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Inicio / Cuenteros Locales / rodolfo_gc_pitti / I: Roppongi (El último tren)

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"Rei-chan! Apúrate!" Rei Matsuzaki trataba de apurarse y seguir el paso de sus amigos, pero su ebrio andar sólo la hacía tambalearse y reírse estúpidamente. Juri, su amiga, la halaba del brazo y la llevaba por las escaleras hacia la plataforma de espera de la estación de metro Roppongi. Morimoto y otros tres compañeros de trabajo las seguían. Rei se le había olvidado mostrar su pase al empleado de la puerta, pero este solamente la saludo y dejo pasar sin ningún comentario.
Era su segundo mes en la nueva compañía, Motou Vision, en la división de promoción y publicidad. Su primer trabajo algo breve, le llego de sorpresa recién salida de la Universidad de Tokyo, en una compañía de videojuegos. Ahora sus días estaban llenos de cursos de capacitación, llamadas a clientes y proveedores, y las noches llenas de fiestas. La gente en su división era demasiado social y siempre le invitaban a los bares de karaoke y clubes nocturnos después del trabajo. Los tragos y los chismes de copa en copa que se vertían cada noche, relajaban la pesada tarea de las semanas de trabajo.
Rei, recién había conocido a Ryu Morimoto, dos o tres veces antes para checar unas cosas de la agenda de publicidad. Él era un joven diseñador; un recluta del año pasado que siempre parecía estar ausente de la oficina. Cuando se le veía en el trabajo, estaba aporreando como loco su teclado y bebiendo mucho café, creando todo el trabajo de imagen y diseño que debía tener ya colocado. Los papeles se le acumulaban en el escritorio. Rei le tenía pena, los jefes siempre llegaban a molestarlo por su falta de ética y disciplina; realmente les gustaban sus diseños, pero, tenía problemas de actitud. Se corría el rumor de que el jefe de la división, pronto planeaba darlo de baja. A pesar de sus problemas, él era soltero y muy atractivo, lo que lo mantenía como un artículo en demanda en las charlas de la sobremesa. Ryu había invitado a Rei a salir, y lo más curioso de esto, es que ella acepto. Solamente necesitaba un pequeño grupo de amigos para armar la excursión nocturna.
Ellos pasaron la noche en Roppongi -el distrito de juego en Tokyo con fama internacional-; primero fueron a un restaurant de comida hindú, después a un club de baile. Rei no era una gran bebedora, perdió la cuenta al tercer trago pero nadie pareció notarlo al momento de irse. A las once y media de la noche, ellos se unieron al resto de la clase trabajadora en un éxodo en masa por los últimos trenes de la noche.
Dos de las chicas dejaron el grupo en la estación Roppongi, yendo hacia la otra dirección. Juri y Morimoto ayudaron a Rei para sentarla y que tomase un lugar en lo que llegaban sus trenes. Rei se acomodo, inclino su cabeza hacia atrás y observaba el encanto luminoso del tungsteno que colgaba del sistema de luces, los muros acompañados de extraños grabados por adolescentes impertinentes. Rei trataba de mantener sus ojos abiertos. Siempre se emborrachaba en esas fiestas, pero esta vez era peor que las otras.
Ella no se dio cuenta cuando Juri se despidió y casi pudo pararse a tiempo para acompañar a Morimoto y hacer su parada. Ella lo acompaño hacia la puerta.
“Estarás bien? Le toma de las manos.
Ella se despidió. “No te preocupes por mi. Gracias por la velada, la pase muy bien. Otsukaresama deshita."
"Otsukaresan." Buenas noches.
Las puertas se cerraron. Rei se despedía del resto de sus amigos mientras el tren comenzaba a andar. Era hora de ir a casa, cada quien tomaba su camino por las escaleras o los vagones.
Era ya tarde, Rei checaba el itinerario en el gran tablero electrónico. Da en cuenta con que tendra una espera de quince minutos para su tren. Seguía sentada en una de las sillas a punto del colapso y con unas ganas terribles por orinar.
