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Tras seguir la búsqueda de la historia que serviría de modelo para mi clase, revolví una y otra vez las páginas de mis diarios y de mis viejas libretas de apuntes, pero nada, todas las historias que ahí aparecían me eran totalmente ajenas a lo que estaba buscando… Y utilizar una historia real como la que me había contado mi cuate, ¡nunca!, ya que al final, terminaría por encontrar un nuevo enemigo… Pero, ¿qué hacer? Caminando por Reforma, ya harto de la situación, me senté a beber el tan acostumbrado frapuccino de mango, quizá esto, removeria mis ideas y me permitiría “crear”.

Miré ansioso de un lado a otro de la avenida como si se me hubiera perdido algo, y de pronto… ¡Plaff!, mi objetivo estaba a la vista, así que saqué mi acostumbrada libreta y comencé a realizar bosquejos, eran tan rápidos los destellos de la historia, que solo bosquejé lo mas importante, esta vez la historia sería real pero su realismo seria capaz de entenderlo cualquier persona. Una vez terminado, me levanté presuroso y me fui a casa para escribir en mi trabada computadora y el resultado fue…

La princesa trotamundos.

Cuenta la leyenda que a diferencia de otras princesas, esta era una de las cuales uno podría burlarse sin tener consecuencia alguna, se creía tan fea, que ni los mismos moscos se atrevían a picarla con tal de no verse atrapados por su fealdad imaginaria. Dicen, que su creencia inicio, cuando su padre, el rey al tenerla en sus brazos por primera vez exclamó: -¡Eres tan bella, que la misma belleza te hace ser la persona más horrible del planeta! Y carcajeándose, la devolvió al regazo de su madre, este comentario hizo que sobre el rey cayera la maldición de cristal, inutilizando para siempre parte de su pierna derecha. Entre creerse fea o no, la princesa creció, se educó y se dio cuenta que el mundo en el que vivía, era tan pequeño que la asfixiaba, así, que quitándose su atuendo de realeza, decidió salir a descubrir el mundo. Durante años, fue feliz, pues todo era tan diferente a lo que ella hubiera podido imaginar. Un día al caminar por un país diferente al suyo, la princesa, por curiosidad y equivocación, plasmó en un lienzo la imagen del soberano de ese sitio y como en todo lugar que se aprecie de serlo, los aldeanos comenzaron a comentar esa gran osadía, al llegar a los oídos del soberano, este molesto, mando a encerrar a la princesa trotamundos en lo más recóndito de una mazmorra. ¿Por qué?, se preguntaba una y mil veces la princesa y la respuesta era fácil de conocer… Por haber captado la verdadera esencia del soberano.

Mucho tiempo pasó la princesa trotamundos encerrada en esa pocilga, añoraba las suaves caricias del sol, los tiernos arrullos del viento, se lamentaba el ser diferente y a la vez lloraba por no ser como los demás. Una noche, cuando la luna contaba cuentos de hadas para dormir a los duendes, un extraño crujir traspasó la puerta de la mazmorra, asustada, la princesa se puso de pie. La puerta comenzó a abrirse, la tenue luz de la luna iluminaba y señalaba que el visitante no era otro más que un extraordinario personaje…

Al ingresar a la mazmorra, la princesa pudo darse cuenta que se trataba de un caballero, quizá vendría a salvarla, quizá había dado muerte a los carceleros, pero al mirarlo con detenimiento… ¡Oh, sorpresa!, las características del caballero le eran familiares… La tristeza invadió su corazón, pues se había dado cuenta, que el caballero, padecía del mismo hechizo que su padre y que por tanto era un caballero de cristal, tan frágil, que con un solo rasguño, cualquier bestia salvaje podría aniquilarlo, ¿pero que hacer ahora?, ¿rechazarlo?, si él se había tomado la molestia de haber llegado hasta ahí por ella. Largas horas lloró la princesa sin dar oportunidad a que el caballero expusiera su caso, hasta que de pronto, el frágil caballero tomó la palabra y explico la situación; contó como se había enterado de la desgracia que aquejaba a la princesa, de que él había vencido todo los obstáculos que se habían atravesado en su camino para ir hasta su lado a rescatarla. La princesa habia recapacitado y decidida a no perder más tiempo, aceptó la ayuda del valiente caballero…

Entre peleas, el caballero logró sacar de ese país a la princesa trotamundos, ella agradecida, prometió desposarse con él a su llegada a palacio… Todo iba bien. (Ya sé, ya sé a lo mejor el escribir en un cuento de hadas para hacer pensar a un alumno no sea tan lógico y más cuando ellos están acostumbrados a que el bien siempre triunfe y a que todos sean felices, pero…)

¡Todo iba bien!, ya existían planes de boda, ya felicidad era palpable, pero sobretodo no se veía nada que pudiera interponer… Hasta, que sin saber de donde apareció, el soberano acompañado de su ejército, salió a su paso, y obligo al caballero y a la princesa a descender del caballo en el que iban, ¿cómo oponerse?, Ella, sabía que era lo mejor, así que alentó al caballero a obedecerlo. Una vez abajo y después de tantos insultos, el soberano buscó el momento adecuado para aplicar su castigo.

Cruentamente, hirió hasta destrozarle la pierna izquierda, bañándolo en temor, pero el caballero de cristal seguía aferrado a defender a su princesa. Al ver esto, el soberano, se sintió satisfecho y los dejó libres… Entre llanto y dolor el caballero, pidió a la princesa olvidar las promesas y juramentos.

¿Qué hacer? Se repetía una y otra vez la princesa, pues ya había pasado por esta situación antes, tenia en mente que las cosas son cíclicas y se repiten hasta que se aprenden, pero ya estaba cansada del dolor y más teniéndolo cerca Así que…

Se que para mis alumnos, el final será el que ellos elijan, pero ¿Cuál sería tu final?, ¿En verdad aprenderías algo con una historia para la clase?

Texto agregado el 24-07-2009, y leído por 68 visitantes. (1 voto)


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