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Inicio / Cuenteros Locales / minuteski2009 / cuentos de una página 8 (final)

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No sé quién te puso ese nombre, Sol, me imagino que fue alguien cercano un ser que pudo ver como emergió el fuego taciturno de la lava y el volcán.
Tampoco puedo saber quién dibujó tu piel delicada, cerré los ojos y pude tocarla,me imagino que el viento puso todo su empeño en componer su fibra;
cada pedazo de tu esencia fue hecho con melancolía infinita, más con calma que con prisa en todo caso es una labor inmensa ver tu cara cuando hablas, parecieras estar sin darte cuenta en las cascadas del agua más tibia del planeta. Ese contraste no violenta tu capacidad de expresar ideas, lo contrario, le da una extraña solidez.

Este tiempo tan largo en que no te he visto ha sido la visión de una ventana que se abrió de nuevo en esas dimensiones sólo visitadas por sombras ancestrales; ahora cuando relatas versiones de un mundo diferente por venir, los pedazos que flotan en el aire nos separan de una manera no bien comprendida por nuestros carceleros. Tu estás en ese globo impenetrable, al igual que yo, estamos en espacios distintos. Esa oportunidad que tuve de abrazarte fue inmensamente sísmica, sentí al tocar tu espalda como mi carne saltaba en explosión, ni siquiera el estruendo cercano pudo recomponer esos trozos alterados de dudas que venían de pasados conocidos.

Al irte sentí desgarrado como si me quitaran fuerzas, quize detenerte, más luego comprendí que hay sombras que están o pasan por allí de alguna manera irreverente; no sé si esto es una lección del pensamiento o el vibrar distraído de los dioses que nos mueven. Para ser sincero te pido disculpes ese intento de atraparte, sentí de nuevo cómo y porqué viene el ocaso; más allá esas luces tenues se esconden y corren. Tal vez para justificar mi afrenta quizá vuelva a temblar cuando te vea, de nuevo te diré que no sabré quién te puso ese nombre, Sol, me imagino que fue alguien distante, un ser que pudo ver como emergió la calma en que dibujas tus sonrisas. Al final pude saber quién pinceló tu piel delicada, cerré los ojos y pude ver a Dios hasta él con ser Dios te miraba deleitado; de nuevo cerré los ojos y pude tocar tu piel.

Texto agregado el 25-02-2009, y leído por 117 visitantes. (0 votos)


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