Vestía enterita de roja y con un brillo intenso bastante peligroso, provocativo y con una frescura que casi me congelaba. Era verano y unos treinta grados eclipsaban Santiago. Estaba de las primerísimas en la fila. Me escogerían. Tenía susto, porque era mi primera vez. Y así fue, me eligieron. Era un rubio precioso que me tomó entre sus manos y aprisionó mi cuerpecito metálico. Abrió mis labios que sonaron ‘psss’ y me besó. Fueron 10 segundos intensos que me hicieron adelgazar de inmediato. Luego me lanzó por los aires. Caí en medio de la calle. Una micro se aproximaba…
Texto agregado el 02-03-2009, y leído por 191
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