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[1º Libro - Cinco noches de luna llena]

II.- El Sueño

Caminaba por un bosque tupido y oscuro, y aunque se sentía moviéndose y la humedad del ambiente en el rostro notó que no era ella, sino otra persona la que avanzaba entre los árboles. Escuchó un graznido y la persona miró hacia un cielo sin estrellas donde el negro se transformaba en rojo o verde enfermizos para luego volver a las tinieblas, un enorme pájaro negro rozó las copas en un vuelo rápido sobre ella, iba en su misma dirección: hacia un rectángulo gris que consistía en la única luz visible. Cuando el ave desapareció a través de él, la persona se sobresaltó y echó a correr hacia la luz, pero justo antes de llegar una sombra bajó y le cerró el camino. Como estaba a contraluz no pudo ver su rostro, sólo notó que era delgada y tenía alas.
Le dio la impresión de que no le temía y de que se conocían de antes.
- Él te envió – se escuchó decir.
- Sí él nos envía.
- Y el pájaro negro?
- Está bajo mis órdenes ahora, la buscará. Yo tengo otras cosas que hacer.
- Puedes destruirme ahora, así se terminaría todo aquí mismo.
La sombra levantó un brazo en actitud amenazadora, algo brillaba en su mano, una luz celeste y fría. Por un segundo pensó que lo haría, que mataría a aquella persona y que el sueño terminaría ahí. No lo hizo, bajó el brazo y rió gélidamente.
- Quiere esperar, quiere jugar contigo y con los otros… luego los matará uno por uno, cuando consiga lo que quiere. Si dependiera de mí nunca volverías a salir de este bosque.
- Que te hará si desobedeces sus órdenes?
La sombra emitió un leve gruñido, no se movió.
- Sabes que éste es el fin de Wenl, la oscuridad lo cubrirá todo, tu mundo morirá… - y luego añadió cambiando drásticamente de tema - Por qué te eligieron a ti y no a alguien mayor? Que tienes de especial?
No hubo respuesta.
- Puedes unirte a nosotros y sobrevivir.
Tras decir esto la sombra se esfumó dejando el camino libre. La persona del sueño aprovechó para correr hacia el portal y cruzarlo; al otro lado de la luz se encontró con un bosque más espacioso y claro ya que en el cielo brillaban las estrellas y la luna llena. Encontró un camino de tierra junto a un cerro y luego una autopista, desde ahí pudo ver unas luces y se dirigió a ellas, a su izquierda apareció una ciudad; eran las luces que venía siguiendo, era Luz.
Cuando había caminado un par de cuadras, escuchó un graznido y se escondió bajo el alero de una casa; a Constanza le pareció que estaban buscando lo mismo así que no podía ser vista, no podía dejar que la siguieran.
Se detuvo frente a la casa azul. Que buscaban? Escuchó el aullido de un perro en la lejanía, entró. Pensó en despertar para ver a aquella persona, pero prefirió dejarla continuar y descubrir a lo que venía; ella misma dentro de su mente atravesó el living, el comedor y la cocina y caminó por el pasillo directamente hacia la puerta blanca. Pensó que no se abriría. Puso la mano sobre la manija, la giró y la puerta se abrió dócilmente, pero no alcanzó a ver nada más, una fuerza la empujó fuera del sueño.
Despertó en medio de la noche.
- Será verdad?
Se levanta nerviosa, absolutamente despierta y se asoma a la ventana, afuera había luna llena y algunas estrellas. La idea se aleja.
- No, fue sólo un sueño… es imposible.
Volvía a la cama cuando escuchó un graznido cercano, se paró en seco y miró atrás esperando ver el ave negra del sueño. Nada.
- No seas tonta, puede ser cualquier pájaro.
Se acostó de nuevo y se quedó dormida.

“Recuerdo que se me subió el rubor al rostro e intenté esconderlo tras los brazos, no tenía nada que responderte.
- No te asustes, vamos a dar una vuelta.
Temblé casi todo el camino, tú a mi lado ibas pensando, preocupado por algo. Hasta que hablaste nuevamente.
- Te conozco, te llamas Esperanza, eres hija del jefe de la guardia, no?
Asentí con la cabeza.
- Tu nombre es terrestre, verdad?
- Si, mi madre lo escogió, ella nació allá.
- Conoces la Tierra?
- Estuve 8 años allá cuando ella enfermó, hasta su muerte.
- Ah, lo siento mucho.
- Mi padre no habla de eso – te sonreí – fue una enfermedad larga y dolorosa, terrícola claro, supongo que tenemos suerte.
- Sí – respondiste pensativo.
- Tu nombre también es terrestre…
- De verdad? Yo lo encontraba un poco raro solamente – y sonreíste también.
Era la primera vez que te veía sonreír y tras los hechos que se sucedieron más tarde habría dado todo porque no fuera la última.”


