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Inicio / Cuenteros Locales / 3dgar / La fábrica de GreenVille

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Todo comenzó una mañana en la que me encontraba haciendo las compras en el supermercado de mi ciudad.
Pasé mucho tiempo recorriendo cada límpido y blanco pasillo, en donde estaban colocados en los estantes, todos los productos ordenados perfectamente, por tamaño y tipo.
Me vi rodeado de todos los vistosos colores que presentaban los productos, todos tratando de ganarse a los consumidores, dedicándose más a la publicidad que a la calidad.
Así seguí hasta llegar a la carnicería. Tuve que formar una larga fila para esperar mi turno. Al llegar junto al carnicero, hice mi pedido; luego mientras él cortaba la carne, miré las diferentes clases de carnes que se exhibían en una vitrina transparente y refrigerada; hasta que vi algo que me llamó la atención, en una esquina del congelador se encontraba un paquete de salchichas. Me acerqué lo suficiente para ver que decía su envase: “Salchichas Creepy’s, una experiencia del otro Mundo”. Maravillado por tal descripción decidí comprar las salchichas. Le pedí también al carnicero que me diera las salchichas y que las agregara a mi cuenta.

-¿Cree usted que estas salchichas son de buena calidad?—pregunté al carnicero—

-Creo que si, por que se venden como pan caliente, pero a pesar de eso seguimos recibiendo quejas de que poseen un mal sabor.

-¿Un mal sabor? ¿Cómo a que…?

-No lo sé, pero resolvimos investigar y creemos que solo era por que habían caducado

-¡Ah! Entonces no hay problema, por que ya revisé el envase y está en perfectas condiciones.

-Pues si usted lo dice…

Después de pagar por los productos que había traído, subí a mi auto y me dirigí de nuevo a mi hogar.
Me dispuse a preparar las salchichas para la hora de la cena. Al terminar de cocinarlas encendí el televisor y comí lo que había preparado.
Tres horas después de haber cenado, alrededor de las 22:30hs. me encontraba viendo una aburrida serie de detectives que resuelven casos estúpidos ; hasta que la televisión empezó a encenderse y apagarse sola. Pensé que estaba descompuesta, por lo que decidí revisar que era lo que sucedía. Le di unos cuantos golpecitos en la parte trasera y luego pareció que volvía a funcionar normalmente. Pero al cabo de unos minutos empezó de nuevo con este acto monótono. La cosa ya empezaba a darme rabia, por lo que tironeé del cable del televisor para desconectarlo.
La casa quedó en un largo silencio; luego de apagar el televisor, también hice lo mismo con las luces de la casa, y cuando me estaba preparando para ir a la cama, de nuevo el televisor se encendió como lo había hecho anteriormente.
Esto me pareció muy extraño y por pura curiosidad me acerqué de nuevo al televisor lo suficiente para ver que le sucedía.
La pantalla se había quedado blanca; esperé unos minutos para ver si no volvía a su estado habitual, pero no pasaba nada. Al menos eso pensé; pero estaba equivocado por que de repente unas siluetas negras con forma humana parecían moverse en la pantalla, correteando de un lado a otro. Me acerqué aun más para poder ver con más claridad las figuras que aparecían; hasta que escuché unas extrañas voces detrás de mí, traté de entender que era lo que decían; era un sonido fantasmagórico:

-¡Deja de asesinarnos…!—dijo alguien con la voz de un niño pequeño—

-¿¡Quién está ahí!?—pregunté asustado—

-Nosotros…

-¿Quiénes? ¡Muéstrense!

-¡Mira enfrente!

Tenía miedo de voltearme, pero no pude evitarlo, y entonces los vi; eran5 niños que debían de tener de 5 a 9 años cada uno; sus ropas estaban hechas jirones, sus cabellos desmarañados y a cada uno le faltaba alguna parte de su cuerpo o uno de sus miembros.

-¿¡Qué clase de abominaciones son ustedes!?

-Eso no es importante…aquí la cuestión es... ¿Quién eres tú?
—Dijeron al unísono—

-¿Yo? Soy una persona normal, común y corriente como muchas otras.

