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La noche vestía de sombras la escultura de Andrea sobre las paredes esmaltadas de su apartamento recién amoblado, fue un penhouse el que escogió minuciosamente su padre para sus venti cinco años de buena vida, ubicado en el norte de Bogotá en un doceavo piso con mirada exclusiva hacia un gran parque poco transitado.

Andrea siempre quiso ser independiente , sobretodo porque en su casa se acostumbraban a intensificar los ruidos acelerados de la vida, su hermanita como ejemplo de obediencia se encargaba de adornar el hogar con sus 24 horas de vallenato y 48 de electrónica sin interrupciones, su mamá en cambio ponía a trabajar la lavadora y secadora todos los días muy temprano y a la misma hora mientras trabaja puliendo y lijando la madera para iniciar sus diseños contry, oficio que adaptó después de salir jubilada como diseñadora industrial. Su padre a diferencia de todos lo demás era el que menos se sentía en la casa, medico especializado en cirugía cardiovascular, llegaba tres noches a la semana tan ebrio que Andrea muchas veces lo encontraba recostado sobre la puerta principal con las llaves en la mano, los cuatro días restantes de la semana se la pasaba, según él de turnos en el hospital del norte.
A Andrea poco le interesaba la depresión de su madre, mucho menos la promiscuidad de su hermana o el alcoholismo de su padre, para ella lo importante, aunque estuviese consciente de no poder alcanzarlo por su condición, era el silencio y aquel deseo se fue intensificando después de sus quince años.

Al principio pensó poder controlar el bullicio de su entorno empapelando por completo su habitación con cartones de huevos, pero los ruidos junto a las voces se fueron colando por la puerta y las ventanas. Después se diseñó unos tapones de goma para sus oídos los cuales eran urgentemente puestos al ingresar a casa, lo único que realmente logró con este artefacto fueron diarias jaquecas y otitis complicadas. En las mañanas pretendía estar despierta leyendo algún libro o esculpiendo alguno de sus cuadros, en cambio en las noches no hacía más que intentar dormir, tarea inútil cuando muy bien se sabe que la oscuridad se lleva muy bien con la locura. Precisamente en una de esas noches de gran luna fue cuando Andrea interrumpió violentamente en la habitación de su hermana y con gran velocidad la prendió del cabello para que aprendiera a no hacer tanto escándalo por tan poco; los portazos, el mechoneo o tal vez las malas energías del viento despertaron a la mamá de Andrea que un poco somnolienta ingresó a la habitación de donde provenía la algarabía, y al ver a su hija menor desnuda junto al mejor amigo de su esposo, echó a gritar con sollozos tan agudos que el gato de la casa salió corriendo hacia la ventana del patio donde escaló el muro que lo separaba de la desconocida ibertad. Desde ese día Andrea le pagó a su hermana una mensualidad fija para que solventara cualquier motel y gritara lo que ella quisiera con el que le dieran en gana, a su mamá le contribuyó con un psiquiatra para disminuirle los llantos producto de la depresión y las peleas con su padre.

Estudió derecho pero nunca ejerció, se graduó convencida de haber querido estudiar bellas artes, pero se ahorró las explicaciones y el disgusto de sus padres culminando sus estudios como una prestigiosa profesional. Pasaron así nueve meses y su padre empezó a cuestionarle las posibilidades de iniciar un trabajo, Andrea respondía creando nuevas excusas que llegaban a la misma idea de haber pasado cientos de hojas de vida sin haber recibido respuesta alguna, la situación estaba muy difícil para los abogados, la recesión de Colombia, la huelga del gremio, la caída del dólar y la crisis económica mundial no esperaban que ella consiguiese empleo en abogacía, por lo que se dedicaría en el momento a explotar su inspiración y pintar cuadros que probablemente subastaría por internet, espacio que no solo encontró para costear sus necesidades económicas, sino también las sentimentales.

