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Franco Higiénico

Tanto tiempo que esperé el franco.

Voy en el tren luchando con el sueño. El reglamento prohíbe dormirse de uniforme en lugares públicos. Salí un día franco después de veinte días de estar privado de salida, es mi “franco higiénico” que sino, jamás saldría.
El reglamento dice que si uno ha estado arrestado veinte días, le corresponde un día domingo franco.
Se llama “franco higiénico” porque se supone que debemos procurar contactar una mujer... ¡Tú sabes!

Soy Jefe de Escuadra, Jefe del Pelotón de Demolición, Jefe de Pelotón y Jefe de Ataque a Casamata, siempre me arrestan porque defiendo a mis hombres.
Si me dicen que ataque por la explanada a una casamata, no acato la orden porque todos mis hombres morirían (aunque se trate de un ejercicio militar).
La orden era atacar y volar la casamata.
Esa casamata es un nido de ametralladoras de 12,7 milímetros con una cadencia de fuego devastadora.
Ordeno a un tirador mantener fuego a discreción sobre la casamata mientras voy con el grueso de la tropa rodeando el cerro. Minutos después reducimos la amenaza... fin del ejercicio.

Los oficiales superiores me llaman, uno de ellos me mira pensativo... otro me pregunta.

- ¿Porqué no atacó por la explanada?
- Porque todos mis hombres habrían muerto... ¡Señor!- Respondo desde la “posición de firmes”.
- La orden era atacar por la explanada. – Me arenga.
- Mi obligación como Jefe de Pelotón es pensar en reducir el objetivo con la menor cantidad de bajas posibles... ¡Señor! Una explanada está perfectamente cubierta por el fuego de las ametralladoras pesadas y además sería lógico pensar que se encontrará minada. En una situación real todos mis hombres habrían muerto y la casamata estaría todavía emplazada.
- Tiene cuatro días de arresto, puede retirarse.
- ¡Si señor! – Hago la venia y me retiro.

A esos cuatro días se sumaron otros y bueno, hoy me tocó el bendito “franco higiénico”.

El repetido ruido del tren al viajar sobre los rieles me está adormeciendo cuando de repente veo algo por la ventana que me alerta completamente. Una mujer medio sentada entre los pastizales mira al tren y grita algo con la mano extendida.
Pienso que no es lógico que esté así entre el pastizal y parecía no poder incorporarse... me levanto en busca del Guarda del tren para pedirle que lo detenga. Quiero investigar qué le sucede.
No encuentro al Guarda y el tren sigue alejándose. Pienso mil cosas que pudieran estar sucediéndole a esa mujer y me desespero. Quiero saltar del tren pero va muy rápido y a cada segundo se aleja más y más.

Hay un cable que cruza todo el vagón por debajo de las bandejas portamaletas, pienso que puede ser el freno de emergencia y halo de él... no pasa nada.
Corro a la salida del vagón, veo una especie de caja de vidrio y una leyenda “Freno de Emergencia” y un manguito de metal pintado de rojo. Lo rompo y activo el freno. Noto que empiezan a salir chispas de las ruedas, aminora la marcha. Todavía va muy rápido, espero... disminuye otro poco la velocidad. ¡Me arrojo!
Ruedo, me raspo, me golpeo. Al levantarme noto que mi uniforme está hecho jirones y no encuentro mi gorra. Comienzo a caminar de regreso buscando a la mujer.
He recorrido bastante cuando siento unos lastimeros gemidos. Corro hacia donde se originan los lamentos. Allí está, una mujer joven, bonita...

- ¿Qué te pasa mujer, por qué gritas? – Le pregunto arrodillándome a su lado.
- ¡Ayyyyyy me duele... me duele...! – Grita retorciéndose de dolor.
- ¡Pero qué te pasa, ¿te golpearon, te atropelló el tren... qué te sucede?!
- ¡Voy a dar a luz.... ¡Ayyyyyyy! ¡Ayúdame... Ayúdameeeeeeeee!
- ¡Ay mi madre... AYYYYYYYY MI MADREEEEEEEEE!, no puedo creer que esto me pase a mí. ¡Ay Dios mio.... ¿QUE HAGOOOOOOOOO? Esteeee... mira, voy a buscar ayuda... ya vengo.
- ¡NOOOOOOOOOO, no te vayas...! ¡Ayúdame por favor... por favor! – Me dice agarrándome del uniforme.
- ¿Pe... pepe... pero qué hago... qué hago...?
- Yo no sé pero no te vayas... no te vayas... ¡Ayyyyyyyyyy!