-¿Eso crees tú? Pero antes de decirlo deberías mirarte en un espejo.

Con una sensación de terrible angustia, entré raudamente al baño para verme en el espejo de medio cuerpo que estaba junto al lavabo y…

-¡¡¡Ah!!! ¿¡Qué me está pasando!?

Al mirar había visto que mi cara empezaba a oscurecerse tornándose de un color grisáceo; en algunas partes la piel se caía a pedazos, mis cabellos de un color negro oscuro, se volvían blancos como la nieve; la piel de mi cuerpo también comenzaba a necrosarse.

-Eso era de lo que te estábamos hablando— respondieron a mis gritos los niños—

-¿¡Pero por que a mi!?—Dije con la expresión de mi cara desencajada por el horror—

-Todos…cada uno de ellos…los que han consumido de la carne prohibida…cayeron en la maldición que pesa sobre ella…—Dijeron en un tono muy triste—

-¿Pero, por qué me lo dicen ustedes?

-Ese es nuestro deber…advertirles de su destino y de cómo pueden escapar de él…

-¿¡Cómo!?—Grité como loco, con un poco de esperanza en mi corazón—

-Debes ir al lugar en dónde son fabricadas estas salchichas

-¿Dónde se encuentra?

-Se encuentra a 45 KM de aquí, en un pueblo llamado Greenville.

-¡Ahora mismo iré!—dije con entusiasmo—

-Pero debes apurarte, por que si amanece antes de que cumplas con lo que te pedimos…será demasiado tarde y la maldición quedará consumada.

Estas últimas palabras me sobrecogieron de sobremanera; pero extrañamente los niños habían desaparecido.

-Bueno, poco importa—me dije a mi mismo—
Entonces tomé las llaves de mi auto y empecé mi viaje.
El camino estaba oscuro y tuve que encender las luces del auto para atravesar la carretera ya que me llevaría aproximadamente 30 minutos para llegar a Greenville.
Luego de un largo rato, mis párpados se estaban cansando por la falta de descanso, me sentía muy adormilado; hasta que…

-¡No te duermas!

-¿¡Quién dijo eso!?—pregunté asustado—

Al terminar de hablar, por casualidad había mirado en el retrovisor y entonces vi de nuevo la figura cadavérica de los niños sentados en el asiento trasero.
Me sobresalté por el susto y frené bruscamente; sino hubiera sido por el árbol que se encontraba a un costado de la carretera hubiera volcado, pero el dichoso árbol detuvo el peso completo de mi automóvil; solo que ahora estaba desecho a causa del impacto.
Salí del auto ileso, por que el airbag había amortiguado los golpes.
Entonces decidí continuar mi camino a pie, ya que no me quedaba otra alternativa. Casi a ciegas iba por mi sendero, solo con la fantasmal compañía silenciosa de los niños.
Y luego de un largo trayecto llegamos justo frente de lo que yo suponía que era la fábrica.

-¿Es esa?—Pregunté a mis hasta ahora mudos acompañantes—

-Si…—dijeron al unísono, como siempre lo hacían—

Entonces decidí entrar a investigar que era lo que había en su interior.

-Debes quemarla…para terminar con la condena de los niños de Greenville…—dijeron de nuevo los niños—

-¿Pero que hacen en esta fábrica?—dije un poco confuso—

-Aquí fabrican las salchichas Creepy’s…pero la razón de nuestra pena es que… el ingrediente principal es…

-¿¡Qué!? Díganmelo—les dije—

-¡¡¡Es la carne de los niños secuestrados en esta ciudad!!!—gritaron esto y luego lloraron amargamente—

-¡Entonces, está decidido entraré ahí e incendiaré la fábrica por completo para acabar con esta locura!

Entré por encima del gran portón de hierro que estaba cerrado con un gran candado y pasé a través de una de las puertas que servían como salida de emergencia, ya que se supone que nunca deben estar cerradas, y así era; se abrió sin ningún problema.
La fábrica era por dentro más tétrica y macabra que por fuera.
Dentro en un rincón, se podían ver las ropas de lo que yo suponía que en otra vida eran niños.