Detestaba la estación. Estaba muy por debajo del nivel del suelo –al menos cinco pisos debajo de la superficie- y sólo se podía llegar a ella siguiendo un descenso muy cansado por innumerables peldaños de concreto. Parecía el mismo descenso al Infierno, en esa penumbra y profundidades tan misteriosas del sistema de metro de Tokyo. Alguien había pintado en uno de los pilares un dibujo de Mario Bros montando a Yoshi, se le hizo coqueto el detalle. Le recordó a su juventud en Akihabara con sus primos. El techo estaba desgastado, lleno de roturas de años de sismos intermitentes; el agua se filtraba por algunas partes dejando espacios negros de humedad en ciertas partes. Algunas estaciones modernas de metro, tenían bocinas con tonadas agradables, colores brillosos y condiciones mucho más adecuadas que estas. Rei había visto tumbas más agradables que esta triste estación.
Sus parpados se volvían pesados y se movía de vez en vez en su asiento para mantenerse despierta. Pensaba en la resaca que iba a tener al otro día. Gracias al Cielo que hoy era viernes –eso significada que su cheque ya estaba en puerta y que pasada la resaca iría de compras con su compañera de cuarto.
El sonido de las pisadas y la vibración de los ventiladores producían una breve orquesta de sonidos tranquilizadores. Realmente se sentía muy cansada. El sonido de los ventiladores le resultaban relajantes, como el sonido de olas de mar. Había poca gente ya, faltaban unos siete minutos para que su vagón llegara. Escuchando el murmullo de las lámparas, la gentil vibración de los ventiladores, Rei Matsuzaki se quedo dormida.

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Rei se despertó regada en la hilera de asientos, con un dolor en el costado por la curvatura de sus soportes. Su bolso era una almohada improvisada y la cadena que venía integrada con él le había dejado una curiosa marca en la mejilla. Se incorporo y bostezo, sintiendo algo de asco después de esto. Tenía un ardor en la boca del estomago y se sentía algo mareada, además del dolor por la incómoda cama que se improviso. Seguía tomada. ¿Cómo pudo haberle pasado esto? Se sentía algo molesta consigo por beber de más.

Volteaba a ver su alrededor. Parecía que la estación estaba cerrada. Los anuncios luminosos ahora estaban oscuros, pocas luces iluminaban el lúgubre espacio. Se alcanzaba a escuchar a lo lejos como una serie de gotas de agua tocaban suelo. El letrero de salida emitía un destello verdoso que iluminaba la gran escalera.

Observaba el tablero electrónico para ver el anuncio de la próxima salida: estaba en blanco. Debido a la obscuridad, Rei no podía ver el reloj que colgaba del techo. Ahora la estación le parecía muy silenciosa, ni siquiera se escuchaban los grandes ventiladores evidentes en esa gran caverna vacía. Un impulso de adrenalina le recorrió el cuerpo. Su pulso se acelero pero trato de controlarse y mantener la calma.
¿Qué hora será? Se preguntaba. ¿Acaso la estación ya cerró? Pero, sí acaso la cerraron, ¿porqué ninguno de los empleados la despertó y la condujeron hacia la salida?
BING BONG.
La sirena de aviso la tomo por sorpresa, sintió una gran sacudida. La reverberación seguía su camino por la estación. Rei dejo ir un pequeño grito de susto y sostuvo su bolsa muy fuerte contra su pecho.
"Omatase itashimashita. Mamonaku, ichi ban sen ni, saishu densha ga mairimasu," sonaba el anuncio dejándola casi sorda. "Disculpen por hacerlos esperar. El último tren está a punto de llegar y lo podrán abordar en el carril número 1.” Ella espero el resto del mensaje: “Abunai desu kara..." pero no había nada más. Ninguna de las advertencias y mensajes públicos como el de mantenerse detrás de la línea blanca, no correr hacia los vagones; esa clase de cuestiones que la gente parece olvidarse al momento de abordar sus respectivos trenes. Pero esta vez no era así.
