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Inicio / Cuenteros Locales / Heraclitus / Una fábula optimista.

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¡Hola amigos! Me permito presentarme y decirles que soy un perro guardián, no me pregunten de que raza, ya que yo no me fijo en detalles nimios, lo que si es cierto es que de joven, los zorros y otras sabandijas que querían desayunar pollos y gallinas me tenían un miedo cerval, incluso me llamaban Draco the killer, ahora por tantas primaveras acumuladas y la falta de dientes me dicen simplemente Dracolín.
Como recuerdo de mis pasadas glorias los animales aún me guardan un poco de respeto y miedo (cuando menos mi optimismo me hace creer lo anterior). Me la paso dando buenos consejos, que la verdad nadie escucha, porque ya no puedo dar malos ejemplos y que yo desearía con toda mi alma perruna poder realizar.
El Señor Creador de todas las cosas -que desde luego no tiene una figura humana, sino que: Él es sólo pensamiento-, se equivocó al crear a ese ser insignificante que es el hombre. ¡Claro!, por lo edad me he vuelto un poco filósofo sin dejar de reconocer a dos humanos que hacen la excepción a la regla: “de que todos los que andan en dos patas son zonzos”. Me refiero a Esopo que escribió fabulas cuyo éxito se debió a que trataba de animales, lo mismo con George Orwell cuyo libro: Rebelión en la granja acabo de leer.
No cabe duda que el buen George lo mismo que Esopo me plagiaron el relato que les voy a contar. ¿Cuál plagio? Se preguntaran ustedes, si ambos escritores hace muchos años que se han convertido en fantasmas. La respuesta es simple, Albert Einstein, otro humano que hizo excepción a la regla -y ya no hay más-, dijo que el tiempo es relativo, así que con facilidad se invirtieron los años del calendario, por lo tanto George y Esopo se fusilaron lo que voy en seguida a referir, que no es invento, sino que es verídica y reciente historia.

