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Lela.

“Layla, you got me on my knees”
Eric Clapton.




En la esquina superior izquierda de mi cuarto, desde un tiempo atrás, vive una bestia de patas largas, millones de ojos y un enorme culo. Una araña. No sé a qué familia taxonómica pertenece, ni como ha llegado aquí, pero me gusta, hace juego con los zapatos rotos y las camisas descoloridas que nunca he dejado de usar, contrasta perfectamente con los sombreros de mi abuelo, con la bufanda a rayas de mi mamá y hasta le imprime un toque melancólico a las fotos que tengo pegadas sobre la pared. De inmediato, al verla tejer su tela simétrica la bauticé Lela, porque en ese momento sonaba en la radio una canción de un señor de poca barba que toca muy bien la guitarra, la canción hablaba de un hombre que le canta a una mujer que lo tenía a sus pies, desde ese momento la araña que vive en mi cuarto se llama como la canción de la radio: Lela.

Al día siguiente llamé temprano a Kaia al trabajo, le dije que tenía una sorpresa para ella, que muy seguramente le iba a gustar, entonces, muy curiosa me preguntaba sin parar ¿Es una blusa? ¿Es una canción vieja? ¿Es una carta escrita en esperanto? ¿Es una estrella azul con cordones rojos? ¿Será unos aretes marrones con pepas amarillas? Y yo sólo le respondía que no y no, que tenía que esperar hasta la noche, a que estuviéramos en mi cuarto, que ahí era donde estaba la sorpresa, entonces ella susurró muy despacio y con algo de pudor ¿Es un juguete erótico? Esperando infructuosamente que sus compañeras de oficina no la escucharan, sobretodo Yolanda, la habitante del cubículo de en frente, quién tenía la mente más pervertida que la de un profesor de deportes de un colegio femenino, le contesté que no, pero en mi mente quedó sonando la idea. Qué buena idea, me dije. Pasadas las siete de ese viernes atravesé la carrera séptima para encontrarme con Kaia a la salida de su trabajo, ella estaba de pié, apoyada sobre una de las columnas de la entrada del edificio, con su falda negra y una camisa blanca que se ajustaba muy bien a su cintura, miraba desprevenida hacia la calle, cuando de frente se encontró con un beso cálido y sonoro que le lancé sin tiempo para esquivar, de inmediato me preguntó por la sorpresa, le dije que sorpresa… era sorpresa, en ese momento, la mirada libidinosa de Yolanda me hizo erizar, tres microsegundos después entré en color cuando a grito entero se despidió de nosotros con un: ¡Que lo disfruten!.

Ya en la casa, me adelanté y apagué la luz de la habitación, encendí la lámpara marrón que hay sobre mi mesa de noche y entonces hice que mi novia entrara despacio y con los ojos cerrados, coloqué la canción del guitarrista que había inspirado el nombre de la araña y le dije: ¡Abre los ojos!. Ellas se miraron, Kaia vio una diminuta creatura de patas negras y Lela vio a un millón de mujeres que la veían, ella quería ser como la araña, vivir en cualquier rincón de mi habitación, alimentarse de lo que el viento le trajera, aburrirse de estar allí y levantar el culo e irse a la otra esquina, y así, habitar por siempre de un lado a otro. La araña solo quería comer moscas.

Y ¿Si no es Araña? Preguntó Kaia sugiriéndome que fuera un espécimen macho. Es araña y se llama Lela, le dije con los ojos bien abiertos, tratando de comunicarme telepáticamente con ella para hacerle entender que no habría discusión sobre el tema. Ella sonrió, bajó un poco la cabeza y sonrió, me abrazó y sus labios buscaron mis labios, sus manos mi espalda y las mías su piel bajo la falda, le susurré al oído que así fuera un araña, con veneno en la piel y con aguijón de matar, así me dejaría atrapar por su tela, entre esos susurros y besos el olor de su cabello se me quedaba atornillado entre el fondo de mi nariz y mi cien, así llegamos paso a paso hasta mi cama y esa noche de viernes terminó como debía terminar.