Rei alcanzo a ver como a dos o tres personas a escasos metros de ella esperando en la plataforma. No podía distinguirlos bien por la obscuridad del túnel. Pronto vio las luces del tren aproximarse. Le cegaron por breves instantes al tener los ojos sensibles en esa lúgubre estación. Al menos ya no tenía miedo, estaba con suerte. No perdería el tren a casa, podría descansar y curarse la resaca y comprarse algo lindo mucho más tarde para compensar este mal momento.

Una corriente de aire helado agitó violentamente sus cabellos y falda, luego un rugido metálico salía del tren recién llegado, haciendo su presencia en el túnel. La estación ahora no estaba tan silenciosa, el ruido de la maquina y el aire seco, algo caliente, le parecieron una buena señal a Rei después del incierto momento de hace minutos. El panel se retira y las puertas se abren de par en par enfrente de ella.
Cada línea del Sistema Metropolitano de Metro de Tokyo tienen sus carros con ciertos colores distintivos. La línea Tozai era azul claro, la línea Ginza era de color dorado; otras líneas usaban el plateado, verde, rojo y purpura. Ocasionalmente, una línea tomada carros prestados de la línea de una compañía privada, o de algún tren del sistema de rieles en la superficie. Este tren debía de ser uno de esos últimos. Rei nunca había visto un tren como este: estaba algo oxidado, tenía pintura desgastada y dejos de color ocre en sus extremos. Se veía viejo y los cristales estaban algo verdosos, como si hubiese estado sumergido en agua por algo de tiempo.
El conductor soplo su silbato y le hacía señas para que abordara de una buena vez. Rei avanzo hacia dentro del vagón. El conductor soplo de nueva cuenta su silbato y las puertas se cerraron, haciendo un rechinido desagradable tras Rei.
El tren avanzaba con ciertos tropiezos, tomo equilibrio como pudo y se mantenía en pie. Su cabeza aun le daba vueltas. El tren parecía estar algo lleno y todos los asientos ocupados. Empezó a caminar, esperando que alguien tuviera compasión de su estado y le ofreciera un asiento. Mientras seguía caminando, se dio cuenta que el vagón no tenía ninguno de los letreros de seguridad ni la publicidad adecuada. No había freno de emergencia al cual asirse. Lo que más le llamo la atención fue ver que ninguno de los pasajeros llevaban maletines, mochilas o bolsas. Parecían maniquíes viendo fijamente a la nada, no leían, no hablaban, ni siquiera dormían. No parecían inmutarse mientras ella seguía su camino. Rei decidió probar suerte en el siguiente vagón y ver si existía algún lugar disponible.
En un tono mecánico y muy entendible, la voz del conductor anunciaba la siguiente estación: "Mamonaku, Monzen-nakacho. Monzen-nakacho de gozaimasu."
Debajo de sus pies, los frenos hidráulicos crujían debido a la presión contenida, el ruido de estos le parecía desagradable. Le seguía doliendo la cabeza y luchaba con el asco que trepaba por su garganta. Las puertas de nueva cuenta se abrieron y un par más de gente abordo el tren. Los otros pasajeros se movieron y les cedieron lugares. El tren estaba lleno, pero no había gente descendiendo. Al contrario, parecía incorporar más gente.
El tren volvió a avanzar. Rei alcanza las puertas del otro vagón. Las puertas eran algo viejas, y le tomo algo de esfuerzo el poder abrirlas. Este vagón le parecía más obscuro que los otros. Al avanzar un poco, sintió como la puerta oxidada se cerraba con violencia.
Sentía la atmosfera un poco más pesada y tenebrosa que los dos vagones anteriores. La breve obscuridad iluminada por el paso de las luces apostadas a los lados del túnel le permitían inspeccionar por instantes a los demás pasajeros. Muchos rostros parecían pálidos y desencajados con sus ojos puestos al vacío como en los otros carros. Algunas personas la observaban y ella trataba de ignorarlos. Sentía un escalofrío recorrer su espina.
