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Llegó el ansiado día en que la Universidad, abrió sus puertas en Febrero de 1979 y daba su cálida bienvenida a una nueva promoción. Terminada la ceremonia, se vio a un torbelino de jóvenes cruzando los patios y pasillos, al encuentro de sus nuevos salones. Iniciarían el primer año de Derecho, en la afamada universidad San Martín de Porres, en Lima.

Todos se veían impacientes. Se deslumbraban de pisar por primera vez la universidad, lugar en donde forjarían sus destinos y encontrarían nuevas amistades.
La etapa de la juventud se abría paso, a lo largo de un camino de rosas ante sus vidas, para ser elementos útiles a la sociedad.

En medio de ese trajín, había una chica que se distinguía de todas. Estaba sentada en una banca del patio contemplando lo que pasaba a su alrededor. Esperaba tranquila el momento en que todos estuvieran en sus salones, para recién ella, ir al suyo.

La chica, una de las últimas en llegar, se sentó en la única carpeta vacía que quedaba, junto a la de Rosalía. Desde entonces, siempre coincidían en sentarse una al lado de la otra. Nació una amistad, que iría creciendo con los meses y que tendría su encanto, a lo largo de ese inolvidable primer año de carrera universitaria.

La alumna más estudiosa del salón era Rosalía, quien tenía una gran dedicación por el estudio. Siempre que podía aprovechaba los cambios de hora, para hacer sus anotaciones o repasar sus materias.

-Rosalía, préstame tu cuaderno de Introducción al Derecho para ponerme al día. Me haces el favor, si?

- Bueno, el cuaderno es tuyo, pero me lo cuidas, no quiero manchas de café en sus hojas. Es mi curso preferido.

A la salida de clases, ambas gustaban quedarse a repasar los cursos, a pasear por los jardines o, a veces, tomaban un jugo en la cafetería de la misma universidad. Disfrutaban de un envidiable ambiente académico que sólo ese lugar les ofrecía.

Esta chica tenía un gusto especial por la política y los temas sociales. Los exponía con tanta claridad que siempre merecía el halago de sus profesores. Causaba admiración el dominio de escena que tenía con sus gestos y ademanes, al propio estilo de Evita Perón.

En cuanto a su figura, medía un poco más de un metro. Tenía unos ojitos achinados, de color verde mar, que destilaban un fuego intenso cada vez que discutía con sus adversarios. Sus cabellos eran castaños y lacios. Su tez, blanca y su nariz derechita como una carretera. Su rostro tenía un gran parecido a la legendaria Bárbara Streisand.

El grupo de las chicas frívolas la miraban de arriba a abajo y marcaban su distancia.

- Mírala, parece una revejida, la enana esa.

- Seguramente se la pasa leyendo todos los periódicos o cuanto libro pasa por sus manos. Cree que con su voz gritona nos puede opacar, !Y todavía a nosotras, que somos las más fashion del salón!

Solía polemizar con el grupo de chicos aficionados a los temas políticos. Se enfurecía y destilaba todo su furibundo verbo contra quienes atacaban su ideología.

Ella se había declarado ser acérrima seguidora del socialismo, era radical y tenía por líder al entonces Mao Tsé Tung. Por eso, todos le pusieron el nombre de "la rabanita", en alusión al color rojo de ese vegetal.

Esta chica de ojitos verdes y tamaño pequeño se llamó Judith Lazo.

En medio de acaloradas discusiones, decía a quienes la contrariaban:

- Ustedes los burgueses, son hijitos de papá. Muchos son mantenidos y todo lo tienen al alcance. Viven el momento y no saben cómo es la realidad de nuestros indios y campesinos. La gente que cultiva la tierra es la que se entrega en cuerpo y alma a trabajar de sol a sol y es, paradójicamente, la más sufrida.

Los más insolentes le replicaban

- Si dices que eres defensora de esos campesinos, entonces porqué diablos estás metida en esta universidad que es particular, en donde sólo viene gente de plata?.

Claro que ella sabía, en el fondo, porqué estaba ahí, claro que sí. Sólo que la respuesta no podía decirla. No la comprenderían. Todos se reirían. "Tengo mis razones. Se los diré a su debido tiempo", decía. Lo cierto era que sólo quería complacer el deseo de sus padres que fuera una profesional, egresada de una de las mejores universidades de Lima.

En una de aquellas mañanas, muy tempranito, Rosalía pudo ver, de casualidad, sin que Judith lo advirtiera, cómo guardaba un fajo de volantes en su alforja. Involuntariamente, dejó caer uno papelito en el patio.
Rosalía se acercó y lo recogió para entregárselo, pero ya no la alcanzó. Al leer su contenido, quedó asustada. Vio dibujada una hoz y un martillo así como lemas avivando ciertas luchas violentas, que a ella le impactaron. Quedó fuertemente impresionada.

Esperaría el momento para preguntarle a Judith sobre sus actividades y su pasado.

Rosalía vivía en la zona más exclusiva de Lima, en Monterrico. Siempre su billetera estaba llena de dólares. Tenía una vida envidiable, nada le faltaba. No entendía lo que era la pobreza.