Jan, Canadiense soltero de 30 años, comerciante y poco conocedor de la lengua española, se coló sutilmente en el chat de la pagina donde Andrea pensó colgar las fotos de sus primeros cuadros, en un ingles poco elaborado de ella y entre la paciencia de él, Jan fue enseñándole las facilidades y ventajas de los negocios cibernéticos; se ganaron tanta empatía en sus encuentros fortuitos que un mes después se enseñaron mucho mas que sus caras en las cámaras web y en dos meses querían devorarse frenéticamente. Duraron casi seis meses de noviazgo, ocho horas diarias de contacto cámara a cámara y Andrea se iba enamorando rápidamente, no conocer su voz era lo que tanto le atraía de aquel hombre, mas que su tatuaje en el hombro y sus ojos azul marino.

Cinco días antes de su cumpleaños y Jan no aparecía en el chat, ni un mensaje en su correo electrónico, ni siquiera en su pagina, como si se hubiera formateado en su vida sin previo consentimiento, el ruido empezó a acosarla de nuevo y llegaron los dolores de cabeza. Duró casi una semana sin cambiarse los tapones y así Amaneció el 25 de Agosto con los oídos inflamados; En el fondo de su silencio obligado empezaba a sonar una música de cuerdas muy diferente a las canciones que ponía su hermana, aun así, ruidosas llenas de voces. Decidió esperar a que callaran pero al ver que detrás de una venia otra y otra canción mas, salió de un portazo de su habitación quedando para sorpresa de ella en la mitad de un grupo de serenata, era su cumpleaños y le dolían los oídos. Agradeció entredientes a todos por la sorpresa y antes de terminar, su hermana la estaba invitando al comedor el cual se encontraba completamente vacio, esperaron que los invitados se acomodaran en sus asientos y fue cuando el papá de Andrea apagó las luces y la mamá salió corriendo a abrir la puerta por donde entró una figura extranjera con un ponqué en las manos lleno de velas amarillas. Andrea se abalanzó contra él y lloró en silencio, su cabeza palpitaba fuertemente, Jan la besó en la frente, luego repasó sus parpados y fue arrodillándose tímidamente mientras sacaba de su bolsillo un anillo casi dorado, y dijo unas palabras que nadie entendió muy bien, Andrea en medio de la confusión, el mareo, las voces y la música, levantó a Jan y lo besó largamente para que no hablara mas, dejó que el le pusiera el anillo en su dedo, que le acariciara su mano y la volviera a besar.

Sus padres no dijeron mucho, brindaron con champaña rápidamente como si quisieran borrar ese momento de sorpresa y le entregaron a Andrea las llaves de su regalo de cumpleaños, la puerta de salida hacia su propio hogar.

¡El dolor en sus oídos!, nadie se percataba de ellos, y aun así le preguntaban sobre su futuro, su vida, sus planes, pensó que tal vez respondiéndoles todas sus inquietudes se callarían por ultima vez, pero no fue así, insistían, ordenaban, sintió mareo, pidió que la llevaran a su nuevo apartamento.

La noche vestía de sombras la escultura de Andrea sobre las paredes esmaltadas de su apartamento recién amoblado, su desnudez entera rescataba frente al frio las areolas de sus pezones, el pliegue de sus glúteos se contraían a la vez que sus piernas temblaban, las voces aparecieron detrás, al frente, luego al lado de ella cada vez mas fuertes, insistentes, le pedían a gritos que lo hiciera, se miró la mano derecha, el anillo no estaba en ninguno de sus dedos, apretó los parpados como si así pudiera cerrar el tímpano de sus oídos, volvía el mareo, la imagen de jan en la pantalla de su portátil le vino a la memoria, quería que fuese cierto, pero por las dudas quedaría su hermana para que se quedara con él o por lo menos le escogiera un buen motel para pasar la pena de aquella noche, sonrió tenuemente como si aplaudiera la idea y se lanzó al precipicio donde doce pisos mas abajo la esperaba al fin el silencio ocultado entre el herbaje de un parque olvidado.

Texto agregado el 01-02-2009, y leído por 270 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
08-03-2009 Tu cuento tiene muchas implicancias. Disculpa, pero le falta un poquito de orden. Al menos, esa es mi impresion de lectora atenta. Tienes muy buena fluidez en tu narrativa. Cariños inkaswork
03-02-2009 Buena prosa, aunque un poco dispersa. lindero
01-02-2009 Interesante y ameno. Seguiré leyendote...Walter gerardwalt
01-02-2009 Un relato que atrapa de principio a fin, muy bien escrito y narrado***** JAGOMEZ
 
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