Un niño estaba sentado sobre sus rodillas, posaba sus manos en el cristal tratando de ver los obscuros muros que les rodeaban, mientras el tren seguía su paso. Tampoco en este vagón había asientos disponibles, así que Rei siguió hacia adelante para el siguiente vagón y el siguiente de este…
"Mamonaku, Yoyogi Koen. Yoyogi Koen de gozaimasu."
Ella abrazo el tubo más cercano y no caerse, ya con el tren parado se limito a seguir su camino hacia la siguiente puerta.
Un hombre en un traje de negocios corría hacia el tren. Rei le observaba mientras el conductor hacía sonar su silbato. Las puertas se cerraron antes que el pudiese alcanzar el tren y Rei solamente esperaba el impacto. Pero el hombre seguía avanzando, a través del las puertas y dentro del carro; ¿cómo le hizo? Quién sabe. Rei un poco aturdida, se reprochaba el beber y no comprender su situación. Dos pasajeros se corren y le ceden el lugar al recién llegado, Rei lo observa sentarse mientras abre desesperada la puerta.
Había una mujer agachada cerca de la puerta, sus brazos rodeaban sus rodillas mientras la mujer lloraba y gemía. Rei se limito a seguir su camino, la mujer se calla y se le queda mirando con cierto rencor. Sus ojos estaban demasiado rojos y su rostro tenía un pálido verdor. Rei siente un nuevo temor y temblando acelera su camino al siguiente vagón.
El tren cambia de riel repentinamente, dejándola sin balance. Da un giro en el tubo mientras una de sus manos trata desesperadamente de agarrarse, pero, falla. Da unos giros bruscos; temiendo darse un golpe se abalanza y cae sobre las rodillas de un ejecutivo.
"Mamonaku, Sakuradamon. Sakuradamon de gozaimasu."
"Estoy muy apenada, disculpe usted!" ella parecía toser las palabras, luchando por mantener el balance e incorporarse de nueva cuenta. El hombre parecía asentirle.
Entonces Rei se da cuenta que le falta parte de su cabeza, exponiendo su material gris y líquidos viscosos tan sanguinolentos. El ojo que tenía desprendido parecía observarla. Rei procura no vomitar y se incorpora violentamente del hombre. Grita como desesperada mientras toma posición atrás de un tubo y sigue observando esa macabra figura.

Mientras se aleja trastabillando, el resto de los pasajeros la observa con interés y es ahí cuando Rei realmente se da cuenta de sus apariencias. Trajes de ejecutivos, vestidos y kimonos todos rasgados, algunos cubiertos de manchas rojas y otros con borrones cafés. Muchos les faltaban sus torsos o se hallaban terriblemente mutilados, a muchos otros les faltaban sus brazos o piernas. La mujer que estaba dos lugares atrás del hombre con quien Rei había tropezado, no tenía cabeza.
El piso a sus pies parecía emitir gemidos, los ruidos hidráulicos de la maquina parecían voces siniestras. Las puertas se vuelven a cerrar y el tren sigue su recorrido, mandando a Rei de nueva cuenta hacia el piso. Gateo como pudo hacia el costado de la puerta y temblaba como nunca en su vida.
Todos los pasajeros ahora la observaban. Otro hombre se para de su asiento, avanza hacia donde ella está, le extiende su mano que cuelga de su muñeca: ¿Está usted bien, señorita?
Rei vuelve a gritar, abre la puerta con suma rapidez y sigue su carrera hacia la siguiente puerta. Y siguió corriendo mientras sus lágrimas creaban pequeños surcos en su rostro. Muchas manos y brazos trataban de rodearla pero ella las esquivaba y seguía huyendo, y continúo haciéndolo de puerta en puerta.