Levanto su vestido y veo sus piernas mojadas por algo viscoso y una panza como si se hubiera comido el globo de Phileas Fogg.

- Voy a quitarte la pantaleta ¿Ok?
- ¡NOOOOOOOOO, vas a ver mis partes íntimas...!
- Bueno, entonces me voy...
- ¡NOOOOOOO, está bien, está bien... Sácamela!

Su última palabra me hace sonreír...

- ¿Ves?, no te rías... no te rías... – Me dice compungida.

Comienzo a sacar su pantaleta...
- ¡NO ME MIRES!
- ¡Ay siiiiiiii, te ves taaaan seductora!, además yo tengo novia... ¿Cómo te quedó el ojo?
- ¿...y ella es bonita?
- ¡Pero bueno, recién estabas a los gritos pelados y ahora de tertulia...!
- Me duele cuando me vienen las contracciones, ¡¡¡...y no me grites!!!
- A todo esto, ¿dónde está tu marido, por qué estás sola?
- ¿Ya me sacaste la pantaleta? – Pregunta como no queriendo responder.
- Siiiiiiiii, ya te la saqué.

Se me queda viendo y se baja el vestido.

- ¿Viste lo empapada que está tu pantaleta? No sabía que transpiraras tanto de “ahí”.
- ¡Estúpido... grosero... es que se me rompió la fuente!
- Lo que sea que se te haya roto es un asco... jajaja
-¡¡¡AYYYYYYYYYYYYY!!!, otra contraccióooooooooon... ¡¡¡AYYYYYYYYYYY!!!
- Me vas a infartar desgraciada. – Le digo levantando su vestido.

Miro... no lo puedo creer...

– En ese “tunel” cabe un tren. Esto es tamaño king size – Le digo asombrado - Nunca vi algo así, tienes pelos hasta en el hueco.
– ¡Ayyyyyyyyy... eres un malditoooooooo... Ayyyyyyy...!
– Algo se está asomando, los pelos eran de esta cabeza... ¡Puja mujer ... puja!
– ¡Ayyyyyyyyyyy me duele... me duele...!

Todo es una guerra hasta que por fin tengo al bebé en mis manos y la placenta colgando con el condón umbilical adherido.

Ella, con los ojos cerrados, recuperando fuerzas, respira agitada. Está toda transpirada.
El crío se ve todo baboso y ensangrentado, los ojitos cerrados y no llora.
Lo miro por todos lados... se ve entero pero en la nariz tiene mocos o baba o qué se yo.
Lo acuesto sobre mi chaqueta, rompo mi camisa y limpio sus fosas nasales... nada, no llora.

- ¿Qué pasa? – Pregunta ella, inquieta y queriéndose levantar.
- ¡Ah, ya sé... tengo que darle unas palmaditas!

Lo agarro de los tobillos, lo levanto y le zumbo una palmadita.

- ¡¡¡¡WAAAAAAAAAAAHH... WAAAAAAAAAAHH... WAAAAAAAAAHH!!!!

Lo limpio con mi camisa mientras él llora y hace “pucheritos”.

- ¿Qué carajo hago con el cordón umbilical? – Pienso.
- ¿Qué pasa, en qué piensas? – Pregunta ella.
- No sé que hacer con el condón umbilical...
- ¡Pero qué bruto!... Lo atas dejando unos diez centímetros y el resto lo cortas.
- Sí, soy bruto... sólo sé correr, tirarme al suelo, disparar mi arma, levantarme, volver a correr...

Corto una tirita de la manga de la camisa y le hago un nudo al cordón a unos tres centímetros y el resto lo corto con mi “cutó” (sable corto).
Con la espalda de mi camisa fabrico un pañal pero se le sale. Saco una tira larga de la misma manga, medio se lo ato y le queda... ella me mira.
Se lo entrego y lo llena de besos y sonríe. Dos segundos después, el pequeño monstruo busca con su boquita, ella lo lleva a su pezón y él desayuna hasta que se duerme.

Estoy sentado, abrazado a mis rodillas contemplándolos...

- ¿Te ofendiste? Lo de “bruto” te lo dije sin ánimo de ofender.
- No, no estoy ofendido, en realidad estudiamos muchísimo también... navegación, cartografía, meteorología, etc. Tampoco nos eximen materias, las tenemos que rendir todas a fin de año con académicos foráneos.

-¿Cómo te llamas? Me pregunta.
- Le digo mi nombre y agrego: ¿... y tú?
- Yo soy Roxana... ¿Cómo dijiste que te llamas?
- Mira, voy a buscar una ambulancia porque necesitas evitar una enfección y mientras estés amantando no te puedes automedicar.
- ¿Seguro que vas a volver?
- Nunca te dejaría aquí abandonada; puedes apostar a que volveré.

