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Inicio / Cuenteros Locales / semantex / Elegido esta semana PERROS,PERROS ,PERROS, DE theivisibleman

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Últimamente nada me genera mayor asombro que ir por la calle y notar la presencia de un perro que desde la vereda me mira directo a los ojos, siguiendo atentamente mis pasos, como si me reconociera y tratara de recordar de dónde.


No sé por qué los perritos burgueses que gozan del amor y del cuidado de sus dueños se vuelven tan turros y despreciables cuando un perro galgo, hambriento y sin hogar, ronda con paso cansino los supuestos dominios de esa burguesía canina. Los perritos domésticos se vuelven odiosos y les ladran con furia, aprovechándose de esa timidez y temor perpetuo que embarga a los galgos callejeros.
Amo a esos perros galgos que la luchan a diario para subsistir. Son una raza que destila bondad. Hasta tienen la delicadeza de no molestar a nadie cuando la muerte los acecha con alguna enfermedad. A la manera de los osos, los galgos se alejan de la ciudad y van a morir a las afueras, sin alarde alguno de agonía extrema.


Rosario Central le gana dos a cero a Estudiantes de La Plata. A los 44 minutos del primer tiempo un perrito negro entra al campo de juego. Corretea de aquí para allá entre los jugadores de ambos equipos moviendo su cola alegre como un péndulo descalibrado imposible de detener. Sonriendo con la bocaza abierta (porque es obvio que sonríe, no me vengan con otra explicación), el perro se acuesta sobre el césped, se estira largo y tendido con las patas para arriba, se despereza, saca la lengua rosa y palpitante. Luego se incorpora y encara a un mediocampista de Central. Le hace fiesta saltándole encima, parándose en dos patas. Un auxiliar del club ingresa a la cancha y retira al perro llevándoselo en andas. La tribuna ovaciona al perrito.
Si esa no es la mascota del equipo, la mascota ¿dónde está?


Pregunta idiota: Un perro argentino, ¿ladra igual que un perro brasilero? El idioma de la gente que convive con ellos, ¿afecta el modo de ladrar de los perros?


Perros perdidos + ganas de llorar = ganas de llevármelos a todos a casa – en casa no hay lugar = ganas de llorar otra vez.


Como en las célebres pinturas de Cassius Marcellus Coolidge, perros jugando al póker, fumando habanos, bebiendo whisky, rodeados de perras hermosísimas. ¡Ese es el paraíso de los perros!


El perro que escucha la voz de su dueño muerto que sale del gramófono. O el dueño que mira la cucha del perro muerto y grita al cielo, maldiciendo a Dios.


Acto reflejo:
Ver a un perro y aunque me ladre desaforado, responderle en silencio con una plegaria: “San Roque, protege a este perro”


¿Los perros terminan pareciéndose a sus dueños? Pues entonces prefiero no tener perro, evitarle el sabor amargo De mi existencia.


Epitafio de Lord Byron para su perro Botswain:
“Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad,
la fuerza sin la insolencia,
el valor sin la ferocidad
y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios.”
Amén.


De la imposibilidad de un perro sin pata trasera derecha para rascarse su oreja derecha. ¿Uno de los posibles infiernos para un perro?


Cuando mi abuelo murió, su adorado perro Peky quedó solo en casa. Uno de los hijos de mi abuelo (uno de mis tíos), cometió un acto que aún hoy me genera espanto e indignación. Se llevó al perro a las afueras de la ciudad y lo abandonó en el medio de un camino de tierra, ahuyentándolo cada vez que el perro lo seguía.
¿Qué lo llevó a cometer semejante perversión? ¿Qué carajo pasó en su cabeza para llevar a cabo una maldad de ese calibre? Es algo que aún no consigo dilucidar. Lo que sí sé es que ese tío dejó de existir para mí.


¿Por qué amo a los perros e ignoro a los gatos? Porque cuando uno llega a casa el perro se pone feliz de vernos, se abalanza sobre nosotros con cariño y sincera alegría. El gato no. El gato se refriega entre tus piernas y te hace creer que está contento de verte. Pero en realidad sólo lo hace porque tiene picazón en el cuerpo y necesita rascarse contra algo.


Cuando veo a un perro sobrealimentado, que apenas puede moverse, con los ojos saltones de tanta comida ingerida a cualquier hora del día, sé muy bien que su dueño/a está loco/a.


