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El vagabundo caminaba trabajosamente, tras su par de tragos garrapiñados en un bar de mala muerte. A trastabillones, achinando sus ojos para tratar de visualizar el entorno, profería palabras sin sentido.

En el fondo, él no se quejaba de nada. Desde muy joven había establecido una amistosa relación con las calles y estas, sólo le devolvían indiferencia. La filosofía del hombre era simple, en la calle no había buenas ni malas personas, sino múltiples tachos de basura y escombros que le entregaban sorpresas a diario.

La gente, arriscaba su nariz cuando se topaba con él; se diría que nunca nadie se había detenido alguna vez para brindarle una sonrisa ni muchos menos para mirarlo a los ojos en un humanitario afán de saber que se ocultaba tras esa mirada algo extraviada.

Esa vez, se había internado en esas calles céntricas, en donde la impersonalidad reinaba en medio de bocinazos, gritos de vendedores y vitrinas atestadas. El vagabundo sonreía con un gesto bobalicón. Le gustaba sentir la brisa provocada por esas bellas mujeres que pasaban raudas, esquivándolo apenas. A veces soñaba que una de ellas se detenía, le besaba con pasión y él, por un desconocido sortilegio, se transformaba en un elegante varón. No se fascinaba tanto por ser ese galán, sino por tocar con sus manos a esas princesas de cuerpos perfectos.

De pronto, en una esquina, un ser deforme, sentado en una especial silla de ruedas, contemplaba el tráfago con un gesto de profunda tristeza. El vagabundo, condolido con ese pobre personaje, aún más desafortunado que él, hurgó en sus desfondados bolsillos y encontró una moneda de diez pesos. Estaba cierto que la caridad es una de las mayores virtudes que puede atesorar un hombre. Caminó, pues, los pocos pasos que lo separaban del inválido y depositó la moneda en uno de sus bolsillos. Luego, le sonrió y prosiguió su errático camino.

Stephen Hawking, sonrió a su vez, haciendo un alto en sus profundas divagaciones…











Texto agregado el 28-01-2009, y leído por 2248 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
28-01-2009 ¡Qué hallazgo para Stephen Hawking! Un vagabundo le muestra, en un sólo gesto, el centro del alma... Felicitaciones, un hermoso relato que nos conduce en paralelo por dos vidas que se unen en un solo centro. Estrellas de Anua
28-01-2009 muy triste, muy noble. mis5* y un beso para ti. wicca
28-01-2009 Opino igual que galadrielle,me encantaria otra historia de este mendigo.Esta me encanto en su forma y el fondo excelente Gracias un placer leerte ******** shosha
28-01-2009 Buen relato urbano. El noble mendigo merece que le hagas otras historias. Un saludo. galadrielle
28-01-2009 Un texto de vasto trabajo en su desarrollo. Pero faltó una conexión al final. Todo me gustó bastante, pero encontré que navegaba en un sentido cuando me vi en uno que ni supe donde estaba. el_rey
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