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Parménides García Saldaña [1]
In Memoriam

Mi nombre es Parménides. “Parme”, para los “cuates”, de la colonia Narvarte y estoy muerto. ¿Cómo es que lo sé? No podría explicarlo. El hecho real es que tengo varios días ya muerto, y me viene a la ¿memoria?, lo que escribí en Pasto Verde, recordando a todas las mujeres que he amado: “Ya os veo con todas vuestras diabólicas danzas entre el excremento el lodo y la lava, a todas vosotras seres miserables que os dejáis llevar por vuestra lascivia, perdidas, por vuestra asquerosa carne, ved, ved, tentando al hombre con vuestra putrefacta carne, descaradas, degeneradas, pervertidas, fuera de este templo, fuera de este templo, Dios vedlas, ved a las corrompidas, fulmínalas que tu ira caiga sobre ellas, ya os veo hechas cenizas… Un relámpago cae sobre el predicador, un relámpago psicodélico, todas las nenas aplauden ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo!” —Es retórica, ya que no hay Dios—.

Al parecer, lo que sucedió, después del último “pasón” de mota, que me di; cuando ya llevaba varios tragos, del bendito licor que me hace olvidar, lo “naco” de la vida, la tos que no me dejaba en paz, terminó con mi terrenal existencia.
¿Y ahora qué? Será verdad la promesa tan sublime, que me hizo creer mamita, de que hay un cielo con buen clima para los que se portan bien, o el infierno tan temido, pero que ha de tener buen ambiente social, para los que nos portamos mal.

¡Adiós papá! Ya tu oveja negra se murió, podrás dedicarte a los aburridos de mis hermanos, con sus brillantes carreras.

¡Adiós mamá! Me duele decirte que te equivocaste. El cielo y el infierno están en la vida. A mi me tocó sólo el infierno, que quise suavizarle con la música del Maese Elvis Tulsa Presley y las rolas de los Rolling Stones. ¡Sabes papá!, rolear fue mi vida, el vino, el desmadre; la yerba que no es mala, a pesar de que tuve que cambiarla por la coca, porque les molestaba el olor a mis vecinos y me acusaban con la “tira”.

La gente dirá: “que la locura me tragó”, y a lo mejor tienen razón. Pero: ¿quién en este mundo es el loco y quién es el cuerdo?
No me conformé con la vida burguesa y sin sentido, yo quería encontrar la belleza, el amor verdadero, con sentimiento, y encontré sólo niñas “fresas” llenas de melindres, o el amor comprado con el que me tuve que conformar, pues desgraciadamente somos esclavos de nuestros instintos, que obligan a satisfacer a nuestros cinco sentidos al máximo; para lograrlo sirven los paraísos artificiales de la droga, para no pensar, para vivir intensamente, aunque te lleven al suicidio.

¿Sería éste mi caso? No sé. Mi cuerpo mortal ya se está llenando de burbujas, al parecer soy un espíritu, que como una vela antes de apagarse tiene su último resplandor. Poco a poco siento que me desvanezco, me gustaría poder comunicar que lo de Dios y todas esas zarandajas es mentira, entraré en el reino de la NADA, que ya no tiene regreso. No hay miedo, solo paz y […]



[1] Parménides (Orizaba 1944 – D. F 1982.) Hijo de familia de clase media, educado en colegios y en Estados Unidos. Rebelde, escritor de “la onda”, junto con José Agustín (1944) y Gustavo Sainz (1940), según los etiquetó la crítica Margo Glantz. Muere a los 38 años, solo en un cuarto en la azotea de un edificio de departamentos, que sus padres le habían comprado, alcoholizado, drogado, por una neumonía. A los 10 días de muerto lo encontraron…

Texto agregado el 27-03-2009, y leído por 227 visitantes. (1 voto)


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