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Inicio / Cuenteros Locales / picachito / ...Una tonta osadía, una helada tarde en el metro...

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Es invierno, hace poco llovió y una leve neblina decora el ambiente. Todo el mundo baja rápido las escaleras del metro con la intención de capear el intenso frío. Pero distingue él; joven, con su abrigo abierto, su camisa blanca rayada afuera y una larga bufanda roja enrollando su cuello.
No es tan alto, ni tampoco tan flaco. De pelo negro y corto, cejas pronunciadas y mirada atenta. Camina despacio, moviendo levemente los hombros, nunca nada lo ha apurado.
A su lado pasa rápidamente una linda joven con sus blancas manos apretadas. Viste con falda acampanada blanca con pequeños puntos negros, pantis negras y un cortito chalequito crema.
Quizás fue el movimiento de su largo pelo meciéndose con cada escalón abajo, o quizás la rapidez con la que avanzaba, o solo fue el verla delante de él tan apurada. No resistiendo la curiosidad de haberle llamado tanto la atención, comenzó a bajar rápido para alcanzarla; es largo el camino para llegar al andén. No los separaba más de tres cuerpo de distancia, él iba con su mirada fija en su nuca; quizás fue eso lo que la hizo voltear, ese leve cosquilleo tras la oreja cuando te miran; él la miro fijo a sus ojos claros, pero ella siguió avanzando más rápido aun. Fue obvio, no lo tomo en cuenta. Pensando él en esto, comenzó a bajar la velocidad, mientras ella se dirigía directo a la entrada del andén, pero él no tenia el boleto, debía comprarlo; así que solo se resigno.
Después de haber echo una corta cola compro su boleto, avanzo, como es su característica, lento hacia la entrada, de igual forma comenzó a bajar la escalera, mientras el metro abajo abría sus puertas; busco con su atenta mirada aquella muchacha; no fue poca la impresión de encontrarse con aquellos claros ojos mirándolo fijo bajar lentamente la escalera, y claro, fue tanta la impresión que comenzó a correr, al tiempo en que aquel intenso sonido de alarma comenzaba a sonar fuerte desde el metro, sabia que podía, llegaría antes de que se cerraran las puertas, amagaba rápido a la gente que en las escaleras se resignaba a no llegar al metro; llego abajo y comenzó a correr aun más rápido, pero era tanta su velocidad que debía frenarse rápido, sino arrasaría con aquella joven de ojos claros, y eso no seria nada romántico; romántico seria que él llegara un segundo antes de que se cerraran las puertas, entonces él jadeante, tomaría un poco de aire, levantaría la vista y estaría ella delante de él, sorprendida y sonriente, con sus ojos iluminados por aquella proeza que hizo él. Entonces, él se presentaría, ella se sonrojaría, pero le daría su nombre, se conocerían y para adelante ¿quien sabe? Pero basta, primero debía llegar; el sonido dejo de sonar y las puertas se cerrarían, así que tomo un ultimo impulso y se lanzo con el cuerpo hacia atrás, para así caer adentro y no seguir con el vuelo; las puertas se comenzaron a cerrar, y cual seria su sorpresa de sentir sus dos piernas adentro de aquel metro, cayo seco; si esto fuera una competencia, se levantarían carteles con 10 puntos para él, pero la idea del cuerpo hacia atrás no fue tan buena, porque al cerrarse rápidamente las puertas, una de ellas le golpeo la nuca, perdiendo el equilibrio y cayendo de espaldas al suelo.

– ¡Que no se pare, es peligroso que se pare, le puede dar un derrame!-
Un intenso dolor le quebraba la cabeza, abría y cerraba rápidamente sus ojos tratando de enfocar, solo para encontrarse con una gran cantidad de rostros mirándolo; Sentía un incesante calor que brotaba desde su cuello, se puso muy rojo y solo recupero el color cuando una dulce mirada se cruzo ante la suya; unos bonitos ojos claros, es ella que con sus ojos brillantes lo miraba; él ya se sentía bien, solo veía todo nublado. Se levanto despacio, la gente se abrió ante su presencia, miro fijo aquella cristalizada mirada y se presento, ella se sonrojo, se puso sus heladas manos sobre la cara y le dio su nombre, mientras todo el mundo miraba atónito aquella escena…

-¡pero denle aire!-
Un intenso dolor le quebraba la cabeza, abría y cerraba rápidamente sus ojos tratando de enfocar, solo para encontrarse con una gran cantidad de rostros mirándolo; Sentía un incesante calor que brotaba desde su cuello, se puso muy rojo y más aun al ver que aun lado de la gente aquellos ojos claros se reían como si un payaso hubiera echo el mejor se sus actos. Se levanto despacio con ayuda de una señora, mientras un hombre mayor le limpiaba el abrigo. Vio que las puertas del metro estaban abiertas, así que despacio salio caminando del metro, mientras escuchaba a su espalda unas tímidas risas. Camino despacio, como es su costumbre, solo esperaba que se fuera el metro, y con el, toda esta historia. Escucho el intenso sonido de alarma y después el “clic” de las puertas cerrándose. El metro empezó a avanzar despacio, él no quería siquiera mirar atrás, solo olvidar todo esto; el metro ya no estaba, y el seguía caminando, lento con su mirada gacha; se sentó, mientras se volvía a llenar de a poco el anden. Sentía los pies de la gente avanzar frente a él, alguien se sentó a su lado, pero él no quería mirar, aun le dolía la cabeza y no solo esta, sino que también su alma; pero un frío rodeo su mano derecha, abrió sus ojos exaltado y miro, encontrándose con unos lindos ojos claros mirándolo. Ella, que le sostenía su mano, se presento, él se sonrojo y sentía sus ojos cristalizarse, pero le dio su nombre, conversaron, se conocieron y de aquí en adelante… ¿quien sabe?

Texto agregado el 21-05-2004, y leído por 134 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
29-05-2004 ohh, esta muy genial !!! Nefarita_la_Torturadora
 
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