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No nos olvidemos de Bob Dylan -por quilapan

De vez en cuando uno siempre retorna a lo esencial. Acaso en el arte como en todas las cosas, las distintas expresiones se revelan a cada quien a su debido tiempo. Después de toda una vida escuchando a diversos cantautores parece haberme llegado la hora de regresar a la esencia del canto popular universal, sin naciones ni idiomas. Es la impresión que me queda respecto a la obra de Bob Dylan. La impresión de que me hubiera gustado descubrirlo mucho antes. Por eso digo que probablemente las artes nos aparecen en el momento preciso, ni antes ni después, para que nuestra sensibilidad pueda apreciar cada expresión en todo su alcance.

En una época en que el virtuosismo de la técnica hace el deleite de quienes buscan el placer en lo complejo, en lo nunca repetido, en lo siempre diferente como símbolo del tan bullado progreso, antes me habría sido difícil comprender las expresiones populares arraigadas en lo primitivo, en lo místico, en la sencillez que se hermana con lo imperecedero.

No debe ser fácil estar inserto en la cultura del progreso técnico y económico y mantener la mirada firme sobre los valores que nada tienen que ver con tales adelantos. Valores inmutables donde quiera que convivan las personas. Los artistas que logran sobrevivir en dicha vorágine podrán ser descubiertos tarde o temprano, y el fulgor de su obra permanecerá incólume. Por eso pienso que Bob Dylan me lleva más allá de los márgenes del tiempo. Cuando buceo en su obra dejo de ser yo Fulano de Tal; no tengo edad, y los versos trascienden la singularidad de los idiomas. Si sus historias no estuvieran enraizadas en la idiosincracia de los Estados Unidos, y aun de cualquier latitud occidental durante el siglo XX, sería inexplicable cómo un solo poeta pudo haber trascendido en una de las sociedades modernas más convulsionadas.

Versos con aires de country que hablan de amores, miserias, guerra y muerte; versos que desatan los labios del inconciente colectivo norteamericano; versos que fluyen encima de una sola melodía cuya expresividad parece ser más intensa que la canción más elaborada; fraseos que no son nunca los mismos y que nos hacen intuir la herencia africana con su libertad de máscara tribal: ciertamente muchos habrán sido los cultores que echaron mano de estos recursos, pero pocos como Dylan se apropiaron de ellos y los reflejaron al mundo. Ahí tenemos el Bob Dylan de comienzos de los 60's cuando aún sus versos hedían al heno de los farmers y el sol bajaba de a poco al ritmo de la armónica. Después, y al ritmo efervescente del rock and roll que elevó sus puentes sobre los océanos, Dylan se enchufó no sólo a la guitarra eléctrica sino también al inmenso cuadro surrealista que retrataba la vida que poco a poco comenzaba a parecerse en un continente y en otro.

Por entonces el trabajo lírico de Bob ya se había impregnado de significaciones universales y hasta bíblicas, con tradiciones poéticas que enriquecieron la canción como pocas veces antes o como nunca, tal vez. Escuchábamos la voz de un profeta, un Moisés que subía no a una montaña sino a una torre eléctrica a traernos los mensajes que afluían en las tormentas. Pero había que seguir la marcha, siempre, y sus versos junto con precisarse, con deslumbrar de fuerza intuitiva, dejaron de hablar tanto de Dios y de la muerte y pasaron a contarnos historias cotidianas o a recrear el imaginario folk, donde salían al baile campesinos sureños y boxeadores negros, esta vez al ritmo estilizado del blues; en fin, había más de la epopeya de las ciudades.

En su capacidad de reinventarse, de no sonar nunca igual, Dylan ha logrado atesorar la sencilla for de la sabiduría ancestral que suena siempre fresca a nuestros oídos; es la frescura espontánea que no necesita entenderse con complicados recursos técnicos. Por eso, por mucho que Bob Dylan experimente en los 80's con sintetizadores y sonidos plásticos, seguirá en esencia siendo un poeta popular.

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Sugiero la audición de algunos temas que, creo, son muestra de su riqueza expresiva:

North Country Blues
Jokerman
Hurricane
Desolation Row

28 de Octubre del 2008.

Texto agregado el 05-11-2008, y leído por 537 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
12-05-2010 Muy bueno, disfrute al leerlo. Y con lo que me gusta Bob Dylan! yaichy
10-03-2010 Todo un homenaje y admirada biografía de Bob Dylan. Muy buen ensayo, estructurado, bien redactado y diferente a otros textos que he leído. Genial. ***** nayru
10-10-2009 Vibrantes y diáfanas palabras para el gran Dylan y su maravillosa música. Una fiesta de las palabras leer este texto. Saludos! manndrugo
16-11-2008 ¿Por qué no puedo dar de nuevo mis estrellitas? Creo que lo valgo. Garvas
13-11-2008 A mi el Quilapan no me gusta, pero como canta Bob Dylan me encanta; además me parece fantástica esta iniciativa padretoc
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