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Pepe Valencia, uno de los inmigrantes que se destacaba por ser muy gentil y educado, ingresó esa mañana al almacén de Juan Amaro. Como era hombre atareado, no se había enterado de lo que estaba sucediendo. Y al saludar a Juan, éste lo miró con ojos de pocos amigos.
-¿Qué pasa compadrito? ¿Se siente usted mal?
Juan no contestó y lo continuó mirando con desconfianza.
-¿Está usted enojado conmigo? ¿Le debo algún saldito?
-¿No se ha enterado que desde este momento usted y yo somos enemigos?-respondió furibundo, Juan.
-¡Yaaaa! ¿Y eso porque, mi amiguito? Dígame si le debo algo y lo arreglamos de inmediato.
-¿Qué no sabe su imbécil que su país nos ha declarado la guerra? ¿Qué estamos siendo bombardeados por sus misiles apestosos?
Recién entonces comprendió Valencia lo que estaba sucediendo. No se había percatado que la cortina del negocio estaba a medio cerrar y que las calles se veían deshabitadas.
-¡Por la puta madre!-exclamó Valencia, arrepentido de inmediato de este espontáneo exabrupto. -¡Cuánto lo siento hermanito! ¡Yo no estoy en guerra contra usted!
-¡Mejor se larga, so hipocritón! Aquí no tengo nada para venderle. ¡Y se me va de inmediato, sino quiere que lo saque a patadas!

La aviación atacó a su vez las ciudades aledañas de sus vecinos, provocando la mortandad de muchos civiles. Se había logrado neutralizar el avance enemigo en ambas fronteras y aún se intentó que la diplomacia ejerciera su derecho y se impusiera la cordura. La ONU emitió un mensaje difuso sobre lo que estaba sucediendo, puesto que el ataque de los invasores había sido planificado acuciosamente, impidiendo que la información fluyera con presteza. Pero, los internautas lograron comunicar al mundo sobre lo que estaba sucediendo, basados en los informes emitidos por el Gobierno, porque, a decir verdad, nada se sabía que no fuera por ese medio. Pero, muy pronto, ni de eso se dispuso, ya que las señales fueron bloqueadas y entonces sí que el país quedó sitiado y a merced de la desinformación.

Los inmigrantes acudieron en masa a su embajada, p ero no faltó el loco que ciego de odio, ordenó aniquilar a esas huestes pacíficas y la sangre extranjera manchó las avenidas de la gran capital. Un poco más tarde, y enterado el comandante en jefe de tal desatino, ordenó la destitución inmediata de ese coronel, siendo fusilado en el acto. No por nada, el país ya se encontraba en guerra, como lo había declarado hacía unas horas el Presidente de la República.

(Concluirá)









Texto agregado el 28-10-2009, y leído por 159 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
03-11-2009 tremendo,sangre inocente deramada.Pero asi somos de irracionales los humanos,sigo********* shosha
 
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