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Inicio / Cuenteros Locales / petzenko / Dos ángeles y una morcilla.

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A principios de los años ochenta curse mis primeros años de estudios secundarios en un colegio industrial de Avellaneda, el Ángel Gallardo. A diferencia de colegios tradicionales como el Carlos Pellegrini o el Nacional Buenos Aires, establecimientos forjadores de personajes ilustres de la historia argentina, los personajes destacados del Gallardo fueron el flaco Vivaldo, ex arquero de varios clubes de fútbol de primera y segunda división y actual director técnico de Temperley o el negro Ricky, líder fallecido de la ultima y legitima banda de Punk Rock de la escena nacional, Flema. Se me ocurre omitir los personajes tristemente celebres, para ellos mejor recurrir a los archivos policiales. El Gallardo se caracterizaba por su rigidez casi militar, acorde con los tiempos que corrían. El doble turno, la ausencia de mujeres y la rigidez de las autoridades convertían al lugar en algo parecido a una cárcel. El no de pudor ante la falta de damiselas, hacía que las bromas mas comunes oscilaran entre pesadas a repugnantes. Por ejemplo un pedo estruendoso en la mitad de una clase se festejaba mas que el gol de Maradona a los ingleses. Los escupitajos era la moneda de cambio y los eructos música de fondo. Siempre sospeche que la falta de niñas hacía que a parte de la falta de pudor, la testosterona se canalizara a los golpes y el respeto fuera proporcional a cuan fuertes se dieran los mismos. Yo era uno de esos casos de desarrollo prematuro, o sea que era un tipo grandote en comparación con el resto. Inclusive mas alto que el flaco Vivaldo al que la ultima vez que nos cruzamos, nos estrechamos en un abrazo y mi cabeza le llegaba al pecho. Por lo visto el siguió creciendo, yo no. Mi gran contextura física para la edad sumado a mis juntas dentro y fuera de la escuela me dieron fama de tipo bravo, (nada mas lejano), la cual yo sostenía con bases muy endebles como ser juntándome con otros bravucones, contando hazañas exageradas o propinando algún coscorrón a algún incauto alumno que no represente mayor riesgo de enfrentamiento. Un día, como era de esperar, me tope en el patio a la hora del recreo, con una suerte de enano endemoniado conocido como el Negro Morcilla, conocido por todos menos por mi debo admitir. Me atropello delante de mi publico y eso era suficiente para citarse en la plaza de enfrente al colegio en duelo a las trompadas.
-¿¡Que haces infeliz!?- quise apurarlo verbalmente como era mi estilo casi siempre efectivo, con el que generalmente recibía una disculpa temerosa. Esta vez no.
-¿¡Queeeeeee!?- respondió Morcilla caliente como una pipa parándose cara a cara con el cuello inclinado hacia arriba por su escasa estatura.
-¡Mejor andate antes de que te llene a trompazos! Quise amedrentarlo.
-¡Jajajaja! ¡Eso vamos a verlo a la salida, te espero en la plaza! Y siguió como si nada correteando por el patio riendo sin mostrar el mas mínimo nerviosismo.
-¿Sabes quien es ese? Me pregunto un compañero. Es Morcilla, si no te caga a trompadas es capaz de usar piedras, palos o botellas para defenderse y sino a sus hermanos. Este pequeño engendro diabólico, tenía fama de asesino. Proveniente de la Isla Maciel donde vivía junto con sus hermanos mayores que funcionaban como un clan, o sea que si no te fajaba él, lo hacían sus hermanos.
La voz no se hizo esperar y se corrió por todo el colegio. La pelea fue mas promocionada que Mick Tyson vs Lenox Lewis. Los condimentos para la promoción de la contienda eran sabrosísimos. Por un lado yo, el grandote del cual se contaban grandes hazañas alimentadas por mí mismo. Por el otro el pequeño demonio salvaje nacido en territorios hostiles donde se aprende a pelear antes que caminar. Hasta hubo sátrapas que organizaban apuestas a mano de uno y otro.
Ese día sufrí cual condenado que cuenta los minutos antes de su ejecución, pero no debía demostrarlo. Si claudicaba ya nada sería lo mismo. Perdería mi reputación y cualquier pelandrun me faltaría el respeto. Faltando apenas media hora para la salida, se me apareció un ángel enviado del cielo. Era el gordo Willy, un gigantón bueno que jamás preciso de golpes para que todos lo respetaran y quisieran, incluso el insensible demonio Morcilla.
-Yo lo conozco, es buen muchacho- me dijo. Para Willy todos éramos buenos muchachos. -Si queres los junto para que hablen y se dejen de embromar, no van a andar peleando. ¡Ya son muchachos grandes che!
-Dale, le dije sin demostrar el verdadero entusiasmo que me desbordaba. Y así fue nomás, nadie era capaz de contradecir al gran Willy y su bondad, por lo tanto Morcilla se acerco sin oponerse a la sabiduría del gigantón.
-Vamos, dense las manos- Morcilla adelanto su diestra y yo le correspondí con cara de hacerlo por Willy. Luego gire y les comente a mis compañeros en voz no muy elevada: -Este enano se salvo de la paliza de su vida.
Yo preserve mi respeto, y con el tiempo y la madurez entendí que la formula para ser respetado era como lo hacía Willy. No creo haber llegado a su nivel pero al menos lo intento día a día por dos razones fundamentales, una porque la formula de Willy era tratar de ser buen tipo y la otra porque uno nunca sabe cuando se puede cruzar con algún Negro Morcilla.

Nota de autor: Algunos nombres, (realmente solo el de el Negro Morcilla), han sido cambiados solo para salvaguarda mi integridad física, no vaya a ser que el Negro lo lea y reavive su instinto asesino.

Dedicado a dos Ángeles: Gallardo y Willy.

Texto agregado el 10-10-2009, y leído por 245 visitantes. (16 votos)


Lectores Opinan
20-02-2010 Ay me dolio leer este texto... no por lo escrito, es que vi el comentario del lobito...!!!! me parece mentira que no esta más entre nosotros. mis 5* se las dedico al lobo... y para vos amigos mis besitos NILDA yo_nilda
19-12-2009 buenisimo, yo tambien he utilizado esa tactica toda mi vida, pero mas bien por mi estatura chiquita... walas
20-11-2009 Que sentido del humor¡¡ jaja, gracias a un amigo en común vine a conocer tus textos, muy bien relatados, yo conozco toda esa zona, pero me hiciste acordar a un cordobes que conozco, son unos genios, jajajaj, muy bueno***** silvimar
05-11-2009 Muy bueno!, me recomendaron y vine a leerte. Un consejo: Los negros morcilla son rivales que no conviene enfrentar. :) harryhaller
31-10-2009 Oye disculpa, tengo un amigo que le dicen el negro, quieres que le platique este relato? ja ja lobomexiquense
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