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Inicio / Cuenteros Locales / el-alberto / Ley Fundamental del Cuento (o todo cuento es una hipérbola)

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Me quejaba ante el Escritor que había sido Matemático, de que me reprocharan haber escrito un cuento sobre uno de esos artistas que se paran en las plazas completamente inmóviles, esperando con infinita paciencia que les llueva maná del cielo (bueno, en realidad, monedas de los transeúntes), acusándome de escribir como Kafka; de lo cual, mirado de soslayo, podría pensarse que es un halago, si no fuera por la ironía de los comentarios, de la cual soy testigo. Yo me defendía diciéndole al Escritor que había sido Matemático que sentía que esa historia, y su desenlace extraordinario, sólo podían ser contadas de esa manera. Entonces, el Escritor que había sido Matemático me dijo que yo había descubierto una de las leyes fundamentales del cuento.

—Sea “x” el Argumento, e “y” el Lenguaje (el Estilo, dirían los puristas) —empezó a explicarme el Escritor que había sido Matemático, que no puede expresar ninguna idea sin usar equis e yes—. Entonces, para todo cuento, se cumple la expresión:

xy = k

Donde “k” es una constante. Entonces, la Ley Fundamental del Cuento dice que el producto del Argumento por el Estilo es constante.

Yo me quedé como uno de esos artistas que se paran en las plazas completamente inmóviles, esperando con infinita paciencia que les llueva maná del cielo (bueno, en realidad, una explicación más clara). El Escritor que había sido Matemático sonrió con benevolencia, y siguió con su disertación.

—Entonces, mientras mayor sea el valor de “x” (un Argumento fantástico, por ejemplo), menor será el valor de “y” (o sea, el Estilo será muy sencillo). A la inversa, mientras menor sea el valor de “x” (o sea, un Argumento muy simple), mayor será el valor de “y” (o sea, el Estilo será muy complejo). De otra forma, el cuento no funciona.

Yo le pregunté si siempre es así.

—Porsupuestamente —me contestó el Escritor que había sido Matemático, asombrado de que alguien dudara de sus símbolos y equivalencias—. Ahora —prosiguió—, veamos algo interesante. La expresión fundamental puede escribirse, despejando para “x” e “y”, de las siguientes formas:

x = k/y e y = k/x

—Tomando límites en la primera expresión—prosiguió el Escritor que había sido Matemático—, si “y” tiende a infinito, “x” tiende a cero: un Estilo inusualmente desproporcionado, oculta un Argumento inexistente. ¿Qué cuenta Cortázar en “Historias de Cronopios y de Famas”? —me preguntó el Escritor que había sido Matemático, con una expresión divertida.

—Nada —le respondí, tras pensarlo un poco.

—Elecucudé —me contestó el Escritor que había sido Matemático, usando una de sus expresiones favoritas—. En esas historias, el Estilo es un fin en sí mismo; por lo tanto, no hay Argumento.

Yo me quedé perplejo.

—Tomando límites en la segunda expresión—prosiguió el Escritor que había sido Matemático—, tenemos que cuando “x” tiende a infinito, “y” tiende a cero: un Argumento extraordinario, obliga a usar un Estilo muy sencillo, casi inexistente. ¿Recuerdas “El dinosaurio”? —me preguntó el Escritor que había sido Matemático, otravezmente con una expresión divertida.

—Desdeluegamente —le contesté.

—Pues bien —me dijo el Escritor que había sido Matemático—, ¿no es sorprendente que ese cuento no tenga adjetivos? Y concordarás conmigo en que la forma de adjetivar es consustancial al Estilo. Por eso, un cuento corto siempre tiene un Argumento extraordinario, y el Estilo sale sobrando.

Denuevamente me quedé perplejo.

—Un cuento de Kafka —prosiguió el Escritor que había sido Matemático— requiere de un estilo agobiante, en el que las palabras apenas se mueven, porque sus argumentos son sencillos: ¿o te parece extraordinaria la idea de un trapecista triste? En cambio, en “La Metamorfosis”, el Argumento es fantástico; en consecuencia, el lenguaje es sencillo, para nada nos distrae del hecho fantástico. Un estilo recargado haría insoportable la lectura, ya que la idea de alguien transformándose en escarabajo es, en sí, suficientemente aterradora.

—En “El Aleph”, de Borges —prosiguió el Escritor que había sido Matemático—, el lenguaje es tan sencillo, que apenas podemos creer que estemos presenciando la existencia de ese objeto fantástico; lo mismo ocurre con “La noche boca arriba”, de Cortázar: el estilo fluye limpiamente, dejando que el hecho fantástico nos golpee por sí mismo, sin ortopedias lingüísticas. Para nada funcionaría allí la verborrea de “Historias de Cronopios y de Famas”.

—Como ves —terminó de explicar el Escritor que había sido Matemático, recogiendo sus símbolos del aire y guardándolos en su bolsillo—, Argumento y Estilo están estrechamente vinculados. Por lo tanto, no te preocupes si te critican el Estilo: eso sólo significa que tu Argumento dice algo. A mí, por ejemplo —me dijo el Escritor que había sido Matemático, ya sin aires didácticos—, siempre me critican que mi Estilo es demasiado matemático.

Con esto último, yo me ruboricé intensamente. Y como el tiempo del Escritor que había sido Matemático tendía a cero, su distancia se incrementó al infinito.

Texto agregado el 13-01-2009, y leído por 173 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
13-01-2009 espectacular! luigghi
13-01-2009 muy bueno che! econtumente
 
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