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Inicio / Cuenteros Locales / La_Columna / Las Bicicletas de mi pueblo,para La_Columna, por albertoccarles

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Las bicicletas en mi pueblo...



En mi pueblo, las bicicletas son una especie de segunda naturaleza entre su gente. Y las hay de todo tipo y tamaño. De carrera, ruteras o pisteras, con tubos o semitubos; todo terreno o mountain bike; clásicas o de paseo, diferenciadas para ambos sexos, con caño en el medio las masculinas, sin él las femeninas, y éstas con tejido protector en la rueda trasera para el vestido de la dama (¡Ah, cuando ellas usaban polleras y vestidos!). Las hay también plegables, las hay con canastito adelante y portaequipaje detrás. Se ven también circulando las rescatadas de algún galpón de deshechos, viejas, destartaladas, oxidadas y tambaleantes, sin luces ni frenos...

Las tripulan toda la variedad de la especie, ambos sexos por cierto, que habita la ciudad, aunque de la periferia también suelen llegar al centro por este medio. Desde niños pequeños acarreados por mamás o papás en el asientito de adelante (los más grandecitos viajan en el portaequipaje trasero), o los ya sueltos que se aventuran a moverse por las calles, que comienzan a percibir como propias entre vehículos de todo tipo, hasta gente de mediana edad, o incluso ancianos, a quienes puede verse luchando contra el viento o alguna subida algo empinada, cargando a veces equipos insólitos o provisiones de gran porte...

Eso sí, no se manejan por bicisendas. Todas las calles, sin distinción, están abiertas a su circulación sin restricciones. No hay mano ni contramano que valga para ellas, ni derecha o izquierda; no hay semáforos rojos que las frenen ni verdes que las habiliten, ni carrocería o paragolpes que dejen de evitar con lo justo, aunque más de una vez haya que lamentar lesionados.

Si uno circula en automóvil, debe hacerlo en primera o segunda velocidad, y con el pie pronto a desplazarse hacia el freno, pues no puede ni imaginarse por dónde surgirá la próxima bicicleta; cuando circulan en bandada, sobre todo en los horarios de entrada y salida de las escuelas, con uno o dos niños cargados en el caño y el portaequipaje (algunos van paraditos en él, cual ómnibus londinense, con manos apoyadas en cabeza u hombros del pedaleante), se debe avanzar con todos los sentidos prendidos (sexto o séptimo incluidos). Y a poco más que paso de hombre. A veces el grupo se abre para dar paso, a derecha e izquierda, concediendo el espacio que considera suficiente, y las miradas confluyen severas sobre la carrocería. Los adolescentes viajan con sus novias sentadas sobre el manubrio, mirando hacia ellos. Por las tardes alrededor de la plaza se los suele ver paseando y charlando, y a veces besándose en pleno movimiento circular, para sorpresa del cura que los mira con severidad parado en la entrada de la iglesia.

Es frecuente encontrar en las guardias de clínicas o del hospital chicos quejosos, con algún pie lastimado; es el ya denominado “pie de bicicleta”, que se produce cuando el niño trasero, al perder el equilibrio, cierra las piernas para sostenerse, insertando algún piecito entre los rayos de la rueda...

Nada más requerido, y menos resguardable en mi pueblo que una bicicleta. En casa ya desaparecieron cinco (la última hace pocas semanas). Es un vehículo barato, cómodo, muy codiciado, sobre todo ahora con la crisis. No paga patente ni seguro, ni combustible (tracción a sangre), no requiere permiso de conducir, todas las edades están habilitadas para hacerlo. Sólo basta aprender a sostenerse arriba de ella, y tener fuerza en las piernas para impulsarla.

En definitiva, el tráfico en mi pequeña ciudad es un gran caos, sin vía de solucionarse a corto plazo. El municipio parece tener cerrada la oficina de Educación Vial, quizá por reformas, aunque más probable es que sea por “anonadamiento”. Incluso si existiera voluntad de cambio, no sabrían cómo empezar.

Concurre a agravar la situación el hecho de que la ciudad está partida al medio por el ferrocarril. Diez o doce veces en el día cada vecino cruza las vías, y las bicicletas también. Pero así como no respetan semáforos, tampoco lo hacen con las barreras bajas. Hay trenes que se detienen en todas las estaciones, circulando lentamente. Pero los rápidos pasan como una tromba, haciendo sonar la sirena y levantando una nube de polvo a su paso.

Hace unos días, aguardaba yo en el automóvil el paso de un tren que se venía anunciando como rápido, cuando del lado contrario avanzó sobre las vías una señora en bicicleta, cargando dos niños escolares. Cruzaba los rieles eludiendo la barrera baja, cuando de pronto se inclinó hacia el canasto y alzó un objeto negro...¡para atender una llamada por el celular! Al tiempo que sonreía, vaya a saber uno el origen de la llamada, el rápido pasaba raudo por detrás de ella que, inmutable, continuó con el esforzado pedaleo y platicando con evidente gusto.

Sí, las bicicletas en mi pueblo constituyen una segunda naturaleza...

Texto agregado el 13-05-2004, y leído por 1411 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
25-05-2004 Genial esta, pena de nohaber venido antes. Como bicicletero contumaz que soy me ha gustado. Además, ese toque tenso al final...te ha quedado de cine, de Hitchcock casi. Saludos Nomecreona
13-05-2004 Ayyyy me recordaste a mis épocas de bicicletas, me he dado tantos porrazos en ellas que mis piernas eran puro moretón en la infancia. Qué bonito tu pueblo, ya me lo imagino... Un beso. MCavalieri
13-05-2004 De jovencita transitaba yo en una doblecleta, que era del chico interesado, con otro asiento detrás. Me has hecho recordar de lo lindo. Gabrielly
13-05-2004 oi decir una vez que un intelectual es una persona que cree saberlo todo pero no sabe montar en bicicleta... no tiene nada que ver con tu escrito pero me lo recordaste, o si tiene que ver... barrasus
13-05-2004 Maravilloso. En los pueblos de los alrededores donde vivo, la bicicleta también es el medio de transporte por excelencia. Aquí las hay también de carga (triciclos) que a la vez se usan como taxis (tricitaxis les llaman y llevan hasta tres pasajeros). Con mucha frecuencia visitan mi ciudad y entran en sus vías rápidas con toda tranquilidad, así que sé muy bien de lo que hablas. Un abrazo, excelente texto. Te dejo mis estrellas. Borarje
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