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Las mujeres de mi tierra, son de barro.
Y es que allí en lo alto, el barro está debajo de las veredas y forma hasta las casas,
corre paralelo a las esquinas hundidas del pavimento que no es pavimento, y cuando llueve puede arrasar con todo y al mismo tiempo dar sostenimiento a los barrios, -que de ahí obtienen su nombre-, a los distritos, a las comunidades del otro país entero que algunos aún no ven.
Y son de barro, por que el barro, se filtra por entre las ramificaciones de las raíces de los árboles.
Los árboles son el pulmón de esperanza de aquellas tierras. Árboles en peligro. Herencia de un quehacer pensado en la utilidad.
Y ahora que lo digo, también son árboles, por que entre tronco y tronco se rebelan de cuando en vez, y en las faldas de los cerros y en los extremos de los caudalosos ríos, bailan por todas partes.

Y entonces es imposible que las mujeres de mi tierra, no sean de barro de árbol formado o árboles que dan vida hechos de barro, por que las mujeres de mi tierra son sostén y pulmón de cada uno de sus hogares, en el intento de formar a mi país.

Pero esas mujeres de mi tierra también son como el periódico que llevamos a casa para envolver de papel entintado, desde el pescado, hasta lo más inimaginable, casi de memoria y por tradición. Y entonces me dije a mi mismo, las mujeres de mi tierra, suelen estar y como si no estuvieran. Y envuelven con su naturaleza, a todo tipo de hombres, hasta aquéllos zarapastrosos, de los cuales no son merecedoras. Y no puede ser que las mujeres de mi tierra sean como el periódico de las mañanas, concluí.

Llegando a trabajar, abrí la fuerte reja que separa del ingreso a mi oficina. Metí la llave con fuerza, di dos giros, entré, prendí todo tipo máquinas, me senté, y hasta las siete de la noche, no me levanté, más que para ir a almorzar, dos o tres veces al baño y conversar tonterías con un dependiente. Y se me cruzó por la cabeza una locura: ¿Qué tal si las mujeres de mi tierra están hechas del duro metal, reciben siempre la llave de lo predestinado y son utilizadas para ser testigo en lugar de activa emprendedora? ¿Qué tal si hay algo que las lleva -allí donde quedan las más elevadas cumbres, ahí donde no llega el Estado- a ser utilizadas, de igual modo como yo utilizo mi oficina, sin más ni menos, e innanimadas?

¿Qué hacer cuando los significados vienen desde recovecos? ¿Cómo torear el malhumorado afán del divisionismo? ¿Cómo hacerlo si para hacerlo el mensaje ha de ser subliminal?

Las mujeres de mi tierra se dividen en dos:
Aquellas que están cerca mío, donde no hay polvo del tipo de las que las segundas pisan, por que el polvo que ronda en el aire de las ciudades, las mata -como a todos- lentamente en las esquinas de los semáforos; y las otras, las lejanas, "las mujeres hechas de mi tierra". Y no es el caso, que estén abandonadas, pero a veces creo que alguien las somnolienta premeditadamente con la única justificación, de aquella pastillita blanca del letargo que otorgan en farmacia, las taras del poder.

Texto agregado el 12-02-2009, y leído por 192 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
08-02-2010 hermosa tierra... ganas de conocerla y asirla a la piel. desnuda
13-02-2009 Hay un equilbrio que convence, entre un lenguaje claro y fluido, y el simbolismo que esconde..El final ensalza a todo el texto. Schwarzerstern
13-02-2009 Un texto me agrada cuando empiezo a leer y no levanto los ojos...Lo importante es que el escritor se identifique con su tema..Y aquí se logró..Tu estiloes a mi juicio fluido, abierto, por así decirlo carismático. grauer_wolf
 
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