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¿QUÉ SERÁ DE NUESTRO MUNDO?

Cuando era chico soñé que a una nube me subía,
y al observar hacia el cielo vi a Dios que me sonreía,
y me decía hijo mío, en ella puedes viajar,
a repetir por el mundo alegría, amor y paz.

Dile a todo aquel que encuentres, que se debe ser cordial,
sólo hay que olvidar envidias, rencores y todo mal.
No pensar jamás en guerras, que es inhumano matar.
Qué hermoso es lo que se siente, cuando el hombre empieza a amar.

Que la sonrisa de un niño, no se puede comparar,
con todo el oro del mundo, la sonrisa vale más.
¡Ve! Me dijo, y enseguida, la nube empezó a volar,
yo contento en ella iba, alegría a regalar.

Qué iluso que fui al pensarlo, jamás creí encontrar,
en mi viaje por el mundo, tanta ambición y maldad.
El hombre explotaba al hombre, cual si fuera un animal,
el “amor” era comprado por aquel que daba más.

Honestidad y decencia, respeto y sabiduría,
patrimonio de muy pocos seguramente sería.
Alrededor del dinero como moscas en la miel,
andaban los usureros usurpando hasta la piel.

En los rostros se notaba cansancio, falta de fe,
ni esperanza ni alegría, nada de eso pude ver.
Niños con hambre, y llamando a sus madres con dolor,
todos sucios y en harapos, sin un poquito de amor.




Ya era noche y sin embargo, el cielo se iluminó,
era una estrella brillante, que un camino me marcó.
Y al final de ese camino, en un pesebre encontré
a un Niñito chiquitito , que en el mismo instante amé.

Sus bracitos extendidos, en pura señal de amor,
y su miradita dulce, calmaban todo dolor.
Y comprendí sin palabras ese mensaje de paz
de esperanza y fe en la vida, de energía celestial.

Es esa fuerza suprema que sobre el mal triunfará,
y derribará al demonio por toda la eternidad.
Y vi a los hombres del mundo, de rodillas ante Dios,
a los ricos y oprimidos, rezándole al Redentor.

Y las manos se extendían y apretaban entre sí,
unidos sinceramente, qué hermoso lo que sentí.
Niños contentos jugaban, sin sombras, pena o dolor,
y sus padres trabajaban, para ellos con amor.

Por todos lados campanas repicaban sin cesar,
y mil canciones hablaban de paz y prosperidad.
Muchas velas y promesas, para esta Navidad,
que en poco tiempo seguro, olvidadas quedarán.

Es que somos egoístas, incapaces de lograr,
una vida sin envidias, llena de amor y de paz.
Tarde nos daremos cuenta, tarde, sólo a tiempo de llorar,
qué tontos Señor que somos, no haberte aprendido a amar

Texto agregado el 26-07-2009, y leído por 202 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
26-07-2009 NO murovsanado
26-07-2009 que barbaridad... sr. Me pongo de pie y me quito el sombrero frente a ud.. FELICIDADES MAESTRO DE LA POESIA.. SALUDOS DESD MEXICO!! elprofesantedelapalabra
 
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