Judith, igualmente, era hija de padres hacendados que tenían grandes extensiones de cultivos. Toda su familia era de Ayacucho, una de las zonas más olvidadas del Perú, ubicado en la sierra central.

Sus padres tenían dinero y prodigaron de todos los cuidados, a la hija más rebelde que tenían.

Es a través de los peones de su padre, que ella pudo conocer de cerca la realidad de esa gente. Siempre estaba cerca a ellos y los apoyaba, en lo que podía, con dinero y comestibles que lograba sacar, sin ser descubierta, de los depósitos de la hacienda.

A los 14 años, viviendo en su tierra, fue captada por los lideres de un famoso movimiento político.

Rosalía se iba enterando, poco a poco del pasado que su amiga le iba confiando, mientras, calmadamente, comían un helado o iban recorriendo calles y parques.

-Qué vida tan interesante. Eres como una de esas princesas que desprecia sus propias riquezas y se siente aferrada por los que viven en miseria.

-Todo eso me ha favorecido para despertar mi sensibilidad por los más débiles. Tengo el compromiso de protegerlos.

- Uf, comprendo ahora, porqué te ves tan diferente. Hablas espectacular, siempre llamas la atención con tu verbo y con tus ideas. !Pensar que sólo eres una adolecente!. Eres menor que yo y, sin embargo, tan madura...

Rosalia no compartía sus ideas, pues iban en contra de los intereses de su familia. Para no entrar en conflicto, nunca le cuestionó su filiación política. Ambas sabían que esa era la gran brecha que las separaba.

Llegó la época de los exámenes finales. Todo el mundo estaba concentrado en el estudio intenso de cada materia. Eso, para Rosalía era un reto agradable. Sabia que sacaría las mejores notas.

Era extraño, pero Judith faltó a clases toda la semana que precedieron a los exámenes, sin avisar a nadie. Se apareció después, solamente para rendir sus examenes, junto con sus compañeros.
Se notaba que no estaba preparada, pues tenía un rostro pálido y trasnochado.

Durante esos días de ausencia, había sido llamada por su líder, para encomendarle una gran misión. Ella logró cumplir la prueba exitosamente y logro ser ascendida al nivel de "lideresa". Aquel día fue reconocida en todos los rincones del Perú como una pieza clave, entre todos los que estaban metidos en esas alocadas ideas.

Cuando finalizaron los exámenes, Judith, en un arranque de ternura le dijo:

-Si algún día el destino nos llega a separar, quiero dejarte como recuerdo esta foto en donde estoy de 5 añitos, en pleno campo, en mi lindo Ayacucho.

-Hay, tontita, dame la foto y no te pongas trágica. La vida nos sonríe. Somos jóvenes y tenemos un brillante futuro con nuestra carrera.

-Tienes razón. No me hagas caso. También aquí tienes un poema que lo escribí cuando estaba sentada en una roca del cerro, allá en mi tierra. Sólo te pido que lo leas después que terminen las vacaciones.

Judith y Rosalía se despidieron confundidas en un fuerte abrazo. Judith partiría esa misma noche a su pueblo a "cumplir una gran misión". Pronto estaría de vuelta para empezar el segundo año de carrera.

- Cuídate Judith. Te extrañaré. Quiero que tu corazón siga siendo tan inmenso como tu pueblo. Eres pequeña pero tu inmensidad no tiene límites.

Al año siguiente, toda la promoción estaba nuevamente reunida y alborotada para iniciar el segundo año. Rosalía tenía una gran inquietud por encontrarse con Judith. A la salida, su asiento seguía intacto porque ella no llegó.

Al segundo mes, Rosalía empezó a preocuparse. Trató de indagar su paradero, pero no conocía a ningún familiar suyo en la capital. Se dirigió al pensionado donde se alojaba Judith y doña Mercedes le dijo que su cuarto estaba intacto, pero que ella no se había aparecido. Entre sus pertenencias, vio periódicos que decían en grandes titulares:

-"Un coche bomba exploto con 50 kilos de dinamita en la puerta de la embajada Israelí. Fue colocada por una de las más peligrosas terroristas: Judith Lazo"

Dejó caer el diario y se quedó inmovilizada por unos segundos. Volvió en sí luego que doña Mercedes le decía que dejara el cuarto para cerrarlo con llave.

-No puede ser. No pensé que fuese una activista y todavía un personaje importante de ese movimiento. !A matado a cientos de personas!.

A pesar de la noticia, que la mantuvo atontada a Rosalía durante esos días, prevaleció en ella el sentimiento de amistad. Era lo único a lo que se aferraba.

La noticia se había divulgado. Todos en la clase sabían las actividades que estaba realizando Judith, allá en la sierra central y seguían de cerca todos sus movimientos, a través de los periódicos y la televisión.

Era la noticia numero uno de los titulares. Todos hablaban de ella.

La policía montó un operativo especial para atraparla. Era la más buscada del país. Llegó el día en que lo hicieron, para alegría de quienes no la conocían y para tristeza de muchos que llegaron a estimarla. Estuvo encarcelada en la histórica cárcel de Ocopa, en su tierra.