Cuquis, una fina y hermosa gallina, líder de las demás gallinas desde que corrió al inútil y holgazán gallo que las explotaba; se encontró unos granos de trigo y dijo a sus vecinos:
— Si sembramos este trigo, tendremos pan para comer, ¿alguien me quiere ayudar a sembrarlo?
— ¡Achis! ¿Qué te pasa, estás loca? —preguntó la vaca.
— ¡Yo no!, tengo otras cosas que hacer — dijo el guajolote.
— ¡No es mi jale! —replicó el cerdo.
— ¡De guaje! —contestó la oveja.
Yo, en mi calidad de perro guardián desde luego no iba a sembrar, ya que me correspondía velar por el orden y la paz entre los animales. La Cuquis al ver que otras especies de animales no cooperaban, convenció a las gallinas para que la ayudaran y sembraran el trigo. Éste creció grande y lozano, cuando llegó la hora de cosecharlo volvió Cuquis a pedir ayuda y estas fueron las respuestas:
— ¡No!, ya tengo muchos años de servicio —contestó la vaca.
— Yo ya tengo mi salario mínimo asegurado — aseveró el guajolote.
— Sólo si me das algo de compensación —pidió el cerdo.
— No voy a perder mis derechos de tanto tiempo —dijo la oveja.
Ni las gallinas ni yo entendimos cuales eran los derechos de la oveja. A las gallinas de Cuquis no les quedó más remedio que cosechar el trigo sin ayuda de los otros animales, yo como siempre pendiente de que todo fuera según las reglas de la buena convivencia. El trigo estaba ya al punto de ser horneado para convertirlo en sabroso pan. Creo que las gallinas no tienen muy desarrollado el intelecto, ya que a pesar de los desaires anteriores, Cuquis volvió a pedir de nuevo ayuda a los animales para hornear el trigo y convertirlo en pan. Les cuento el resultado:
— Si me pagas horas extras te ayudo —dijo la vaca.
— Yo me puedo enfermar por el calor ya que soy fino y delicado —comentó el guajolote.
— Es un trabajo que no es de mi categoría — aseveró la oveja.
— Yo estoy muy ocupado en mis cochinadas —afirmó el cerdo.
Si algo tienen las gallinas es que son muy hacendosas, por lo que hornearon el pan. Al terminar de hornear, en cestas pusieron los panes que desprendían un olor delicioso, lo que ocasionó que todos los animales acudieran, pero, cuando le pidieron a Cuquis que les diera a probar la concupiscencia culinaria que estaba antes sus ojos, ella simplemente dijo:
— ¡No! Este pan sólo lo disfrutaremos las gallinas.
¡Qué díscola se vio Cuquis!, ni a mí el perro guardián me quiso dar una probada del codiciado pan. Por lógica, los demás animales protestaron:
— ¡Lucro excesivo, capitalistas! —Gritó la vaca.
— ¡Sanguijuelas burguesas! —Las insultó el guajolote.
— Exigimos igualdad de derechos — reclamó la oveja.
— La paz, el pan y la educación es para todos. ¡El pueblo tiene derechos! —Gruño el cerdo.
Aquí mi historia se vuelve interesante, hubo nutridas manifestaciones, lideradas por un jabalí (que de los cerdos es el más corriente), que se hacía llamar el líder legítimo, cuyo nombre era MALO y su partido político se llamaba Partido rebatinga democrática (PRD).
Se pintaron carteles y llevaron pancartas, de las cuales les voy a mencionar lo que decían: “FASCISTAS”, “ROBAN EL PAN AL PUEBLO”, “INJUSTICIA”, “QUIERO MIS DERECHOS”. Había otras que por mi sentido del decoro no las menciono. Sobre todo gritaban toda clase de improperios y obscenidades, acusaron a las gallinas de que con la excusa de la iniciativa privada, robaban al pobre y sufrido pueblo. Las gallinas en su defensa decían que nadie quiso ayudarlas a pesar de que solicitaron su cooperación.
El escándalo fue mayúsculo, al grado tal que obligó al presidente de los animales: el león, que desde luego era de sangre azul y curiosamente su partido político llevaba el nombre de Partido abusivo nacional (PAN), a salir de su guarida para poner orden.
Al llegar el león, yo, como perro guardián me escondí, no crean que por miedo sino que fue por prudencia. Lo primero que hizo el rey de la selva fue mencionar la constitución política de los animales donde viene bien especificada la ley del jefe, que les recuerdo sólo los tres primeros artículos que son los pertinentes para nuestra historia:
Artículo 1. El jefe tiene la razón.
Articulo 2. El jefe SIEMPRE tiene la razón
Artículo 3. En caso de cualquier duda entran en vigor el artículo 1 y 2…
El león después de dejar en claro su autoridad y en virtud de que no había almorzado se zampó a la oveja. No fue un abuso, sino un derecho que tienen los gobernantes.
Cuando el león (el jefe), estudió con calma el problema, felicitó a las gallinas por ser fieles representantes de la iniciativa privada, pero, les recordaba que el suelo donde sembraron el trigo era propiedad comunal y tenían la obligación de pagar el IVA, el impuesto al lujo, a la tenencia y demás…
En un acto de solidaridad, el jefe repartió los panes entre el líder, que representaba a los pobres -a ellos no les tocó nada, pero se pusieron contentos ya que su líder probó la exquisitez alimenticia en su nombre-, y desde luego la autoridad se quedó con la mayor parte del producto del trabajo de las gallinas.
¡Todos estaban contentos!, cuando repartieron los panes, incluso Cuquis tuvo que sonreír y dar las gracias a los representantes del pueblo.

Los vecinos y yo nos pasamos todo el tiempo, sin comprender el porqué, fue que las gallinas no volvieron a sembrar trigo.





Texto agregado el 26-10-2009, y leído por 525 visitantes. (0 votos)


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