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Inicio / Cuenteros Locales / semantex / Comienza el 2010 el texto \"Taller literario\" de linotipia

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El entusiasmo que despierta invariablemente cada propuesta, se condice poco con la llegada al cuaderno o en su defecto al computador. Las historias que lo asaltan son las mismas: historias caníbales, violencia, violación, depresión, locura, suicidio, zapatos gigantes que aplastan niños y manos elefantiásicas que manosean niñas. Un poco porque se parecen, un poco porque no tienen que ver con él.

Mira la página en blanco y viene a su mente en blanco la palabra inspiración, que en esto caso es sólo una palabra. Es capaz de construir un título, de ponerlo en negrita y subrayado. Cuando lo lee le parece una promesa interesante. Pero como si ya contuviera la historia, se convierte en un impedimento para empezar. Intenta una primera línea, la borra. Intenta escritura surrealista, pero se angustia. Las palabras se vienen antes que el lápiz o que el teclado y siente como si un orgasmo paralelo aplastara sus pequeñas convulsiones de insignificante ser humano.

Trata con la narración cinematográfica. Frase corta. Punto. Frase corta. Acciones. “El hombre camina hacia la cocina. Extrae una taza de una vitrina trizada. Pone en ella una bolsa seca de té usado”. Pero se aburre. Se pierde en la enumeración, en las cosas, en el paisaje. Pero sobre todo, vuelve a los mismos temas y termina haciendo del protagonista un viejo pederasta que no sabe que está muerto, hasta que su hijo atraviesa su inmaterial figura

No le gusta. Piensa que es literatura-terapia. El ahogo de decir, de contar, de exponerse, de fabricar un circo con sus dolores estíticos. Tiene miedo de la auto-delación. Tiene miedo también, de quedarse con todas esas historias dentro, revolviendo su estómago en una eterna sensación de náusea, de cáncer apostado en los huesos. Piensa en su amigo trasandino que le recomienda el humor. El humor con que se ha ganado un par de premios, con los que aumenta la posibilidad de entrar al limbo de las estrellas del rock literario. Lo intenta. Un par de frases graciosas, historia mal rematada, comienzo que no parece. Lo corrige, lo reescribe. Lo único que puede mover a risa es el festín de comas con que adorna inverosímiles estructuras.

Recurre a su arsenal viejo. Viejos cuentos, historias viejas, escritura torpe, obvia, sin las prevenciones necesarias con la biografía. Relatos eróticos de punteo pornográfico, crónicas de miseria, de población, de síndromes grotescos que se afirman en un lenguaje grosero, libidinoso, depravado. Le asaltan los preceptos morales que pese a los grandes esfuerzos, persisten en su conciencia de niño de primera comunión, a quien no termina de convencer el argumento de la perversión nata de nuestra especie. Imagina las preguntas que podrían hacerle, imagina cómo responderlas con naturalidad, sin ponerse a chillar, o desmayarse, o a tenderse en el sofá a esperar que lo psicoanalicen.

De todas formas están mal escritos y eso lo salva de cualquier otro argumento que le exija leerlos al modesto auditorio de las misas de sábado. Vuelve al pie y lo intenta. Llega a la línea veinte que a doble espacio y fuente Arial llena casi una página, aliviado de salvarlo de ser un microcuento. De los tres relatos que alcanza a ensayar, el primero no sirve. Lo guarda por si alguna vez, aunque el ejercicio de la corrección no es su fuerte. El segundo, que suele ser el seleccionado, le deja cierta impresión de conformidad en el estómago, similar a la de haber comido sin quedar a punto del vómito. El tercero, queda a medio escribir. Aquí es donde suele estar el mejor argumento, que de tan bueno renuncia a terminarlo. Todos quedan en la carpeta vertical de "Mis documentos", a la espera de ser extraídos en caso de que coincidan con las ganas de corregir.

Oficiosamente imprime las siete copias. Toma una y relee, pese al miedo de encontrar los motes que el brillo tecnológico oculta. Los encuentra y le viene una especie de mal presagio. Piensa en corregir encima, entregarlo con la nomenclatura de corrector de texto. Piensa que hará los cambios mientras lee o antes de empezar. No hace ni lo uno ni lo otro y entrega las hojas sin marcas de lápiz rojo y lee con tono de que no le importa y hasta se equivoca en un par de cosas más, irreverenciando los defectos que le carcomen la autoestima. Nunca sabe qué esperar, pues piensa sus relatos como una muestra indiscutible de un don inexistente, tanto como un acontecimiento que le ha permitido dar con el lugar, con el estilo, con la palabra propia. Escucha los comentarios, toma nota, interesado, concentrado, abierto.

Pero también se siente avergonzado, deprimido, prometiéndose que este es el último que escribe, que ya no quiere ser escritor, que retomará su vidita de mierda donde el diccionario sólo define las palabras “permiso”, “perdón” y “gracias”. O prometiéndose que buscará la manera de entrar al circuito, de ser leído, visto, publicado, mostrado en la vitrina de la diferencia, de los que torcieron el destino de torcidos para validar su insoportable torcedura mediante bellas construcciones verbales medianamente torcidas, que una vez editadas ya no lo van a estar tanto.

Recibe su texto comentado, de manos del comensal primero. Hace como que lo lee. Lo mete en carpeta y se dice a sí mismo que esta vez sí corregirá. Como niño aplicado, anota su nueva tarea.

Se mete en el computador o en su defecto en el cuaderno. Y las historias que lo asaltan, vuelven a ser las mismas.

Texto agregado el 14-01-2010, y leído por 398 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
23-01-2010 Me gustó leerlo y en algunos aspectos me identifiqué con el protagonista. Saludos!! tigrilla
17-01-2010 Volví a leerlo y me gustó más que antes. Es muuuy bueno. theinvisibleman
15-01-2010 Comienza un nuevo año y por lo expuesto va a ser muy fecundo, en creatividad y sueños. ¡¡¡Gracias por invitarme!!! almalen2005
15-01-2010 Acaso seriamos parte de una terapia colectiva mas que de una experiencia literaria,tambien encuentro en estas paginas, historias clinicas,cronicas judiciales o anuncios de periodico buscando pareja,notas de suicidio,y los monologos de la lujuria. redes de ciegos traicionando la magia de los encuentros,navegando en la miseria hasta que la miseria se hace Dios. caliche
15-01-2010 Ahhh, mira que suave manolín, está re suave el texto, mi querido chilaquil! marxtuein
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