Ella alcanzo la siguiente puerta y le dio una sacudida salvaje a la manija, pero esta se encontraba cerrada. Trataba de arrancar la manija y golpeaba la puerta con todas sus fuerzas. Se detiene un instante y se da cuenta que es el compartimento del conductor. Hay un letrero que dice: No entre a menos que sea una emergencia.
Ella podía imaginarse que los rostros ya se voltearon, que las manos ya se calmaron, pero ella seguía golpeando la puerta, negándose a volver por donde vino. Algo toca su hombro.
Todos los músculos de Rei se volvieron rígidos y grito como loca: “¡No me toques!”. Ella le dio a la manija un último giro desesperado y se dejo caer al piso. Se lleva las manos al oído, cierra sus ojos con fuerza y deja caer sus lágrimas.
"¡ Matsuzaki -san!"
Ese era su apellido, y la voz le sonaba familiar. Lentamente, Rei voltea su Mirada hacia esa voz y se topa con Ryu Morimoto, de su oficina. El parece sobresaltado al verla alterada de tal modo. Con un gran alivio en su corazón, ella pensó que todo era una mala jugada de todo el alcohol que bebió. Tal vez eran alucinaciones y que seguramente estaba haciendo un gran ridículo de vagón en vagón. Trataba de pensar en esto, no podía ser otra cosa más que eso. Ganaba algo de confianza y procuraba mantenerse callada y distante.
“Yo…”
“Matsuzaki -san, ¿qué es lo que haces aquí?
"Pues, voy a casa. Me quede dormida en la estación y me desperté a tiempo para tomar este tren.” Agacha su cabeza. “Lo siento, disculpa si grite. Creo he estado soñando…”
"Mamonaku" grita el conductor mientras el tren comienza de nueva cuenta a moverse hacia delante.
El rostro de Morimoto es de extrañeza: “Este tren no te llevara a tu casa Rei” le dice con seriedad. “¡Tenemos que bajarte de aquí! Él la toma de su brazo, la arrastra y consigue llevarla a la puerta trasera, mientras trata de abrirlas bruscamente.
"Morimoto-san, ¿qué es lo que haces?" Ella luchaba por soltarse de sus manos. "Acaban de anunciar que este es el último tren. Si no tomo este tren, ¡ya no podre llegar a mi casa!"
El silbato del conductor se escuchaba muy cerca.
"Este no es un tren común”, Ryu le murmuraba, tratando de acercarla a la puerta. Ella halaba de un barandal cercano y no quería moverse de ahí. “Debes salirte ahora Rei. ¡Te lo pido por favor!"
"¿Qué es lo que dices?"
Él la suelta y se aleja un poco hacia atrás, tomando en cada brazo un tubo para mantenerse de pie. Rei ahora podía verlo bien. El traje saco sport de Miromoto junto con su camisa blanca estaban cubiertos de manchas rojas. Estaba parado sobre una pierna, la otra le faltaba desde las rodillas. Su cabeza estaba destrozada y le colgaba de un lado.
Las piernas de Rei no le respondían y se dejo caer, sosteniéndose del barandal.
"En la Estación Ueno," comienza a detallarle. "Me resbale cerca de la plataforma de ascenso. El tren me impacto antes que pudiera hacer algo. Después de eso, recuerdo que aparecí aquí." Señala al resto de los pasajeros; cadáveres pálidos quienes no dejaban de observarlos.
La puerta emite un rechinido desagradable, la mano sangrante de Morimoto le señala la salida. “Lárgate de aquí ahora que puedes!
Ella vuelve a gritar y no puede moverse, está impávida de miedo.
Con un seco sonido, las puertas vuelven a cerrarse. El tren empieza su recorrido.
"Go-ryou itadakimashite, arigato gozaimashita. Tsugi wa shuuten desu. Kono eki kara tomarimasen. Tsugi wa shuuten de gozaimasu."
“Gracias por su paciencia. La siguiente parada es el destino final de nuestro recorrido.” Rei observaba la bocina que estaba encima de ella. “No habrá más paradas después de esta.”