Despertó al dia siguiente cerca de las nueve, afuera la mañana permanecía blanca y fría y corría una leve brisa. Constanza abrió los ojos pensando que su llegada a Luz era también una parte de su sueño, que ahora se encontraría en su pequeña pieza en el departamento, con su madre, sus hermanos y Leonidas, pero no fue así. Casi se había convencido de que la ciudad era como cualquier otra, pero no sabía que le impedía convencerse por completo de eso, el sueño había sido sólo eso, una invención de su mente y la piedra… quizás ni siquiera estaba relacionada con Luz, no la había encontrado ahí.
Se levantó y duchó, y luego de tomar desayuno fue al living. El enorme reloj marcaba los segundos con un pesado tictac que se escuchaba en toda la casa cuando el viento cesaba. Encendió el televisor y enseguida una voz se escuchó desde los parlantes, un incendio había afectado ayer un pastizal y se había extendido a unas casas cercanas, la sequía se propagaba por el país, algunas personas habían muerto debido a las altas temperaturas en pleno centro de la capital… que en la pantalla no apareciesen las imágenes no le sorprendió en absoluto, apagó el televisor y se acercó a la ventana, esperaba ver a alguien, cualquiera. Tan sólo tres días atrás no se habría imaginado que tendría tal necesidad de ver una persona.
Ya desechando sus esperanzas concentró su vista en el cielo pálido y recordó fugazmente al muchacho del paraguas azul. Se escuchó el mismo fuerte graznido del sueño, pero no podía ser… Sorpresivamente un pájaro negro voló sobre la casa azul y se alejó en dirección al norte, Constanza salió corriendo y se detuvo en el medio de la calle viendo la figura del ave borrarse entre las nubes bajas.
- Mi sueño – dijo perdida en sus pensamientos – Entonces la puerta…
- Que dices?
Se volteó asustada, desde la vereda la observaba atentamente el muchacho del paraguas azul, quien obviamente no lo traía consigo, en cambio sus ojos parecían tener el mismo tono y en su pecho brillaba algo en un azul similar. Constanza miró su collar, la piedra verde brillaba también y el muchacho se descolgó una piedra parecida pero azul. Se miraron perplejos un segundo, pero la niña decidió dejar ese asunto de lado por el momento.
- Lo viste? – necesitaba con urgencia saber si había sido real o sólo una alucinación.
- Sí, vi el pájaro.
- Lo habías visto antes?
- No… pero… - murmuró aún con la piedra que había dejado de brillar en la mano.
Constanza bajó la mirada como buscando en el cemento alguna explicación, el sueño había sido bastante claro, si el pájaro estaba en Luz entonces aquella persona había abierto la puerta blanca y estaba en su casa, algo le decía que todavía estaba ahí. Debía averiguarlo.
- Estás bien? – preguntó al igual que el día anterior.
- Sí… creo… ehmm. Yo me llamo Constanza y tú?
- Alex, tú lo habías visto?
- Creo, en un sueño - se acercó a la vereda, entonces se escuchó nuevamente el grito del pájaro y en el cielo se vio algo borrosa su sombra – está buscando algo.
Alex miró y guardó de inmediato su piedra.
- Quizás – sonrió la niña – viene hacia acá, si quieres pasa y te explico mejor…
Él asintió y entraron, se sentaron en un sillón y esperaron a que el pájaro volviera, esta vez pasó un poco más cerca de las casas, pero no había más gente que ellos dos para ver que era enorme y a simple vista parecía una especie de cuervo.
- Vives hace mucho en Luz?
- Sólo una semana – respondió Alex – me estoy quedando en la casa de mi abuela y tú, estás sola aquí?
- Sí, llegué ayer en la mañana, acabamos de comprar esta casa y me vine primero…
- Aquí encontraste ese collar?
- No, lo encontré en la capital hace unos meses.
- Yo lo encontré ayer en el puente luego de encontrarme contigo, me pareció que salía de la lluvia y cayó frente a mí. Crees que tienen algo en común?
- Puede ser, son parecidos y brillaron como si se reconocieran…
- Esa impresión me dio también… - y luego de tragar saliva preguntó - tienes la marca?
Constanza asintió y se la mostró, pero no eran iguales, sólo el dibujo era diferente, la técnica parecía ser la misma y estaba en el mismo lugar.
- Entonces… que puedes hacer con la piedra? – preguntó Alex.
- Puedo hacerme invisible, creo…
Él sonrió.
- Yo puedo mover cosas a la distancia, sólo imagino que se mueven, y bueno…
La encontré ayer, así que no sé muy bien como funciona.
- La verdad sólo hoy me di cuenta que tenía un uso, pero no sé, me da escalofríos todo esto… las piedras, el pájaro, mi sueño… - Constanza hizo una pausa, casi lo había olvidado - Había alguien. El pájaro y aquella persona buscaban lo mismo; entraba aquí, avanzaba hasta el final del pasillo y salía por la puerta blanca…
- Y?
- Y qué?
- No has ido a ver si está allá afuera? – exclamó él poniéndose de pie - Si el pájaro es de verdad la persona debe serlo también.
- Ayer no pude abrir esa puerta con ninguna de las llaves…
- No has ido hoy a ver? – preguntó impaciente.
- No creí que fuera cierto hasta…
- Ahora podemos averiguarlo.
Avanzaron por el corredor; la puerta blanca se mimetizaba con la pared de tal forma que resultaba casi imperceptible. Alex trató de abrirla, pero al igual que el día anterior la perilla no cedió en lo absoluto.
- Es inútil.
- No… - dijo él – Intenta abrirla tú.
Constanza acercó la mano y antes de alcanzar a tocar el metal, este se movió por si mismo y la puerta giró mansamente sobre sus goznes.
- Cómo en el sueño… - susurró.

