, yo voy a casa y le consigo una Biblia y algo parecido a la estola. Pero antes quiero hacerle una pregunta, ¿no debe pedir permiso al Obispo para hacer un exorcismo?
-Estamos en Baigorria, debemos pedir permiso al Obispado en Capital Federal, tardaríamos mucho. Que el Obispo se enoje y me castigue si es necesario, solo me importa el perdón de Dios si me equivoco.
Benito salió al trote hacia su casa a buscar lo prometido. Cartucho observaba la escena jadeante ante el crepúsculo de un día caluroso.
Mientras el Padre rezaba y esperaba sus símbolos, bendecía un poco de agua que junto en una pequeña botella de plástico. Su monaguillo no tardo en llegar.
-¡Padre aquí traje una Biblia y una bufanda morada de Rosita que puede usar como estola! Me costo encontrarla porque Rosi no estaba en casa.
-Bueno vamos, dijo el sacerdote. Tomo la llave cruz y al grito de ¡Va de retro Satanás! Pateo la puerta y se encontró con la mas impactante imagen. Rosita cabalgaba frenéticamente sobre Don Cipriano extasiada de sexo y lujuria.
-¡Rosita!- grito Benito, ¡que esta pasando! ¡Padre haga algo!
El sacerdote se abalanzo sobre los dos llave cruz en mano y rezando a los gritos les tiro el agua bendita. Rosita se desmayo y Don Cipriano corrió desnudo hacia el baño vomitando antes de llegar.
-¡Benito! Cubrí a tu mujer y llevala a la camioneta. Debajo del asiento esta el botiquín. Yo me encargo de Cipriano y vuelvo.
Cuando Rosita estaba a punto de volver en si el Padre subió con Cartucho y puso la camioneta en marcha.
-Vamos… ya esta, dijo.
-¿Como se explica todo esto Padre? Dijo Benito mientras Rosita se hacía la dormida.
-Este es el típico caso del demonio Incubo que poseyó al pobre Cipriano y a su vez tu mujer cayo bajo su hechizo sin saber lo que hacía. En todas las culturas existen los Incubos. En Paraguay es Kurupí, en Brasil Boto, en Chile Trauco y así te podría seguir nombrando.
-¿Y Don Cipriano?
-Don Cipriano ya esta bien. Con mis rezos y el agua bendita se repuso. Se quedo tomando un té. Seguro que al vomitar expulso al ente diabólico hijo de perra.
Al pasar la camioneta por delante de la casa de las chismosas hermanas Riganti, estas reían espiando por la ventana.
El sacerdote llevo a Benito y su mujer. Esta ya despierta lloraba diciendo que no recordaba nada. Benito la acariciaba. Los dejo y partió hacia su rancho. Cuando llego se metió al baño a darse una ducha.
-¿Y Cartucho? ¿Qué paso?, pregunto Rigoberto.
-¡Que se yo! Hablaban de un cubo, del diablo, del hijo de una perra y no se cuantas boludeces mas. Pero resulta que la Rosita estaba en lo del Cipriano.
-Siempre fue cornudo, acoto Rigoberto.
-Siii!!! Yo una vez vi el dibujo de un diablo en una revista y aparte de ser cornudo, era rojo, tenía un tridente y una cola que terminaba como la punta de una flecha. La cuestión es que Don Cipriano estaba medio en pedo montando a la Rosita… o al revés, y el Padre los desabotono tirándoles agua como te hizo a vos cuando te montaste a la caniche de los Macorman. Che… esa vez vos estabas poseído?

Texto agregado el 01-11-2008, y leído por 369 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
02-07-2009 jajaja me encanta el estilo ironico y perversamente divertido que tienen tus historias walas
30-06-2009 aju ajua aju,al final el cura le corta la inspiracion a todos ,genial ******** shosha
17-02-2009 Muy práctico el Cartucho.. y gran poder de deducción tambien, jajaja.. Muy bueno! cesarjacobo
04-12-2008 poseido de lujuría, muy buen escrito, jejjjejjee alxcontracultura
03-12-2008 kaajajajajaj, muy bueno, muy bien narrado y con un gran manejo del humor. marfunebrero
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