La mañana entró por los espacios que deja mi persiana, iluminó la piel color caramelo de Kaia y entonces me desperté, la vi dormir por un largo rato, hasta cuando la cama me escupió hacia el piso frió del cuarto, entonces busqué algo de comer, en la nevera encontré un trozo grande de papaya, otro de melón y un poco de queso, ¡Una ensalada! Me dije, y antes que Kaia se terminara de despertar ya estaba frente a ella el desayuno perfecto, después de comer, nos recostamos un rato hasta que ya la cama no nos aguantó más, ¡Quieto! Me dijo ella, y señaló con su mirada el plato vacío de la ensalada, sobre él se veía una mosca que trataba de posarse sobre los rastros del plato sucio, en seguida comprendí el mensaje, lentamente acerqué el plato hacia nosotros y con él la mosca también se acercó, se posó sobre el borde de la loza blanca y entonces le lancé un manotazo abierto que se suponía atraparía el desayuno de Lela, y fueron como ocho manotazos los que atraparon viento y nada más que eso, hasta que Kaia sin pensarlo dos veces se quitó la camiseta que usada como improvisada pijama para hacer con ella un rustico mata-moscas, tan efectivo como el poder de sus senos al aire, que se dejaban llevar por la sutil gravedad, de un solo golpe la mosca cayó muerta, yo en cambio no podía pensar en la mosca, entonces ella dejó caer esa improvisada arma mortal y nos refugiamos de nuevo en nosotros, dejando para después la alimentación de Lela.

Dar de comer a una araña no es tan fácil como parece, con el tiempo descubrí mejores pero no tan gratificantes maneras de matar moscas, también comprendí que a Lela le gustaba que su mosca no estuviera totalmente muerta, debía ser porque así se aseguraba que la comida fuera realmente fresca, cosa que comprobé el vía que le dejé sobre su telaraña una de esas hormigas culonas fritas que venden en la terminal de trasportes de cualquier pueblo de Santander. Lela no se la comió, ni siquiera la envolvió con su tela como solía hacer con las demás presas que yo muy sutilmente dejaba sobre su tela una vez por semana. El mejor festín que le llevamos a Lela fue un grillo pequeño de esos que viven en medio del pasto, lo capturamos con Kaia sin querer, una tarde de domingo, ese día estábamos caminando por el parque que queda detrás de la iglesia del barrio, el sol estaba tan fuerte que era totalmente irresistible tumbarse bajo la sobra de los arboles, escogimos un pino Romerón que estaba un poco escondido y bridaba algo de privacidad, nos acostamos sobre la grama verde y sin darnos cuenta el tiempo pasó, y mis manos pasaron sobre Kaia toda y ella pasó sobre mi boca, mi cuello y yo sobre el suyo, también pasó más un curioso que llamó a la policía, y nos hicieron pasar un buen tiempo en la estación por hacer espectáculos impúdicos en público. Bien entrada la noche salimos de la estación después de comprometernos a realizar actividades comunitarias como leer cuentos a ancianos y sembrar árboles, entonces mi novia, que en ese momento se encontraba bastante apenada por lo sucedido en la tarde, me dijo que hacía rato sentía algo que le fastidiaba en la espalda, le respondí que esperáramos hasta llegar a la casa para ver que era, y apenas entramos a mi cuarto se sacó la blusa y el sostén, dejando ver como sobre uno de los broches de su ropa interior se había quedado atrapado un pequeño grillo, yo no pensaba en el grillo, Pero Kaia decía: ¡Para darle de comer al araño! La miré con los ojos bien abiertos diciéndole: Araña, Lela es una araña, así que tomé las pinzas de alimentarla y llevé al grillo hasta su tela, el grillo se movía torpemente pero insistente a pesar de tener una pata rota, por un momento hasta pensé que iría a romper la tela de Lela, pero ella, en menos de lo que la había visto actuar, envolvió al aturdido insecto en una suave manta de hilo, lo cubrió completamente como una diminuta momia de grillo y después, se lo comió.

No sé cuanto vive una araña, pero ya van a ser dos meses que ella tiene su casa en mi cuarto, la telaraña que ha tejido ya está por casi media pared y los restos de las moscas devoradas por Lela se ven como cuentas de un collar que espero siga creciendo. A veces, en las mañanas cuando Kaia no se queda conmigo, le digo a Lela: Aquí entre nos, ¿Eres una araña o un Araño?

FIN
Bogotá; Enero 25, 2009.

Texto agregado el 25-01-2009, y leído por 183 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
31-01-2009 Está bueno, pero si no me equivoco, conmigo se escribe todo junto no? beso .Ivana brisa-fresca
31-01-2009 No es una araña ni un araño, es Lelo el come insectos y será lo que tu quieras que sea hasta que formes parte de su telaraña. Tamo kaia
26-01-2009 Hola don Bombillo, me acabo de inscribir al grupo, pero también me acabo de dar cuenta que me tomará un tiempieto leer todos sus textos! Un abrazo. memin79
 
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