“Te llamaron ante el Mago pero no me dejaste acompañarte, era un asunto secreto y complicado. Comprendí que aunque me aceptaste como amiga yo seguía siendo una niña para ti y no insistí como habría hecho en otras circunstancias. Te esperé frente al mar sin siquiera saber si volverías, pero no podía estar sentada ahí sin esperarte. Estaba en tu territorio, no era más que otra intrusa.
- Debo partir.
Al cabo de tres horas esas dos palabras acabaron con mi somnolencia, estabas parado tras de mi, por lo que no supe cuál era la expresión de tu rostro y tu voz carecía de toda emoción.
- Será un viaje largo… - agregaste en un susurro, noté como se quebró tu voz por un segundo antes de recuperar su tono normal - pero debo ir sólo, así me lo pidieron. Del lugar a donde voy nadie sabe más que el Mago y su ubicación debe permanecer en secreto. Es necesario que parta enseguida…
Entonces un leve ruido me indicó que te agachaste, me apresuré a limpiar las lágrimas que habían empezado a huir de mis ojos y sentí tus brazos alrededor de los míos y tu cara sobre mi hombro.
- Gracias… - murmuraste – Siempre estuve solo… gracias por estar a mi lado, gracias por tu amistad.
Dejaste una lágrima en mi pelo y te fuiste.”


Tras la puerta, el patio trasero era un amplio terreno saturado de árboles altos y secos como en el más crudo de los inviernos, las hojas secas esparcidas por el suelo crujían tras cada paso de los niños que buscaban entre los troncos y las ramas a la persona que había venido…
- Desde otro mundo.
- Ah? – musitó Alex en voz baja.
- Que vino desde otro mundo… había un portal en un bosque y tras pasar por él apareció acá, el pájaro también pasó por ahí… y había alguien más.
- Pasó también?
- Creo que no, espero que no… tenía relación con el pájaro.
- Bueno, estaba claro que “eso” no era parte de la fauna local…
- Allá, mira.
En el centro del pequeño bosque había un árbol mucho más grande que los demás, su tronco era más grueso y las raíces sobresalían en gruesas serpientes deformando la tierra cercana a él en dos o tres metros a la redonda, pero lo más impresionante es que todas sus ramas aunque carecían de hojas estaban completamente cubiertas de diminutas flores blancas como si la primavera sólo se mantuviera viva a través de él.
Ambos se acercaron despacio hasta su tronco y cuando Constanza logró poner la palma de su mano sobre la rugosa superficie se escuchó un fuerte ruido subterráneo seguido de un temblor. El cielo pasó por todos los tonos de grises y Alex pudo ver con claridad como las nubes se movían velozmente, al parecer empujadas por un viento sobrenatural que sólo existía en las alturas, ahí donde ellos estaban no corría la más leve brizna de aire. Entonces voces guturales hablaron en muchos idiomas, de los cuales alcanzaron a reconocer algunos y otros no estaban ni seguros de que existieran, era como si fuese la mismísima voz de la tierra la que se dirigía a ellos:
- El momento ha llegado, el tiempo se ha cumplido y desde la tierra os entrego lo que ha sido guardado aquí hasta vuestra llegada, para la protección de las razas y el equilibrio entre los mundos.
De gris claro el cielo pasó rápidamente a un negro oxidado que se deshizo para dar paso a una enorme luna llena fuera de calendario que le dio al gran árbol blanco un brillo fosforescente. Junto al tronco surgió un haz de luz que se condensó en una flor blanca reluciente hecha de cristal que al momento de caer sobre tierra hizo que todos los pétalos de las flores se desprendieran con violencia y llovieran como sangre nívea alrededor de Alex y Constanza.
En ese momento todo volvió a ser normal, una brisa serpenteó entre los árboles grises y no quedó más que la luna alumbrando las ramas vacías del gran árbol y a sus pies la flor apagada.

Texto agregado el 13-03-2009, y leído por 206 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
29-04-2009 tuve que releer la anterior xD y de ahi continuar con esta parte; la mejor parte creo yo, me gustó mucho sobre todo el inicio, la narración impecable nada que decir, y lo más importante, el mundo wenl es totalmente sustentable en tus letras ;) 28 estrellas :O Seifer
14-03-2009 Me gusta tu narrativa onirica, fluida e imaginativa. ZEPOL
 
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