"¡No, espere! ¡Esto no puede estar ocurriéndome! ¡Alto!
Morimoto se encoge de hombres. Le da la espalda y avanza hacia una hilera de asientos, unos pasajeros se mueven para cederle su lugar. A su lado hay un espacio disponible para Rei.
Rei finalmente se puso de pie y como pudo avanzo hacia el compartimento del conductor. Sus pequeños puños golpeaban la sucia puerta metálica. “No pueden llevarme ahí!” Gritaba como loca. “Por favor! ¡Detengan el tren!”
Los rieles soltaban chispas y fuego. Los ruidos de la maquina y los vagones eran rechinidos agudos mezclados con gritos y risas. Aumentaban conforme el tren iba cada vez más rápido.
"¿Qué nadie me escucha? ¡Hey! Alguien, por favor… detengan este tren. Haganlo parar… ¡Ayudenme! ¡Por favor!
El resto de los pasajeros parecían estatuas, no se inmutaban a sus gritos y lloriqueos.
"¡No pueden hacerme esto! Rei Matsuzaki estaba tirada a los pies de la puerta, con lagrimas en su rostro, gritaba: “¡No estoy muerta!”

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A las 4:30 AM, las luces de tungsteno junto a las fluorescentes iluminaban el túnel. Los ventiladores esparcían el aire fresco a través de las ventilas, llevándose el húmedo vapor de la noche anterior. Ecos de pasos se oyen a lo lejos mientras un hombre con una escoba y cubeta en mano, baja las escaleras para llegar a la plataforma.
A los pies de la escalera, titubea por unos segundos, no puede creer lo que sus ojos ven. Suelta la cubeta junto con la escoba y corre hacia la fila de asientos donde hay un cuerpo boca arriba. Se agacha y sacude a la joven mujer del hombro: “Oiga, señorita. Despiértese, señorita. Despiértese por favor.”
Su cuerpo parecía estático, entonces el hombre la vio a los ojos. El hombre se contuvo de gritar al ver que sus ojos estaban abiertos, al igual que su boca, con una palidez espectral. Podía percibir el tufo de alcohol en todo su cuerpo.
"¡Hey, vengan rápido!” empezó a gritar el hombre.
Se empiezan a escuchar pasos apresurados en la periferia del lugar, entonces un hombre en uniforme verde se aproxima. "¿Cuál es el problema?”
"Será mejor que llamen a una ambulancia. Creo hay una persona muerta aquí.”
"¿Muerta?"
El uniformado toca su cuello. Su cuerpo esta frío y pálido, pero alcanzo a sentir unas leves pulsaciones. “No, no lo creo.”
El otro guardián junto con dos vendedores de boletos, se apresuraron a ver la escena. En cuestión de minutos, todos ellos escuchaban la sirena de la ambulancia, cinco pisos en la superficie.
Los empleados de la estación se encontraban parados cerca de la ventanilla de boletos, sacudiendo su cabeza en negación, mientras el gerente colgaba el teléfono. “No. Nadie la recuerda, no la vieron por aquí anoche. Me dicen que la estación estaba vacía y cerrada. No sabemos como pudo ocultarse. Bien, aquí los esperamos.”
“No encuentro respuesta”, uno de los empleados comenta. “Tal vez estos jóvenes deben aprender a andarse con cuidado”, recrimina un viejo pasajero mientras el otro vendedor le sella su boleto. “Creo haber escuchado de uno de los paramédicos que había tanto alcohol en su sangre que está en coma.”
“Qué terrible, la verdad.” Dice el viejo señor mientras avanza hacia un asiento.
El sonido del tren entrando por el túnel, interrumpe el chisme entre empleados, cada quién retoma lo que estaba haciendo. En las bocinas, una voz anuncia el primer tren de la mañana:"Mamonaku, ichi ban sen ni...."

Texto agregado el 07-05-2009, y leído por 223 visitantes. (1 voto)


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