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Inicio / Cuenteros Locales / Heraclitus / Los juicios de valor según Jacques Maritain.

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La filosofía especulativa en primer lugar se ocupa de los grados de bien y bondad, que es el ser, pero considerado en su relación con la voluntad y el amor. Según la perfección de estos grados nos darán no solo juicios de simple realidad, sino juicios de valor que versan sobre lo más o menos bueno, lo más o menos perfecto.
En segundo lugar el mal, el mal ontológico es una privación: ejemplo un bien que debía estar ahí, la salud, no está, se sufre un mal: la enfermedad. Es pues un débito ontológico pero no un débito moral, que sería una privación de un bien de una persona por otras personas: mal moral (ejemplo robarle).

Realidad: De débitos morales tenemos muchísimos ejemplos, pues simplemente la usura es uno de ellos, lo que hacen en muchas tiendas que aumentan los precios y luego engañando a los compradores les dicen que hacen descuentos si compran al contado (que sería el precio real), y si no pueden comprar al contado, les dicen que se los venden al precio establecido sin cobro de intereses (cuando ya los cobraron por adelantado).

Así en la filosofía práctica o moral, los juicios de valor tienen que ver con la línea de los actos humanos. ¿Qué es el mal moral? Es la ausencia de un bien moral que debiera estar ahí en los actos humanos.
La ley moral implica obligación moral y ésta no define al bien moral, lo supone: estoy obligado a hacer el bien.
Así pues los valores morales son un sector particular, propio de la conducta humana, en el dominio general de los valores necesariamente reconocido por la razón especulativa. Los juicios de valor ético ya son ampliamente conocidos en el conocimiento especulativo, la metafísica, la filosofía de la naturaleza, las ciencias de la naturaleza.

¿Ahora como son conocidos los valores éticos?:

Tenemos que el conocimiento natural, pre filosófico de los valores morales es un conocimiento por inclinación. Hay un conocimiento moral, el del hombre común, el de la experiencia ordinaria, que precede al conocimiento filosófico. Las gentes no aguardaron a la filosofía para tener una moral. De aquí en segundo grado ya la filosofía moral (previo el conocimiento pre filosófico) por medio de conceptos y de juicios, supone un conocimiento racional evolucionado.

Realidad: Desde mucho antes que los griegos empezaran con la filosofía (siglo VII antes de Cristo), pueblos antiguos de la Mesopotamia en el año 1622 antes de Cristo crearon el Código de Hammurabi, escrito en babilonio antiguo y fijando las reglas de la vida cotidiana de la gente.
Y se ve actualmente en pequeñas comunidades con escasa cultura, pero con valores morales establecidos, como son: respeto a los mayores, cumplir con la palabra dada, etcétera.
Kant no tomó en cuenta lo anterior y dijo que el filósofo recibió una especie de revelación de la razón pura. Estaba equivocado, el asunto era más sencillo. El filósofo descubre la ley en la experiencia moral de la humanidad; la desprende de ahí, no la hace; no es un legislador. No anuncia la ley, sino que reflexiona sobre ella y la explica.