A los perros les encanta dormir al sol (Léase la novela fantástica “Dormir al sol”, de Bioy Casares).
Verlos “cabecear” con los ojos entornados, en una suerte de duermevela que se resiste a caer en el sueño profundo, es quizás lo más gracioso que puede verse en ellos (Incluso más gracioso que pedirles la patita y que te la den)


Un perro que se enamora de una pierna humana y se abraza a ella poseído por el deseo es una clara demostración de que el amor es ciego, también para los perros


La perrita en celo, alzada, desatada, seguida por una caravana de perros que la cortejan. Cualquier parecido con la especie humana es pura NO coincidencia.


En su diario personal, Virginia Woolf anota, en 1935, al poco de morir su perrita Pinka: “Hay algo de nuestra vida privada que ha muerto con ella”. Y pensando en una futura novela que tiene como protagonista principal a un perro, escribe: “El animal como narrador tiene en la literatura una tradición netamente moral: su punto de vista ligeramente extraño al mundo humano le permite juzgar las conductas con ecuanimidad.”


Leo la sinopsis de un texto de James Herbert, exitoso escritor de novelas de terror. Herbert narró en “Aullidos” la vida de un perro que descubre que en su pasado fue un hombre. La aparición progresiva de sus recuerdos determina una última revelación: alguien lo mató. El perro sale entonces a buscar la verdad y la venganza (a pesar de que se encuentra muy feliz en su estado de perro)
Dan ganas de leer ese texto.


La perra Laika era una perra callejera de Moscú, que pesaba aproximadamente 6 Kg. y tenía 3 años de edad cuando fue capturada por el programa espacial soviético. Laika viajó al espacio, pero murió bastante antes de lo pensado (entre cinco y siete horas después del lanzamiento). Se conjetura que murió debido al sobrecalentamiento de la nave que la transportaba. También se dice que un desperfecto técnico del sistema generador de oxígeno pudo haber sido la causa de su asfixia. Algunos conjeturan que la nula tolerancia a las condiciones de microgravedad reinante en la órbita terrestre fue la verdadera razón de la muerte.
Yo creo que Laika murió de tristeza, consumida por la nostalgia y el recuerdo de las calles de Moscú.


Cuando Ulises volvió de sus viajes vestido con los harapos de mendigo que Atenea le había puesto, sólo su viejo y leal perro Argos lo reconoció.
Argos, que ya estaba moribundo, hizo un último esfuerzo y le meneó la cola, muriendo al instante.
Salvando las distancias, algo similar me ocurre todos los días.
Mis vecinos tienen un perro al que descuidan criminalmente. Es un perro feo, lleno de pulgas, que vive con hambre. Cuando llego de mi trabajo siempre me espera en la puerta, agitando su cola sarnosa y moviéndose de manera desesperada porque sabe que siempre que puedo, le tiro algo para que coma (un hueso, un pan duro, unos fideos que me sobraron del día anterior) Cuando me espera así, contento de ver mi llegada, me siento una especie de Ulises. Un Ulises de pacotilla, de cartón corrugado, tercermundista y mundano, pero Ulises al fin.



Texto agregado el 23-11-2009, y leído por 387 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
16-09-2016 que vida de perros satini
14-08-2010 Gracias, se lo leí lentamente a mi perro Tino (viejo y cascarrabias) y el me ordenó que te diera las gracias (luego de reflexionar con agrado y gruñidos de placer en varios parrafos). Ladridos nocturnos desde la Patagonia. CalideJacobacci
18-12-2009 Ha hecho falta que eligieran un texto mío para conocer semantex y sus autores. Maldita sea la vanidad, pero se la puede mitigar si en su cruz puedes deleitarte con textos como este. Un abrazo y enhorabuena. justine
03-12-2009 Adoro los perros, los animales en general. Creo que aprender a respetarlos es muy importante para nuestra propia evolución, a veces los menospreciamos viéndolos como simples mascotas. Se podrían contar millones de historia sobre los perros, que siempre han estado tan unidos al ser humano. Pero disiento en algo y es acerca de los gatos. Siempre había tenido perros hasta hace cuatro años que recogí una gatita. Ahora tengo dos y es sorprendente su mundo y la forma de relacionarse con las personas. Y no es cierto eso de que no sepan dar cariño y agradecimiento, no menos que los perros, quizá de otra forma. Saludos! Selkis
01-12-2009 Leyendo tu trabajo uno se identifica en las relaciones personales y ajenas con estos fieles compañeros; pero también sacudes nuestras conciencias con muchas de las cuestiones que planteas aquí. Si bien me sorprenden las actitudes nobles de estos animales, quizá, mucho más me sorprende la profundidad de sus miradas. ¿Te has dado cuenta el amor que uno puede sentir dejando que nuestros ojos miren de modo frontal y sin juicios a los ojos de estas criaturas? 5* Susana compromiso
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