Ella se queda mirándome a los ojos y luego agrega: Te creo (...)

La hospitalizaron con el bebé, ambos en observación pero en perfecta salud.
Cuando me presento a la guardia de la Escuela de Oficiales...

- ¿Cómo se atreve a presentarse así? – Me dice el Oficial de Guardia.
- ¿Usted se miró? Parece que viene de una guerra, parece un andrajoso, un pordiosero...
- Señor, tuve que saltar del tren y bla... bla... bla...
- ¡Nooooo...! – Me interrumpe – Usted es un pendenciero como todos los de la Unidad Táctica de Ataque... pero me alegro, me alegro, hoy parece que le dieron lo suyo. Vaya a cambiarse de combate, pase por la Sala de Armas y se pone el equipo completo. Vamos a ver cuánta energía le queda...
- Si señor... – Respondo.
- Por romper el uniforme tiene veinticinco días de arresto... ¿Comprendió?
- Si señor... comprendí.

Pasan dos meses y medio... Es domingo y para variar estoy arrestado.

- ¡Vístase, póngase el “uniforme social”, tiene visita! – Me dicen.

Llego a la Sala de Visitas y está Silvia, mi novia, esperando. Una sonrisa ilumina mi rostro. Ella corre y se abraza de mi cuello... la beso.

Aparece Roxana con el niño, se acerca y me da un beso en la mejilla... la miro sorprendido por su presencia.

- Se llama como tú... pero el abuelo le dice “Iejoyakim”. – Dice sonriendo y me lo deja en mis brazos.
- Se ve hermoso Roxana... ¿Cómo has estado?

Silvia observa la escena asombrada primero, luego me mira con chispas en los ojos. Hace muecas con la cara como queriendo decir algo que la sorpresa no le deja decir...

- ¿Quién es ésta? – Tras lo dicho, un cachetazo.
- Pero mi amor, estás equivocada yo...
- Eres lo peor que existe en este planeta. ¡Te odioooooo, ni me hables!
- Déjame que te explique, no es lo que parece...
- ¡Por favooooor, no seas caradura! – Dice y se aleja con pasos enérgicos.

Se fue, no me escuchó.

- ¡Aguuuuuu! – Dice el cretinito con una sonrisita.
- ¿De qué te ríes tú... engendro? – Le digo serio.

Se ríe, luego se pone serio y me mira atento. Le sonrío y él toca mi cara con su manito... es precioso el desgraciadito.

- Vine el lunes y me dijeron que estabas arrestado y que sólo te podía visitar el domingo. Dime... ¿Ella es tu esposa?
- Es mi novia... o era...
- ¡Ah...! – Dice y acomoda su cabellera - ¿Cuándo te dejarán salir?
- El domingo que viene es mi “franco higiénico” – Digo mientras miro al engendro, siento su olorcito a bebé, veo su sonrisita, sus manitos...
- ¿Qué significa “franco higiénico”?
- Bueno “franco higiénico”... Estemm... es el que me dan para arrojarme del tren y asistir un parto.
- Jajaja... Mentiroso, le voy a preguntar a aquel tipo.
- No, no hagas eso. Mira, franco higiénico nos lo dan para estar con una mujer ¿entiendes?
- ¡Ah, por eso te tiraste del tren, fue para estar conmigo!
- No es exactamente así, es para que yo y una mujer...
- ¡AY, YA SÉ, ES PARA QUE TE ACUESTES CON UNA MUJER! – Dice eufórica al encontrar la respuesta.
- ¡Shhhhhhhhh...!
- ... y Silvia “paga el pato”, ¿No? – Agrega con una sonrisa pícara.


Texto agregado el 04-01-2009

Texto agregado el 07-01-2009, y leído por 637 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
12-07-2013 De excelencia, amigo!!!***** MujerDiosa
01-03-2009 caí aquí por error, ahora digo "por fortuna", es una historia muy divertida y cautivante, al segundo reglón ya te atrapa, sólo el final no me convence mucho. Felicitaciones el-parricida-huerfano
10-01-2009 Escribe <b>logan5 </b>en mi libro de visita "Gracias Yvette, lo considero un honor estar entre tus selecciones." ninive
08-01-2009 Espectacular!!! Muy lindo y lleno de vida. Con personajes bien definidos y luchadores. ***** flop
08-01-2009 muy bueno el cuento, los personajes, el tema de fondo, me ha gustado muuuuucho divinaluna
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