Hay dos clases de inclinaciones que podemos llamar instintos. Por una parte instintos enraizados en la naturaleza animal del hombre, en la herencia de cada uno. Instintos que no están absolutamente predeterminados, que se fijan progresivamente en el curso de la infancia y que pueden pervertirse, pero que están sin embargo profundamente enraizados en la naturaleza biológica del hombre, de la cual reciben una fijeza y una estabilidad poderosas, aunque no absolutas.
La segunda inclinación, son inclinaciones que emanan de la razón, o de la naturaleza racional del hombre, son las inclinaciones propiamente humanas, por ejemplo el instinto de procreación y luego atender a los pequeños y hacerse cargo de la familia. Esta clase de inclinaciones la naturaleza se ha encargado de fijar a través de generaciones en generaciones de humanos en el transcurso de su existencia histórica, y son inclinaciones nacidas de la razón o enraizadas en ella (por ejemplo la inclinación a no maltratar a quien consideramos un ser humano). Es importante considerar que estos instintos son estables en cuanto la vida de la razón prevalece, pero no tienen ninguna estabilidad en la esfera propiamente animal o biológica.
Estas inclinaciones humanas parten de un principio formulado por el filósofo Maritain: “Aquello que está al diapasón de la razón acorde con la razón, place al animal racional; aquello que está en desacuerdo con la razón le desagrada”.
En el hombre existen pues: por un lado los instintos animales preexistentes, instinto de matar por ejemplo, y por otro lado las inclinaciones propiamente humanas, enraizadas en la razón, que se van destacando progresivamente como esenciales a su naturaleza, por ejemplo la inclinación a no maltratar a quien considera un ser humano. Un ejemplo sencillo: la inclinación animal preexistente sería la inclinación a la vida gregaria, y la inclinación típicamente humana (enraizada en la razón) que es transmutación de aquella sería la inclinación a la vida propiamente social y a la justicia.

Realidad: En la injusta guerra de Irak en la actualidad se ve diariamente, el instinto de matar por ambos bandos (naturaleza animal del hombre), justificado aparentemente por la razón como un mal necesario. Que se combate al mal, cuando la realidad es que se trata de privar al pueblo de Irak de su petróleo y todas las gentes de razón estamos en desacuerdo porque nos desagradan las injusticias que se cometen.

Los juicios de valor, los juicios éticos tales como los encontramos actuantes en la conciencia común de la humanidad, no son fundamentalmente y por regla general juicios por modo de conocimiento, son primeramente y ante todo juicios por modo de inclinación. Nuestra conciencia primero juzga de una manera pre-conceptual y después ya con razonamientos y conexiones de conceptos, de demostraciones y de coerciones lógicas. Es así como procede el conocimiento natural de los valores éticos. El dinamismo de las inclinaciones se enriquecerá progresivamente: se verán surgir nuevas tendencias típicamente morales, que dependen de nociones de valores explícitamente formuladas y que se expresaran a través del elogio o el reproche, la aprobación, la indignación, etc. Este proceso ira creciendo, pues tanto las inclinaciones como los juicios de razón trabajan, actuando los unos sobre los otros, para enriquecer el conocimiento natural de los valores morales.

Realidad: Esto se ve en la educación de los niños, desde pequeños reciben el ejemplo de los padres, con un conocimiento natural de lo que es bueno o no. Siendo más importante el ejemplo de una vida moral de ellos, y es la base fundamental, que se reafirma después con la escuela y la sociedad. Siguiendo a Sócrates podemos decir que el bien se aprende, aunque desgraciadamente el mal que es una carencia, también se aprende.

Hemos visto pues dos tendencias: la naturaleza animal del hombre (las tendencias hereditarias, los factores determinados por la naturaleza) que tienen mucha fuerza. Y la otra, las inclinaciones y las tendencias nacidas de la razón que son frágiles. Tanto una como otra pueden ser pervertidas. No es el conocimiento natural de los valores morales el que es capaz de una discriminación efectiva, entre lo bueno y su ausencia, porque este conocimiento no procede por vía científica, sino por modo de inclinación (centrada en el juego pre consciente de la razón como forma del psiquismo humano), corresponde pues a la filosofía y a las disciplinas de saber moral el juzgar en último análisis, de manera de discriminar los valores auténticos y los valores apócrifos.

Realidad: La inclinación hacia el bien debería ser el sustrato fundamental de la educación en todas las escuelas, incluyendo las de educación superior. Sin embargo desgraciadamente hay una tendencia de muchas escuelas superiores de solo ser técnicas, enseñar como hacer cosas para ganar dinero (se ve en los países llamados del primer mundo), por lo que se convierten en depredadores de países menos desarrollados, y pagan esto con muchos problemas de sus propios habitantes, ya que les enseñan solo el valor del dinero como medio para una vida consumista y hedonista, y tenemos la drogadicción, comer desaforadamente con la obesidad como pandemia, el alcoholismo, el suicidio, el índice alarmante de divorcios con sus consecuencias, la pérdida de valores morales en la familia y en la sociedad en general.