-¡Qué tristeza!—pensé para mis adentros—

Luego miré con detalle cada parte de la fábrica, vi como estaban colocadas las máquinas de procesamiento; en el primer puesto de trabajo se encontraban los utensilios de carnicero con los que, yo suponía, era en donde hacían pedazos a los pobres niños; luego estaba el lugar de limpiado y drenaje de la sangre; después una especie de pasarela mecánica que conducía la carne a un molino de carne industrial; era gigantesco debería de tener unos 30 metros de diámetro y otros 10 metros de alto.
Miré a los niños que me habían seguido en completo silencio hasta aquí; y vi en sus ojos un profundo sentimiento de dolor.

-¡Está decidido, quemaré esta fábrica infernal para que nunca vuelvan a cometer estos macabros asesinatos!—dije secándome una lágrimas que habían brotado involuntariamente de mis ojos—

Pero cuando estaba a punto de incendiar la fábrica, el guardia de seguridad nocturno me había visto y venía hacia mí con intención de atraparme.
Corrí hacia la salida más cercana, pero para mi desgracia, otro guardia apareció sorpresivamente y me atrapó; cuando el otro llego, me esposó y me puso en la celda de la fábrica.

-Estarás aquí hasta el amanecer—dijo con un tono burlesco—

-¡No! ¡No puede ser, tengo que salir de aquí! ¡¡Por el amor de Dios, déjenme salir de aquí!!
Mientras me calmaba empecé a buscar la forma de escapar; luego súbitamente, miré por la ventana que tenía la celda; el cielo empezaba a clarear, las primeras luces del alba estaban apareciendo.
Y entonces mi carne cada vez más se desgarraba, mi brazo se había caído como si fuera esa terrible enfermedad llamada lepra y que ahora estaba en su estado más catastrófico; mis piernas estaban transformándose en una masa putrefacta que no era sólida ni líquida. Mi quijada también se había caído; para entonces ya no sentía dolor por que todo mi cuerpo ya no tenía vida y cuando estaba al borde de la línea, entre la vida y la muerte; aparecieron de nuevo los niños.

-¡¡¡No pudiste…por qué!!! ¡Ahora venimos a llevar tu desdichada alma, para condenarte junto con nosotros a la oscuridad eterna!

Miré a los niños: un aura oscura los rodeaba, ahora sus expresiones infantiles habían desaparecido; en sus ojos pude ver las llamas del mismísimo averno
Cuando se dispusieron todos a llevarme, con mi último aliento grité:

-¡¡¡No!!!

-Señor…señor, despierte—dijo alguien zarandeándome

Abrí los ojos y cuando empezaba a ver bien claro, descubrí que era el carnicero.
-¿Qué me pasó?—dije aturdido—

-Se quedó dormido en este sofá—dijo el carnicero—

Y efectivamente me encontraba recostado en un sofá que estaba en venta.

-Después de hacer su pedido, usted fue a ver las ofertas en la parte de mueblería del supermercado.

-¡Que extraño! Entonces todo fue solo una pesadilla…

Miré bajo las cosas que tenía en la bolsa y vi de nuevo las salchichas…

-¡Me desharé ahora mismo de ellas!—dije, dirigiéndome al carnicero—

-No hay problema señor, como usted diga.

Entonces me dirigí hacia el cajero, pagué por las cosas que llevaba y salí del supermercado.
Llegué a casa verdaderamente cansado, a pesar de haber dormido un largo tiempo en el supermercado.
Ya solo quería dormir, entonces apague todas las luces de la casa y me lancé a mi cama; pero antes de dormir había escuchado unas sonoras risitas que provenían de la cocina…

Texto agregado el 08-10-2009, y leído por 75 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
13-10-2009 1* Vrumo
09-10-2009 Por favor, alguien que le diga la idiota de COOO que la votación es en números naturales partiendo, no del cero, pero sí desde el uno y se culmina en cinco. (No hay espacio para números fraccionarios, COOO... regresa al preescolar) -Murov
09-10-2009 1* -Murov
08-10-2009 cooo 3.5*. cooo
 
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