Era tan hábil que no duró mucho tiempo y escapó saltándose las tapias con unos sancos,burlando la vigilancia policial. A partir de ese día, su figura se tornó emblemática y misterosa.
Judith la pasó viviendo a salto de mata, se convirtió en el dolor de cabeza de la policía.

Cada campesino se turnaba para tenerla escondida en sus humildes viviendas y, al momento de ser interrogados por la policía, ellos negaban rotundamente haberla visto.

- Salgo esta madrugada, doña Isidora. No me pasará nada. Llevo armas y municiones. Asaltaré la hacienda de los Dulanto para que colaboren con dinero y comestibles a favor de nuestra causa.

- Bueno Judith. Cuídate pequeña soldadita del monte. Todos estaremos pendientes de ti.

Antes del amanecer, caminaba con su tropa por los campo cuando en eso vio antorchas prendidas detrás de los arboles, cosa que le pareció extraño. Horas antes, un espía que le seguía los pasos, había alertado a la policía sobre su paradero. Se trataba de una emboscada y estaba completamente cercada.

Su cabeza tenía el precio de 20 mil dólares.

Frente al inminente ataque, cayó rendida y conducida al cuartel fuertemente custodiada. En el camino, fue salvajemente masacrada hasta que su vida se extinguió como la llama de una vela.
Desde las primeras horas de la mañana los periódicos se vendieron como pan caliente, cuando mostraron la foto de Judith en sus primeras páginas. Estaba con el rostro hinchado, sus cabellos desordenados como si hubieran tirado de ellos con fuerza y con heridas sangrientas por todo su cuerpo. Estaba irreconocible.

Los ojos de Rosalía recorrieron las letras de la noticia impresa. Unas gruesas lágrimas rodaron, una tras otras. No pudo terminar de leer porque tenía la vista empañada y fue presa de una fuerte tristeza y amargura por la pérdida de quien había sido su entrañable amiga.

Le daba coraje que hubiese sido torturada y salvajemente golpeada. Se hubiera consolado con su detención, pero esta vez ya no la tendría más a su lado.

El día de su entierro todo el pueblo de Ayacucho se volcó a darle el último adiós. Había un mar de llanto de quienes se habían sentido estimados y protegidos por ella. Fueron más de 30 mil los campesinos que asistieron ese día.

Desde lejos, Rosalía seguía la secuencia de su entierro. !Cuánto hubiera dado por estar presente!. Pero era peligroso todo lo que se vinculara a Judith.

Estaba leyendo los periódicos cuando un extraño reflejo interrumpió la lectura.

-Ahora recuerdo que Edith me dio un poema. Estuve tan absorbida por el inicio de clases y por las noticias en torno a ella, que se me olvidó leerlo.

Lo sacó de un cofrecito y lo leyó con voz temblorosa:

"De lo alto de la montaña
al lado de la inerte piedra
al aroma de las hierbas
silvestres le pregunto:
Cuánto falta para que el río
aumente su caudal?
Para que tormentosamente
arrase este cruel presente..."

El rostro se le iluminó de saber que tenía en sus manos el recuerdo sublime de su amiga y lo estaba evocando justo en el momento en que más intensamente la tenía en su mente.

Al enterarse sus padres de la amistad estrecha que Rosalía había cultivado con "esa chica guerrillera", tal como despectivamente la llamaban, pusieron el grito en el cielo.
No aceptaban la idea que su engreída hubiese estado vinculada con "ese elemento nocivo para la sociedad". Creyeron que su vinculación con Judith manchaba la imagen de la familia. Por eso, tomaron una drástica decisión.

Rosalía, con todo el dolor en el corazón, acató la orden familiar.

Ella tuvo que cambiarse a otra universidad.
Trataría de olvidar todo lo vivido con quien ahora estaba ausente, en la eternidad.

No logró hacerlo y ahora, aún después de veinte años, siempre la evoca en su corazón, cada vez que lee y relee, aquel sentido poema, de esa que fue su entrañable amiga.

Texto agregado el 25-04-2009, y leído por 467 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
17-02-2012 Este es el primer texto que leo tuyo y me ha impresionado.*****saludos. blaum
15-05-2009 muy, pero muy bueno!! alex_delarge
06-05-2009 Este cuento es bueno. La historia, la idea. Creo humildemente que tus mejores cuentos están por venir. Saludos. Me gustó. 5* Azel
27-04-2009 Rosario me dejaste sin palabras ,es un relatoexcelente .Y cuando uno logra un lazo de afecto tan profundo con otro ser el tiempo se diluye .un cariño y un gracias ******** shosha
26-04-2009 Un cuento especial que honra la memoria de un personaje, real o ficticio, no importa; lo relevante es que como Judith, hay muchos soldaditos en el mundo entero luchando por sus ideales. ¿Correctos o no? Tampoco importa. ¿Quién puede decir qué es correcto y qué no en un mundo tan disímil como éste? Me estremeció tu historia y me fascino la fuerza de tu narrativa. Te felicito. Un abrazo. Sofiama
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