Con esto podemos decir que no hay intuición moral (como un sexto sentido) ni sentimiento moral (como revelación de la naturaleza) como pretenden moralistas ingleses, ni reducir los valores morales a sentimientos subjetivos debidos a la impronta social como lo afirma la escuela positivista o sociologista.
En realidad el conocimiento natural de los valores éticos, aunque no sea racional en su modo, es racional en su raíz; es un conocimiento por inclinación, pero las inclinaciones de que aquí se trata son las de la naturaleza como injertada de razón. En cuanto al conocimiento filosófico de los valores éticos, es racional en su modo mismo, en su manera de proceder y de desarrollarse; es demostrativo y científico.
Hay que comprender entre el bien metafísico y el bien moral. De una manera simple diremos que el primero pertenece al orden universal, donde esta en primer lugar Dios y después todo lo creado por Él, es todo el universo de la creación, a su bien común y a su primer principio. Y el bien moral pertenece al orden particular, que es en el hombre, con sus acciones buenas o malas. Un orden particular significa un conjunto, una red de conexiones y de relaciones unificadas con relación a un ser o a un bien particular. En los ordenes particulares (por ejemplo el estético y el moral), hay dos categorías, primero el orden particular autónomo e irreductible, cuyo jefe es Dios (como causa primera en un orden particular) con un plan divino. Y la segunda categoría el orden instrumental y reductible, realizado por los hombres y que a veces obstaculizan el plan divino instalado por Dios. Si tomamos como ejemplo el orden estético, donde tienen que ver fundamentalmente los sentidos y la razón, encontramos que para espíritus puros (Dios) la belleza es trascendental, superando la distinción entre lo bello y lo feo, absorbiendo lo bello en una especie superior de belleza. Estaría más allá de lo bello y lo feo. Esto es posible en el orden estético, pero no así en el orden moral, como quisieron establecerlo dos filósofos: Spinoza y Nietzsche en: mas allá del bien y del mal. Error crucial. Hay una cierta fealdad moral, no estética, que no desaparece cuando desaparecen los sentidos, porque el mal moral se dice tal no por relación a los sentidos, sino por relación a una regla que es el intelecto y la razón, y en último análisis la misma eterna razón creadora. De suerte que un más allá de lo bello y lo feo existe, pero no existe un más allá del bien y del mal.

Realidad: Si los juicios de valor que hemos visto, se toman con su justa jerarquía, primero el orden autónomo con Dios y siguiendo la ley moral con el orden instrumental que realiza el hombre pero sin obstaculizar al primero como se ve en muchos casos, incluso en religiosos como son los musulmanes, cuyos líderes proclaman la guerra santa, cuando Dios no tiene nada que ver.
Una educación partiendo de una inclinación natural hacia el bien, debe ser global, incluyendo una adecuada educación religiosa, pues como bien dice el Dr. Basave: "Dios es la causa fundamental y fundante".

Crítica: No cabe duda que trabajar con los pensamientos de Jacques Maritain es muy agradable e instructivo, su pensamiento tiene una vertiente antropológica, que es muy práctica pues se centra en la realidad del hombre que se proyecta en la ética, parte de la filosofía de Santo Tomas, haciéndola más clara y accesible, razón por lo que va más allá de la filosofía tomista. A mi juicio hace una filosofía del sentido común. Y cuando nos habla de juicios de valor nos expone el tema de una manera sencilla y sobre todo que se puede aplicar en cualquier tiempo y circunstancia.

Fuente:

Jacques MARITAIN. Las nociones preliminares de la filosofía moral. Editorial Club de Lectores, Buenos Aires, 1966.


Texto agregado el 31-05-2009, y leído por 2374 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
12-12-2012 Cuando se habla de filosofía es importante la sencillez como en este excelente ensayo. No hay comentarios (creo yo) por el miedo que da escribir una argumentación inteligente. Terryloki
 
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